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Los
Medios Mexicanos y Los Nuevos Retos
Por
Manuel Alejandro Guerrero
La elección
presidencial del 2 de julio fue un momento histórico en la
vida política mexicana. Muchas cosas dejaron de ser como eran,
mucho cambió. Los medios de comunicación jugaron entonces
un doble papel: fueron los transmisores de ese cambio mediante
la información y las imágenes que presentaron
a lo largo de la jornada y fueron también objeto de
ese mismo cambio que transmitían. Ambas cosas a un
solo tiempo.
El modelo
de relaciones tradicionales entre los medios y el régimen
político --que ya venía desgastándose,
primero desde la prensa escrita, luego desde una radio más
competida, y más reticentemente desde una televisión
con menores presiones-terminó de perder sentido en
medio de las instantáneas rupturas que tuvieron lugar
en un solo día, como resultado de muchas acumulaciones
anteriores. Los medios terminaron de fracturar y destruir
los viejos patrones de su conducta y ahora enfrentan el reto
de consolidarse como actores fundamentales de nuestra vida
democrática, vigilando e informando.
Durante los últimos 20
años, los medios de comunicación en México,
por diversas razones y en distintos ritmos, han ido transformándose
en medios más abiertos, críticos e independientes.
La prensa escrita abrió el largo camino hacia la autonomía
luego de la costosa experiencia para el gobierno, en términos
de su legitimidad, de haber destruido a Excélsior en
1976. Los rrores y las diversas áreas de conflicto
que el Presidente Luis Echeverría dejó abiertas
(con empresarios, con el sindicalismo oficial y, luego de
la devaluación, con las clases medias) magnificaron
una acción contra aquél periódico que
probablemente veinte años antes no hubiera sido más
que otra triste pero intrascendente anécdota de los
límites de la libertad de prensa en México.
Sin embargo, ya para mediados de los setenta, el sistema político
mostraba ya un desgaste acumulado que no podía esconderse
más. Esta erosión de la legitimidad se pudo
apreciar en una mayor dimensión al final del sexenio
de López Portillo. Si Echeverría tuvo éxito
en su lucha contra Excélsior, López Portillo
ya no pudo utilizar con la misma efectividad los mecanismos
de control contra Proceso y otras publicaciones independientes
como Unomásuno. Es a partir de ahí cuando, poco
a poco y con avances cualitativamente significativos, aunque
cuantitativamente pequeños, que la prensa mexicana
inicia de manera consistente ya su avance hacia la independencia.
Van apareciendo nuevos periódicos como La Jornada,
El Financiero, Reforma, Milenio, por mencionar algunos, además
de varias publicaciones semanales, quincenales y mensuales,
que han ido consolidando a la prensa escrita como un espacio
crítico, abierto y crecientemente independiente.
Por su parte, la televisión
y la radio tuvieron un avance mucho más gradual y lento.
Como se puede recordar, todavía en 1988, para estos
medios electrónicos los partidos y movimientos de oposición
electoral al PRI prácticamente no existieron. Según
el IFE, la cobertura que estos medios otorgaron a éste
último partido fue 83.1 por ciento del tiempo, mientras
que para el PAN sólo fue 3.1 por ciento y para el Frente
Democrático Nacional apenas alcanzó 1.6 por
ciento. A pesar de ello, la oposición logró
la mitad de los votos. Para 1994 las elecciones fueron relativamente
libres, hubo una verdadera competencia, pero fueron marcadamente
desiguales. Una de las razones de ello se halla en la parcialidad
de los medios electrónicos a favor del que fuera el
partido oficial. Aun cuando se reportaban noticias sobre la
oposición, estos medios dedicaron 41 por ciento de
su cobertura al PRI, 17.8 al PAN y 18.7 por ciento al PRD.
Sin embargo, en los noventa la radio dio un giro importante
hacia la apertura, o al menos, hacia la búsqueda de
formatos más atractivos y, necesariamente, más
críticos. Esto es en parte resultado del incremento
en el número de concesiones y la mayor competencia
entre radiodifusoras y estaciones de radio en un contexto
en el que la publicidad se movió hacia la televisión.
Y en parte también, resultado de una arena política
crecientemente plural y competida en donde las elites han
aceptado que la vía primordial -aunque no la única,
desde luego-para resolver sus conflictos de intereses y de
poder son las urnas.
