La
rueda de la fortuna
Por
Pedro Enrique Armendares
Hace poco más de un año J. Jesús Blancornelas, el director y fundador
del semanario mexicano Zeta, participó en un encuentro
de periodismo fronterizo celebrado en Ciudad Juárez y habló, entre
otras cosas, sobre los riesgos que enfrentan los colegas mexicanos
que cubren este complejo campo. Menos de dos semanas después,
el 27 de noviembre de 1997, Blancornelas sufrió un brutal atentado
en el que un puñado de gatilleros acribillaron su auto en las
calles de Tijuana, asesinando a su guardaespaldas y dejando gravemente
herido al periodista.
No fue esa la primera
ocasión en la que Blancornelas se enfrentaba a la violencia criminal.
En 1987 las oficinas de Zeta fueron balaceadas, y en 1988
su socio y cofundador del semanario, Héctor Félix Miranda, fue
asesinado en Tijuana.
De hecho, casi toda
la trayectoria de este periodista mexicano nacido hace 61 años
en San Luis Potosí ha estado marcada por el enfrentamiento con
poderes públicos y privados. Pero en sus cuatro décadas en el
oficio Blancornelas también ha cosechado el reconocimiento de
muchos de sus pares de México y otros países, así como las críticas
de otros, y no pocas controversias.
Después de un inicio
como reportero deportivo en su ciudad natal, Blancornelas se mudó
definitivamente al norte del país para trabajar en diversos diarios.
En 1968, año traumático y crucial para México, fue nombrado director
de La Voz de la Frontera. Seis años después fue separado
del cargo, según todos los indicios debido a sus investigaciones
sobre la corrupción oficial. Lo mismo ocurrió cuando ocupó altos
puestos en El Imparcial, de Hermosillo (1975) y Noticias,
de Tijuana (1976).
Blancornelas participó
entonces en la creación del diario ABC, de Tijuana, el
cual también fue obligado a dejar en 1988 después de un año de
presiones y hostigamientos por parte del gobierno estatal.
En 1980 Blancornelas
fundó Zeta junto con su socio "El Gato" Félix
Miranda, y siguió impulsando las investigaciones periodísticas
sobre la corrupción oficial y sus cómplices, incluyendo el narcotráfico.
Félix Miranda, mientras tanto, con frecuencia dirigía sus agudas
y sarcásticas columnas contra las figuras más ricas e influyentes
de la zona. Uno de sus blancos preferidos era Jorge Hank Rohn,
un joven empresario hijo del poderoso político y exfuncionario
priísta Carlos Hank González.
Tras el asesinato de
Félix Miranda, y ante la pasividad de las autoridades, los periodistas
de Zeta lanzaron su propia investigación y lograron identificar
como asesinos materiales a dos empleados de Hank Rohn. Sin embargo,
la autoría intelectual del crimen nunca fue aclarada y cada semana
una página entera del semanario aparece con fondo negro y un breve
texto que pregunta al empresario por qué sus hombres asesinaron
al columnista.
Blancornelas y sus
compañeros de Zeta también investigaron el homicidio del
candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, ocurrido en Tijuana
en marzo de 1994, y se metieron de lleno a una controversia nacional
cuando concluyeron que el asesino actuó por su cuenta. El propio
Blancornelas reconoce que esa conclusión es rechazada por la enorme
mayoría de los mexicanos, quienes piensan que el crimen fue producto
de una conspiración, pero también afirma que "el 99 por ciento
no tiene pruebas, pero el uno por ciento, nosotros, sí".
En años recientes el
semanario ha dedicado mucho espacio y recursos a la investigación
de las actividades del llamado cartel de Tijuana, que dirigen
los hermanos Arellano; así como los nexos de esos y otros narcotraficantes
con algunas autoridades locales, estatales y federales. Además,
Zeta documentó que las bandas criminales reclutan como
gatilleros a numerosos hijos de familias adineradas de la zona,
a los que llamó narcojúniors. El atentado de noviembre
de 1997 que casi le costó la vida a Blancornelas se produjo después
de una serie de reportajes que identificaron a varios de los asesinos
a sueldo de los Arellano. Uno de esos sujetos, apodado "El
CH", dirigió el atentado y murió en el fuego cruzado cuando
el guardaespaldas de Blancornelas, Luis Lauro Valero Elizalde,
trató de repeler el ataque.
