En momentos en que
el país se encuentra en una profunda crisis financiera y cambiaria,
y los brasileños ven cada vez más lejos el cumplimiento de las
promesas de campaña de su presidente, los medios de comunicación
parecen ignorar todo esto y prefieren el periodismo de "balcón"
y los "falsos reportajes". Recordar que el periodista
y el periodismo actúan como intermediarios entre los hechos
y los consumidores es un intermediario entre los hechos y los
consumidores (lectores, oyentes, televidentes, etc.) podría
parecer redundante, pero se observa un total desdén hacia esta
tarea única e importantísima. Parece, además, que la mayoría
de las personas que están al frente de las redacciones brasileñas
olvidan que el periodismo debe ser lo que Abraham Moles llamaba
un "vaso comunicante".
La práctica del "periodismo
de balcón" es antigua. Literalmente consiste en vender
espacios editoriales como si fuesen propaganda. El texto y la
edición se trabajan de una manera especial, de manera que el
resultado parezca lo más periodístico posible. En algunas regiones
a este tipo de artículos se les llama de 500 o de 5,000, en
una clara alusión a que lo que cuenta en este tipo de producto
no es el contenido, el texto, sino las cifras que traen los
"balcones de negocios" que los medios mantienen.
Es posible hacer
una analogía con los productos de mercadeo que cada vez son
más comunes en las producciones para televisión. El detalle
es que en el caso de la televisión, este tipo de negocio se
hace con el conocimiento explícito de los profesionales involucrados.
Por ejemplo, el actor que sostiene una lata de cerveza con la
etiqueta hacia la cámara, y elogia la bebida, sabe que la mayor
parte de las veces recibe un dinero extra por lo que está haciendo.
El periodista, sea
un reportero, un editor o el jefe de una sala de redacción,
ni tan siquiera llega saber si el valor de esa nota es 500 o
5,000, ni si esas cifras son en reales o en dólares. El hecho
es que el material le llega al público sin que quede claro que
el contenido es responsabilidad de una persona o una empresa,
generalmente elogiada en la cobertura "periodística".
Como no se informa de manera alguna que el artículo fue escrito
a pedido de alguien o que es en realidad un "informe publicitario",
los incautos consumidores no se dan cuenta de la artimaña.
La situación es grave,
pero el principal problema del periodismo hoy en día no son
los artículos de 500 o de 5,000, son los reportajes falsos o
las investigaciones e fachada. Todo comienza por la pauta, generalmente
gestada en las oficinas de los altos ejecutivos de las empresas
periodísticas. La cosa puede ser así: el diputado fulano de
tal es corrupto, traten de incriminarlo. La política cambiaria
del gobierno es buena, hay que preparar un reportaje que lo
demuestre.
No se trata aquí
de entrar en debate sobre la existencia de manipulación, sino
de identificar un comportamiento con el cual forman fila gran
parte de los profesionales. El problema es que son mandados,
son remunerados para cumplir órdenes, dirían algunos. Esto es
cierto, ¿pero estarán pensando en lo que están haciendo, estarán
dándose el trabajo de razonar acerca de lo que producen, mientras
preparan un material más nefasto aún que los artículos comprados
por empresarios o cualquier otro miembro de la sociedad? Sí,
porque cuando se trata de un reportaje falso, es posible percibir
el deseo expreso de una fuerza económica o política de falsear
la realidad.
Pero, si es posible
percibir la falsedad, si es posible ser por lo menos
justo, equilibrado, ¿por qué es que la mayoría de nuestros colegas
periodistas permanecen ciegos frente a esa realidad? ¿Por defender
su empleo? ¿Porque les conviene mantener su status quo?
¿Por pensar que, si estuvieran en el lugar del dueño harían
lo mismo?
Pienso que estos
aspectos son los que menos pesan. Lo que debe estar dejando
a los periodistas profesionales cada vez más ajenos a la ética
profesional, es el desplazamiento de una postura tierna y humana.
Gran parte de los
consumidores culturales del país ya percibieron esto y solo
compran los periódicos, por ejemplo, para comprar el CD o la
enciclopedia que el hijo quiere. Si los escritores (adaptados
o no al cine y la televisión) han demostrado más habilidad para
hablar con tiernura, y al mismo tiempo con exactitud sobre los
problemas contemporáneos, ¿por qué no dialogar con esa competencia?
¿Por qué no buscar soluciones en la intuición, cuando los razonamientos
científicos solo demuestran fracasos y el derrumbe de planes
y proyectos?
Creo que es preciso
entender qué es la comunicación plena y plural. No es posible
comunicarse sin trabajar cerca de la afectividad, de la dimensión
compleja de todo lo social y lo simbólico, incluyendo los mitos
y las nociones estéticas propias de cada cultura.
Esta nefasta realidad
del periodismo brasileño (y también del periodismo mundial)
descrita aquí, es, según mi opinión, fruto del empleo de fórmulas
reduccionistas y basadas en estrategias empresariales guiadas
por el lucro, como el único objetivo. Tal vez nuestra tarea
como periodistas sea dialogar más con los jóvenes que están
saliendo del nivel preuniversitario, y los que entran a las
universidades, principalmente en las carreras de Comunicación
Social. Ese no será un trabajo cuyos frutos se verán en la sociedad
en un período de dos meses, pero para que tenga validez principalmente
en las carreras de comunicaciones, algún día hay que empezarlo.
Toni
André Scharlau Vieira, es periodista, investigador
y profesor de Comunicación Social de la Universidad Luterana
de Brasil, en Canoas, Rio Grande do Sul.