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¿Quién
corrompe a los periodistas?
Por John Virtue
Cuando
Héctor Silva se hizo cargo de la Alcaldía de San Salvador
en 1997, le sorprendió encontrarse los nombres de 75 periodistas
en la nómina municipal. Silva, el más famoso de los
guerrilleros devenidos en funcionarios electos en El Salvador, ordenó
inmediatamente que cesaran los pagos a los periodistas.
Alex
Penelas
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Pasamos al 2000
en Miami, a veces llamada la capital de América Latina. Aquí
se descubrió que el alcalde del condado Miami-Dade, Alex
Penelas, y 17 otros candidatos a varios puestos electos, incluyendo
un juez, habían hecho pagos a tres comentaristas radiales.
De acuerdo al
Miami Herald, que investigó la historia, la mayor beneficiaria
de estos pagos fue Martha Flores, la conductora de un programa de
opinión en Radio Mambí, que había recibido
más de $63.000 por ayudar en las campañas electorales
de ocho candidatos, a quienes facturaba a través de su agencia
publicitaria MarFlo Advertising, Inc. La tercera parte del dinero
había venido del ex concejal de Miami, Humberto Hernández,
que actualmente cumple una condena de cuatro años de cárcel
por fraude bancario.
Los otros comentaristas
implicados eran Carlos D'Mant de La Poderosa, y Ricky Thomas, de
la emisora en inglés WMBM.
Los
rivales de los candidatos apoyados por el trío sostienen
que los comentaristas los atacaron en sus programas. El reverendo
Richard P. Dunn, que perdió una elección frente a
Humberto Hernández en 1996, le dijo al Herald que Flores
y Hernández lo atacaban regularmente en el programa. "Ella
es una mercenaria política pagada; no una periodista",
dice Dunn. "Me destruyó".
Flores, por
su parte, niega que exista ningún conflicto de interés.
"Yo trato a todo el mundo igual", dijo.
D'Mant se hizo
eco de esa postura, diciendo que no favorece a nadie. "Siempre
he gritado, 'No estoy a la venta, pero me alquilo' ".
Mientras que
Radio Mambí le paga un sueldo a Flores, D'Mant recibe comisiones
del 50 por ciento del importe de los anuncios que logra su programa.
Otros comentaristas de la radio en idioma español también
son compensados en proporción al ingreso publicitario de
sus programas.
Claudia Puig,
la gerente general de Hispanic Broadcasting Corporation, la empresa
dueña de Radio Mambí, dice que le había advertido
a Flores que no mezclara la política con el periodismo. "No
le permitimos que se meta en un conflicto de intereses como éste",
dijo. "Esto no sucederá otra vez".
Su homónima
en La Poderosa y vicepresidenta de la empresa de la que es dueño
su marido, Ana V. Rodríguez, dijo que ellos sólo se
preocupan cuando las actividades ajenas a los programas afectan
el contenido de los mismos.
En
su editorial de la misma semana en que salió el reportaje,
el Miami Herald dijo:
Los periodistas
éticos se cuidan de evitar estos conflictos de interés
o la apariencia de los mismos. Los periodistas éticos no
aceptan favores, mucho menos dinero, de gente sobre quienes reportan.
Y la prensa seria - se trate de periódicos o emisoras - apoya
esas normas, aislando a los periodistas del departamento comercial.
No importa cuánto
el conductor de un programa defienda la imparcialidad, el conflicto
es implícito. Los políticos les pagan buscando acceso
a voces influyentes.
Después
de haber ofrecido talleres de ética en 13 países latinoamericanos,
he llegado a la conclusión que los grandes corruptores de
los periodistas son los políticos. Pero rara vez existe documentación
de estos pagos.
Sin embargo,
el periódico mexicano La Jornada informó en marzo
que había encontrado recibos de pagos a periodistas, hechos
regularmente por el alcalde de Ciudad México, Oscar Espinosa
Villareal, a principios de la década de los noventa, para
asegurarse una prensa favorable.
El
diputado Leónidas Plaza Sommers, de la provincia de Cotopaxí
en Ecuador, pensó que se estaba garantizando una prensa favorable
a largo plazo cuando abonó un millón novecientos mil
sucres ($750) a un corresponsal de El Universo de Guayaquil. El
corresponsal escribió un artículo favorable y luego
siguió con varios desfavorables. Plaza Sommers escribió
a la dirección del periódico quejándose en
1996 e incluyó una fotocopia del cheque que le había
dado al periodista. El periódico despidió al periodista
y publicó un artículo sobre el incidente, ilustrado
con una reproducción del cheque.
La prensa panameña
descubrió en 1994 que unos 30 periodistas estaban en la nómina
de Balbina Herrera, la primera presidenta de la legislatura. En
esa ocasión ella explicó que los periodistas desempeñaban
funciones de "relaciones públicas". Herrera es
en la actualidad presidenta del Partido Revolucionario Democrático,
que apoyaba a Manuel Noriega cuando éste estaba en el poder.
Recientemente
conduje un taller sobre ética en Miami para diez periodistas
haitianos. Uno de ellos dijo que había recibido un cheque
de un político en agradecimiento por un artículo que
había escrito. "Me quedé con el cheque",
dijo. "No creo que haya hecho nada malo". Antes de que
yo pudiera intervenir, sus colegas comenzaron a criticarlo por su
falta de ética.
Los periodistas
haitianos recién abandonaban Miami cuando el Herald reveló
la noticia sobre los pagos a los comentaristas radiales.
¿Y Héctor
Silva? Doctor en medicina y miembro del Frente Democrático
Revolucionario durante los doce años de guerra civil que
terminó en 1992, Silva logró facilmente la reelección
a la alcaldía este año sin ningún periodista
escondido en su nómina. De paso, su hijo Héctor es
periodista.
John
Virtue, de la Universidad Interacional de la Florida, Miami, es
editor de Pulso y subdirector del Centro Internacional de Prensa.
(octubre
del 2000)
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