Tres meses después
Blancornelas, convaleciente de cinco impactos de armas de alto
poder, regresó a su trabajo como editor de Zeta. Desde
entonces ha recibido nuevas amenazas de muerte, las cuales se
extienden también a su familia, y vive rodeado por elementos policiacos
y militares encargados de su seguridad. Los expertos militares
transformaron su casa en un bunker para impedir cualquier
ataque, y la redacción de Zeta también es custodiada por
hombres fuertemente armados.
Blancornelas, sin embargo,
aparece tranquilo y afable cuando nos recibe en sus oficinas de
Tijuana para conversar sobre el presente y el futuro de la prensa
mexicana. "He podido hacer muchas cosas en la vida",
señala. "Ahora me tocó esto, y lo acepto: la vigilancia de
aquí a mi casa, de mi casa aquí
".
Eso sí, reconoce que
ahora tiene que "trabajar un poquito más" para realizar
entrevistas, por ejemplo. "Si llamo a un funcionario",
explica, "lo primero que me dice es no, tu teléfono
está intervenido. Muchas entrevistas las hago por cuestionario
enviado por fax, y muchos me hacen el gran favor de venir al periódico
o de ir a mi casa para hacer las entrevistas".
Blancornelas destaca
la solidaridad nacional e internacional a raíz del atentado en
su contra "se hizo mucho ruido", pero, sobre
todo, el apoyo de sus compañeros de Zeta. Alguno de ellos
pudo haberse ido "cuando ésto se puso caliente", señala,
"pero no lo hicieron. Nadie ha salido del grupo, absolutamente
nadie".
P.: ¿Cómo ha cambiado
la libertad de prensa en México en los últimos diez años?
J.B.: Ha mejorado
notablemente. Yo empecé a sentir la apertura a fines del gobierno
de Miguel de la Madrid (1982-1988), cuando quienes después fueron
colaboradores de Carlos Salinas de Gortari empezaron a acercarse
a ciertos compañeros. Su estrategia, su objetivo, era cautivar
al periodista independiente dándole información, no comprándolo.
Eso permitió irse abriendo
más, porque el periodista independiente recibía esa información
pero a la vez daba la suya sobre otros asuntos, y no podía ser
reprimido por ese gobierno que quería tener un canal de credibilidad.
Es decir, (el público) ya no le creía a todos los periódicos,
por lo que el gobierno escogió a determinados periodistas.
Ello estableció un
puente informativo que, para los políticos, lograba la difusión
de su actividad y a nosotros nos permitió abrir mucho más el campo
de la libertad. Eso ha sido irreversible, ya no hay punto de retorno;
lo que hay es más apertura.
P.: ¿Existe una
apertura total?
J.B.: En mi
caso, puedo decir que total. Hemos hecho críticas muy severas
al Presidente de la República, naturalmente sin caer en enjuiciarlo
o atacarlo. Hemos hecho críticas fundamentadas a su gobierno,
y no hemos tenido ninguna reacción o represión. Antes era notable:
te hacían una auditoría, no te permitían importar determinados
materiales, etcétera. Pero ahora es al contrario. Se dan casos
en que la jefatura de prensa de la Presidencia te llama y en algunas
ocasiones te da su punto de vista, o si tú tienes un asunto que
vas a tratar les preguntas para dar las dos versiones.
P.: Si la libertad
de prensa en México ya no está amenazada por los actores tradicionales
como el gobierno, ¿está amenazada por otros?
J.B.: Está amenazada
por los particulares, sobre todo políticos que han quedado al
margen del cambio que se ha dado en este país desde fines del
sexenio de De la Madrid, y, sobre todo, con el gobierno de Carlos
Salinas de Gortari (1988-1994), y el cual se acentúa con (el actual
presidente) Ernesto Zedillo.
Aquellos que han quedado
al margen ya no tienen los periódicos que tenían antes, porque
éstos han fracasado y al no estar en el gobierno ya no los pueden
sostener. Ya tampoco tienen a los columnistas que tenían antes
en la Ciudad de México. Pero como son personas que siempre estuvieron
acostumbradas a ordenar, a hacer o a desprestigiar, cuando son
tocadas sí reaccionan.