Las
elecciones del 2000 y las viejas inercias En octubre de 1999,
el presidente de la Cámara Nacional de la Industria
de Radio y Televisión (CIRT), Joaquín Vargas,
se comprometió ante los presidentes de los partidos
políticos a proveer información oportuna, objetiva
y plural sobre las contiendas políticas y las ofertas
políticas de cada partido. Esta actitud, reconocía
el presidente de la CIRT, no sólo era una demanda de
la sociedad, sino también un componente indispensable
para lograr la imparcialidad en los procesos electorales.
A pesar de ello y de que, en términos generales, los
canales de televisión y los programas de radio nacionales
mostraron la información relativa a las campañas
y los candidatos de forma relativamente imparcial, objetiva
y veraz, los medios electrónicos en algunos estados
y regiones no pudieron escaparse de las viejas inercias, las
presiones de grupos locales y las complicidades que dieron
como resultado una transmisión de información
de forma parcial en beneficio del PRI. Esta actitud ya se
notaba en las primeras semanas del inicio de las campañas.
Según el monitoreo del IFE en todo el país hasta
el 22 de febrero, el PRI había recibido 31.9 por ciento
del tiempo, la Alianza por el Cambio 28.2 y la Alianza por
México 25.9 por ciento. Se reconoció, no obstante,
que en las entidades donde gobernaba la oposición ésta
solía tener mayor cobertura.
Asimismo, hay que recordar que el IFE estuvo señalando
que algunas radiodifusoras locales -por ejemplo en Baja California,
en Campeche y Guanajuato-- se negaban a transmitir sus mensajes
promocionales. El asunto tuvo que ver con la supuesta existencia
de una circular de la CIRT mediante la cual la cámara
recomendaba suspender la transmisión de los promocionales
del IFE debido a que se consideraba que dicho organismo no
era parte del poder ejecutivo y, por tanto, no había
obligación para darle parte del tiempo aire que se
otorga al gobierno. Esta posición confunde al Estado
con el gobierno. El IFE es una institución del Estado
y, en última instancia, el tiempo aire se le debe al
Estado, aunque el gobierno en turno sea el que, para todo
efecto práctico, encarne las acciones más visibles
del Estado, como el cobro de impuestos.
Sin embargo, a pesar de estos
desencuentros entre la conductas de algunos medios electrónicos
y el ejercicio abierto, transparente e independiente de su
función informadora, el día 2 de julio estos
resultaron ser decisivos para que el proceso electoral se
condujera sin mayores sobresaltos y concluyera en el triunfo
limpio de una de las fuerzas contendientes. La victoria de
Vicente Fox no fue sólo el triunfo de una oposición
que encabezará el cambio de gobierno. Fue mucho más:
fue un cambio de régimen que permite pensar en el inicio
de la consolidación de un sistema en donde, mediante
los acuerdos, la flexibilidad y la negociación, se
instauren nuevas instituciones y a las que ya existen se les
dote de nuevos valores y principios que permitan un ejercicio
de poder democrático.
Durante la jornada electoral, el papel de los medios electrónicos
fue muy importante, pues tanto las radiodifusoras como las
televisoras estuvieron en constante competencia y, gracias
a ello, mantuvieron una cobertura completa de todo el proceso
electoral. Los principales noticiarios radiofónicos
de Grupo Acir, Monitor, Radiópolis, MVS Radio, Grupo
Imagen y, en menor medida, Grupo Radiocentro, IMER y Núcleo
Radio Mil, hicieron un gran esfuerzo por mantener la atención
de sus audiencias. No obstante, la televisión marcó
la gran diferencia.
Las funciones de vigilancia -ante posibles fraudes e irregularidades-y
de información -cubriendo los distintos distritos electorales
y manteniendo al tanto de los resultados que arrojaban las
encuestas de salida y los resultados preliminares-se cumplieron
de forma prácticamente cabal. La transmisión
de los resultados de las encuestas de salida de Mitofsky y
Covarrubias en Televisa y TV Azteca respectivamente, de los
informes sobre resultados preliminares del IFE y del mensaje
del Presidente Zedillo apuntalaron el inicio de un nuevo momento
político en la vida de México.
A través de los medios electrónicos, pero sobre
todo, a través de la televisión, los ciudadanos
presenciaron el primer gran cambio político en la historia
de México sin mayor violencia ni derramamiento de sangre.
De esta forma, la televisión, que durante años
fue el medio que más lentamente se movió hacia
la crítica y la independencia, se precipitó
de manera súbita hacia la apertura durante la jornada
electoral. Sin menoscabo de los enormes avances democráticos
previos que ha tenido el país, se podría decir
que el 2 de julio la democracia se instauró con la
televisión.
Manuel
Alejandro Guerrro es reportero de Milenio, Ciudad de Mexico.
Octubre
de 2000
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