La noticia del asesinato
de Nelson Osorio Patiño se publicó al día siguiente de su muerte
junto con la referencia a su vinculación con Leonidas Vargas,
un hombre detenido bajo la acusación de narcotráfico y paramilitarismo.
Osorio, un periodista de deportes en radio y televisión, murió
cuando un sicario disparó sobre él cuatro veces antes de huir
en una motocicleta en la mañana del 27 de agosto pasado.
Dos semanas antes,
otro sicario había disparado contra Amparo Jiménez y le había
dado muerte en el amanecer del 12 de agosto, cuando la periodista
regresaba a su casa después de dejar a su pequeño hijo en la escuela.
Jiménez coordinaba un programa para guerrilleros reinsertados
y las actividades de Redepaz, una entidad que promueve acciones
de reconciliación en todo el país. Estos dos trabajos los había
asumido al abandonar temporalmente su labor de reportera de televisión
a causa de las amenazas de muerte que había recibido al conocerse
su trabajo de investigación sobre los grupos paramilitares que
operan en la hacienda Bellacruz y que habían obligado a decenas
de familias campesinas a abandonar la región.
El narcotráfico y la
violencia política han sido las principales causas de muerte de
periodistas en los últimos 15 años. El 23 de junio de 1997 se
conoció un comunicado de las Farc, el más antiguo y poderoso de
los grupos guerrilleros del país, en el que declaró objetivos
militares a los periodistas que, a su juicio, estuvieran desinformando
a través de los medios de comunicación. Tres meses después, el
29 de septiembre, reapareció el grupo de Los Extraditables narcotraficantes
sucesores de Pablo Escobar para amenazar de muerte a quienes
defendieran desde la prensa la extradición con retroactividad.
Cuando un periodista
es asesinado en Colombia, se busca al asesino en una de esas dos
direcciones, aunque no se descarta, como en el caso de Osorio
Patiño, que su muerte pueda explicarse por su vinculación con
el narcotráfico. Esa sola sospecha es una muerte moral que se
agrega a su muerte física. Son personas que el mismo día mueren
dos veces. Sucedió así con otro de los periodistas asesinados
este año, el reportero de radio y televisión, Bernabé Cortés,
muerto en Cali el pasado 19 de mayo. Las reseñas periodísticas
sobre su asesinato consignaron, como parte de su hoja de vida,
que su nombre había figurado en las listas de presuntos destinatarios
de dineros del narcotráfico, reveladas ante la justicia de Estados
Unidos, por el excontador del Cartel de Cali, Guillermo Palomari.
En cambio, otras muertes
se han explicado, desde el primer momento, como represalias de
los narcotraficantes contra periodistas que no se dejaron intimidar
por sus amenazas y que los enfrentaron con severas denuncias sobre
sus delitos. El más famoso de ellos fue el director del periódico
El Espectador, Guillermo Cano, asesinado por orden de
Pablo Escobar el 17 de diciembre de 1986. El más reciente de esos
casos fue el del columnista del diario El País, de Cali,
Gerardo Bedoya, asesinado en esa ciudad el 21 de marzo de 1977.
De inmediato, las autoridades relacionaron su muerte con la posición
de rechazo y condena de los narcotraficantes, asumida en sus escritos.
El asesinato del periodista
de radio, Nelson Carvajal, el pasado 16 de abril en Pitalito,
Huila, fue explicado inicialmente como cumplimiento de las amenazas
de las Farc, que habían declarado a Radio Sur, la emisora de Carvajal,
como "objetivo militar.". En cambio, a Henry Rojas,
corresponsal del periódico El Tiempo, en Arauca, en el
extremo oriental del país, asesinado el 28 de diciembre de 1991,
le dispararon desde la otra trinchera, la del ejército nacional.