P.: ¿De qué manera?
J.B.: Curiosamente
la mayoría reacciona con demandas o denuncias, y eso de acuerdo
al sistema jurídico de este país te envuelve en una serie de cosas
que te quitan mucho tiempo en esa maraña burocrática muy a la
mexicana.
P.: ¿Puedes citar
algunos ejemplos?
J.B.: Nosotros
hemos tenido innumerables casos. Podría citar nombres pero caería
en una inexactitud o en una afirmación que caería en la aventura
también. Estos políticos, por ejemplo, cuando quieren comprar
algo no lo compran a nombre de ellos, lo compran a nombre de otra
persona. También te acusan a nombre de otra persona, o se dan
como terceros ofendidos.
P.: Es claro que
el país ha cambiado mucho desde aquellas controvertidas elecciones
presidenciales de 1988. ¿Qué papel han jugado los medios en estos
cambios?
J.B.: Son dos
movimientos. Al principio los periódicos siguieron actuando como
si los cambios no existieran. Aquí en Baja California, por ejemplo,
en 1988 cuando se eligió al primer gobernador de oposición, el
día de las elecciones toda la prensa seguía diciendo que ganaría
el candidato del PRI (el partido en el poder). Gana el candidato
del PAN, y el lector deja de adquirir esos periódicos porque se
da cuenta de que lo están engañando. Los lectores se canalizaron
hacia los periódicos que dijeron la verdad, y esto dio como resultado
el nacimiento de otros periódicos que vienen a llenar los huecos
de los periódicos tradicionales que se quedaron estacionados en
la época pasada.
Hacia mediados del
gobierno de Salinas, cierta prensa muy contada en el país sí fue
determinante para los cambios, porque algunos periódicos al sentirse
vulnerables abrieron el espacio a los candidatos de la oposición.
P.: Entonces en
un principio la prensa fue rebasada por los cambios
J.B.: Cierta
prensa; el 90 o 95 por ciento de la prensa mexicana se quedó atrás.
Pero ahora se está fortaleciendo esa otra prensa en diversas partes
del país. Por un lado va a ser más determinante, más influyente
y más creíble, y por el otro lado va a ser ejemplo para otras
publicaciones nuevas.
P.: ¿Cuáles son
algunos ejemplos de la prensa que ha contribuido al cambio?
J.B.: En Guadalajara
antes el diario Siglo 21 y ahora Público; en Hermosillo,
El Imparcial; en Yucatán, el Diario de Yucatán;
El Sur, en Guerrero; La Crónica, en Mexicali, y
obviamente, con su influencia y su relevancia, lo que ahora es
ya una nueva cadena formada por El Norte, de Monterrey;
Reforma, de Ciudad de México; Palabra, de Saltillo,
y Mural, de Guadalajara.
P.: Es curioso que
en un país tan centralizado como México menciones tan sólo un
diario de la capital
J.B.: Es que
precisamente los diarios de la Ciudad de México fueron los que
más se polarizaron en esta actividad, que a veces fue de gran
obediencia. En otros tiempos, hace 20 años, por ejemplo, Reforma
no hubiera tenido éxito. ¿Qué pasó? Excélsior, el periódico
que todos admirábamos cuando éramos jóvenes, siguió en el mismo
riel y no cambió de vía.
P.: ¿Qué papel juegan
en este contexto la radio y la televisión?
J.B.: A ellos
les falta un empujoncito, porque están en una situación más difícil
que nosotros. Está visto que si a nosotros nos cierran un periódico
abrimos otro, o si nos despiden de un periódico nos vamos a otro.
El problema de ellos es que si les bajan el switch ya no
pueden transmitir, y no es fácil montar una televisora de un día
para otro. Los avances tecnológicos que se registran en la prensa
sí lo permiten.
Pero a pesar de todo
sí han avanzado, por ejemplo los noticieros (de televisión) en
la Ciudad de México, aunque todavía les falta un poquito a veces,
y lo vemos en la radio también. Pero veo más competencia en la
radio de la ciudad de México que en provincia, al contrario de
lo que sucede con la prensa.
P.: ¿Hay áreas que
el periodista de investigación no pueda tocar?
