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Periodismo de balcón
Por Toni André Scharlau Vieira

En momentos en que el país se encuentra en una profunda crisis financiera y cambiaria, y los brasileños ven cada vez más lejos el cumplimiento de las promesas de campaña de su presidente, los medios de comunicación parecen ignorar todo esto y prefieren el periodismo de "balcón" y los "falsos reportajes". Recordar que el periodista y el periodismo actúan como intermediarios entre los hechos y los consumidores es un intermediario entre los hechos y los consumidores (lectores, oyentes, televidentes, etc.) podría parecer redundante, pero se observa un total desdén hacia esta tarea única e importantísima. Parece, además, que la mayoría de las personas que están al frente de las redacciones brasileñas olvidan que el periodismo debe ser lo que Abraham Moles llamaba un "vaso comunicante".

La práctica del "periodismo de balcón" es antigua. Literalmente consiste en vender espacios editoriales como si fuesen propaganda. El texto y la edición se trabajan de una manera especial, de manera que el resultado parezca lo más periodístico posible. En algunas regiones a este tipo de artículos se les llama de 500 o de 5,000, en una clara alusión a que lo que cuenta en este tipo de producto no es el contenido, el texto, sino las cifras que traen los "balcones de negocios" que los medios mantienen.

Es posible hacer una analogía con los productos de mercadeo que cada vez son más comunes en las producciones para televisión. El detalle es que en el caso de la televisión, este tipo de negocio se hace con el conocimiento explícito de los profesionales involucrados. Por ejemplo, el actor que sostiene una lata de cerveza con la etiqueta hacia la cámara, y elogia la bebida, sabe que la mayor parte de las veces recibe un dinero extra por lo que está haciendo.

El periodista, sea un reportero, un editor o el jefe de una sala de redacción, ni tan siquiera llega saber si el valor de esa nota es 500 o 5,000, ni si esas cifras son en reales o en dólares. El hecho es que el material le llega al público sin que quede claro que el contenido es responsabilidad de una persona o una empresa, generalmente elogiada en la cobertura "periodística". Como no se informa de manera alguna que el artículo fue escrito a pedido de alguien o que es en realidad un "informe publicitario", los incautos consumidores no se dan cuenta de la artimaña.

La situación es grave, pero el principal problema del periodismo hoy en día no son los artículos de 500 o de 5,000, son los reportajes falsos o las investigaciones e fachada. Todo comienza por la pauta, generalmente gestada en las oficinas de los altos ejecutivos de las empresas periodísticas. La cosa puede ser así: el diputado fulano de tal es corrupto, traten de incriminarlo. La política cambiaria del gobierno es buena, hay que preparar un reportaje que lo demuestre.

No se trata aquí de entrar en debate sobre la existencia de manipulación, sino de identificar un comportamiento con el cual forman fila gran parte de los profesionales. El problema es que son mandados, son remunerados para cumplir órdenes, dirían algunos. Esto es cierto, ¿pero estarán pensando en lo que están haciendo, estarán dándose el trabajo de razonar acerca de lo que producen, mientras preparan un material más nefasto aún que los artículos comprados por empresarios o cualquier otro miembro de la sociedad? Sí, porque cuando se trata de un reportaje falso, es posible percibir el deseo expreso de una fuerza económica o política de falsear la realidad.

Pero, si es posible percibir la falsedad, si es posible ser –por lo menos– justo, equilibrado, ¿por qué es que la mayoría de nuestros colegas periodistas permanecen ciegos frente a esa realidad? ¿Por defender su empleo? ¿Porque les conviene mantener su status quo? ¿Por pensar que, si estuvieran en el lugar del dueño harían lo mismo?

Pienso que estos aspectos son los que menos pesan. Lo que debe estar dejando a los periodistas profesionales cada vez más ajenos a la ética profesional, es el desplazamiento de una postura tierna y humana.

Gran parte de los consumidores culturales del país ya percibieron esto y solo compran los periódicos, por ejemplo, para comprar el CD o la enciclopedia que el hijo quiere. Si los escritores (adaptados o no al cine y la televisión) han demostrado más habilidad para hablar con tiernura, y al mismo tiempo con exactitud sobre los problemas contemporáneos, ¿por qué no dialogar con esa competencia? ¿Por qué no buscar soluciones en la intuición, cuando los razonamientos científicos solo demuestran fracasos y el derrumbe de planes y proyectos?

Creo que es preciso entender qué es la comunicación plena y plural. No es posible comunicarse sin trabajar cerca de la afectividad, de la dimensión compleja de todo lo social y lo simbólico, incluyendo los mitos y las nociones estéticas propias de cada cultura.

Esta nefasta realidad del periodismo brasileño (y también del periodismo mundial) descrita aquí, es, según mi opinión, fruto del empleo de fórmulas reduccionistas y basadas en estrategias empresariales guiadas por el lucro, como el único objetivo. Tal vez nuestra tarea como periodistas sea dialogar más con los jóvenes que están saliendo del nivel preuniversitario, y los que entran a las universidades, principalmente en las carreras de Comunicación Social. Ese no será un trabajo cuyos frutos se verán en la sociedad en un período de dos meses, pero para que tenga validez principalmente en las carreras de comunicaciones, algún día hay que empezarlo.

 


Toni André Scharlau Vieira, es periodista, investigador y profesor de Comunicación Social de la Universidad Luterana de Brasil, en Canoas, Rio Grande do Sul.

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000