J.B.: En lo
personal no. Hemos tocado cosas muy delicadas en el terreno político,
empresarial, delictivo, gubernamental.
P.: ¿Ya no hay consecuencias?
J.B.: La consecuencia
inmediata, que percibimos como el capricho de un niño, es que
si un día criticas al procurador o al gobernador, al día siguiente
no te hable el jefe de prensa, o no te mandan un boletín. Cosas
así, pero son pasajeras.
P.: ¿Y en el sector
privado?
J.B.: Tampoco,
se ha abierto mucho, precisamente por su actual confrontación
con el gobierno. Por los problemas que han tenido, han necesitado
a la prensa, recurren más a los medios de comunicación. Antes
los empresarios se arreglaban directamente con el Presidente,
con el gobernador, con los funcionarios. Ahora, y es otro de los
fenómenos del cambio del país, el empresario necesita a la prensa.
El empresario ya no hace el periódico, necesita y busca al periodista
con credibilidad.
P.: ¿Cuál es entonces
el peligro mayor que enfrentan actualmente los periodistas mexicanos?
J.B.: Ya no
estamos en la época en que si criticabas a un político te metías
en un problema, le hablaban al director de tu periódico y te despedía.
El problema actual que aparece en primer lugar, y no lo digo por
referencia personal, es el narcotráfico. En el narcotráfico participan
personas que no muestran las mismas conductas de hace años, cuando
no compraban a los periodistas ni se metían con los periódicos.
Ellos hacían su trabajo, compraban a la policía. Pero ahora es
otra clase de narcotraficante, ya no es el que anda de sombrero,
hebilla de oro y botas. Ahora es un narcotraficante sofisticado,
y en consecuencia más susceptible. Y al ser más susceptibles tienen
más reacción, ese es el peligro principal.
P.: ¿Significa que
al aumentar la influencia de la prensa independiente, ésta se
convierte en un riesgo para ellos?
J.B.: Antes
no les importaba la prensa, como no le importaba al propio gobierno.
Ahora (las investigaciones periodísticas) que se llevan a cabo
en determinados estados de la república sí dificultan la tarea
del narcotráfico y la tarea sucia de la política.
P.: Y hablando de
la tarea sucia de la política, ¿quiénes son los grandes corruptores
de los periodistas mexicanos?
J.B.: En este
momento es difícil saberlo en lo particular. No creo que por ejemplo
los Hank quieran controlar un periódico. Aquí (en Tijuana) tienen
uno y de nada les sirve. Si antes controlaban algún periódico
de la Ciudad de México, ahora cualquier periódico de la Ciudad
de México los critica o los señala como participantes de Fobaproas
(el controvertido y multimillonario rescate bancario propuesto
por el gobierno mexicano) y narcotráfico y todo lo demás. Al disminuir
el número de corruptores va a disminuir el número de publicaciones,
pero las que queden van a ser mejores y más importantes.
P.: ¿Ya no existen
las grandes tentaciones para el periodista joven que empieza a
trabajar, provocadas en parte por los bajos salarios?
J.B.: No, porque
lo que está pasando es que algunos periódicos tienen una ética,
y sus integrantes saben bien que si salen de ahí por fallas personales
de corrupción su actitud será conocida en muchas partes y quizás
no vuelven a tener trabajo. Y hay más jóvenes egresados de las
universidades que quieren entrar precisamente a esos periódicos,
a esas televisoras o a esas radios. Eso va a fortalecer a esos
medios.
(Los grandes corruptores
de periodistas) en términos personales están desapareciendo, y
no hay grupos que como antes se adueñaban o eran propietarios
a trasmano de algunos periódicos. Ya no les da resultado. Antes
era muy fácil decir en un periódico que determinado político era
muy malo, pero en realidad otro político le estaba ordenando al
periodista escribir eso. Ahora ya no, la gente ya sabe qué políticos
son buenos, malos o regulares, ya no se engaña la gente. Ya no
tiene resultado esa prensa.
P.: ¿Cómo ha cambiado
la ética periodística?
J.B.: Está mejorando,
gracias (en parte) a las nuevas publicaciones. Si un reportero
llega con nosotros y nos trae alguna nota, la tenemos que confirmar
y tenemos que buscar la contraparte a pesar de que tengamos confianza
absoluta en el reportero. Estamos en un mercado nuevo, que ha
despertado con el cambio del país. No podemos informar falsamente,
porque ahora el pecado es la información infundada que trae como
consecuencia el desprecio de los lectores. Nosotros tenemos una
definición muy clara: es preferible perder la noticia a perder
la credibilidad. Si tenemos una noticia en la mano pero no la
tenemos confirmada, y sabemos que la van a sacar otros mañana,
pues que la saquen. Si nosotros no la tenemos confirmada no la
publicamos.
P.: ¿Esa posición
ética, profesional se extiende también a otros medios? ¿La comparten
los jóvenes?
J.B.: Sí. Los
jóvenes traen una magnífica teoría, y los empíricos como yo tenemos
la obligación de transmitirles la experiencia sin meternos en
su teoría. La mezcla de esos dos ingredientes nos permite un nuevo
producto de mayor calidad: un verdadero periodista.
P.: ¿Qué consejo
darías a los jóvenes periodistas?
J.B.: El primero,
que desde que empiecen a estudiar vean la forma de practicar.
Si su objetivo es prensa, ir a un periódico. Si es radio, si es
televisión, ir a practicar al mismo tiempo que están estudiando.
Porque si estudian y no practican, cuando salgan de la escuela
y lleguen a una redacción va a haber mucha gente que sepa más
que ellos, por la experiencia. O bien (sucederá) que un recién
egresado llegue a una redacción y no sepa por dónde empieza y
por dónde termina. Practicar, practicar, practicar, eso es lo
más importante, y que las universidades se dejen de utilizar teóricos,
absolutamente teóricos. Que combinen las clases con gente que
ha tenido experiencia, aunque no estén diplomados ni sean universitarios,
pero que transmitan sus experiencias en pláticas y talleres.
P.: Y después que
llegaron a la redacción, después de estudiar y practicar, ¿qué
consejo les darías en el momento de lanzarse como periodistas
profesionales?
J.B.: Para empezar
que pisen muy firme. En segundo lugar que se fijen sus objetivos,
qué es lo que quieren ser: periodista investigador, jefe de redacción,
editor... Definir su campo y no andar dando bandazos.
Lo más importante es
que mientras estemos en un periódico nos comuniquemos. La comunicación
debe empezar al interior del periódico, y el trabajo ya no es
el trabajo del Llanero Solitario, principalmente en las investigaciones.
El trabajo debe compartirse en equipos de dos, tres, cuatro, los
que sean necesarios. Y en el trabajo de investigación delicada
es preciso compartirla con otros medios.
P.: Pero, ¿los propietarios
de los medios están dispuestos a financiar equipos de investigación?
J.B.: Muy pocos,
pero el número va a aumentar. Los dueños de los periódicos que
consideramos independientes han mostrado el propósito de seguir
financiando equipos de investigación, porque como propietarios
están viendo un negocio. Están viendo que está dando resultado
y que convierte al periodista en un profesionista respetado, y
al periódico, en un factor de influencia.
En Zeta tenemos
lo que llamamos alguna vez la rueda de la fortuna: tienes que
tener primero que nada buenos periodistas con muy buenos sueldos;
esos periodistas van a generar muy buenas noticias; esas buenas
noticias van a generar muy buena circulación; la buena circulación
va a generar muy buena publicidad; la buena publicidad va a generar
muy buen dinero, y con el buen dinero se puede pagar a buenos
reporteros y sigue la rueda.
P.: ¿Cuántos dueños
mexicanos están dispuestos a comprar boletos para esa rueda de
la fortuna?
J.B.: Yo creo
que el futuro del periodismo debe ser de los periodistas y no
de los empresarios. Es decir, que los propios periodistas, dadas
las condiciones del avance tecnológico, se conviertan en dueños
de sus propios periódicos. Es más fácil comprar -con sacrificios,
en grupo, con créditos o como sea- 10 computadoras para hacer
un pequeño periódico y maquilarlo en otra parte. Ya no es como
antes que tenías que comprar un linotipo por miles y miles de
dólares. El futuro son los periódicos hechos por periodistas.
Pedro Enrique Armendares
es director de Periodistas de Investigación (IRE-México). Fue
reportero de asignaciones especiales del diario La Jornada,
de la Ciudad de México.