Según los resultados de las investigaciones, fueron dos soldados
activos, Wilson E. Daza y José A. Cristiano Riaño, quienes dispararon
sobre él y le dieron muerte. Los autores intelectuales de esa
muerte, sin embargo, permanecen desconocidos. Una combinación
de narcotráfico y de corrupción es la que combatía desde la radio
el periodista Jairo Elías Márquez, en su emisora de Armenia, Quindío,
cuando lo asesinaron el 20 de noviembre de 1997. Las autoridades
vincularon a un político de la región a este caso, que es objeto
de investigación.
Situados en medio de
los cinco fuegos guerrilla, paramilitares, militares, narcotraficantes
y delincuentes a sueldo de funcionarios corruptos los periodistas
colombianos sienten que la suya es la más peligrosa profesión
del país. Un brillante columnista confesaba recientemente que
los temas del narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla
habían sido excluidos de su columna porque quería vivir para ver
crecer a sus hijos.
La lista de periodistas
muertos consta de 108 nombres entre 1977 y 1995 y fue publicada
por la Defensoría del Pueblo que, en un cuidadoso seguimiento
de los procesos judiciales que se adelantan por esas muertes,
ha comprobado que, salvo casos excepcionales, todos permanecen
impunes. La Defensoría solicitó oficialmente a la Fiscalía información
sobre los 108 casos para concluir que 101 casos permanecen en
la impunidad y que en los 6 restantes hubo identificación y captura
de los asesinos materiales, pero no de sus autores intelectuales.
La investigación más completa ha sido la del asesinato de Guillermo
Cano, en la que los sicarios y el pagador fueron detenidos, e
identificados sus autores intelectuales: los narcotraficantes
Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Por la muerte de Henry
Rojas fueron detenidos los dos autores materiales, lo mismo acaba
de ocurrir tras el asesinato de la periodista Amparo Jiménez y
con el asesino de Fredy Elles, un fotógrafo muerto en Cartagena
el 18 de marzo de 1997.
Pero aún cuando han
sido descubiertos los autores materiales, los autores intelectuales
continúan impunes porque, suponen las autoridades, se trata de
personas con poder suficiente para ordenar las muertes y mantener
encubierta su relación con el delito. En los ocho meses, desde
enero hasta agosto, han sido asesinados en Colombia:
1.- Oscar García Calderón,
cronista taurino. 22-02-98, en Bogotá.
2.- Didier Aristizábal,
periodista de radio. 03-03-98, en Cali.
3.- José Abel Salazar,
periodista cultural. 14-03-98, en Manizales.
4.- Nelson Carvajal,
director Noticiero RCN (radio). 16-04-98, en Pitalito.
5.- Jorge Boada. Independiente.
18-04-98, Bogotá.
6.- Bernabé Cortés,
reportero de radio y TV. 19-05-98, en Cali.
7.- Víctor M. Ramos,
corresponsal de radio y TV. 21-07-98, Bogotá.
8.- Amparo Jiménez,
corresponsal de televisión. 11-08-98, en Valledupar.
9.- Nelson Osorio Patiño,
periodista deportivo en radio y TV. 27-08-98, en Bogotá.
Una estadística desconocida
es la de los periodistas amenazados y la de los periodistas que
han tenido que huir hacia otros países. El más conocido de estos
casos es el del camarógrafo de TV Richard Vélez, quien durante
una confrontación entre soldados y campesinos que protestaban
por la destrucción de sus sembrados de coca, grabó la imagen de
un militar que golpeaba con la culata de su fusil a un campesino
inerme. Esa imagen, que conmovió por su crudeza a los televidentes,
tuvo un alto costo para el camarógrafo que, días después de abandonar
el hospital en donde fue atendido tras la paliza con que lo castigaron
los militares, recibió las primeras amenazas de muerte que, finalmente,
lo obligaron a abandonar el país. Recientemente, las autoridades
de Estados Unidos lo autorizaron para trabajar en su territorio
como un gesto de solidaridad.
Colombia se ha convertido
en un territorio minado para los periodistas. Muchos, ante la
noticia de un nuevo asesinato, se preguntan con ansiedad :
" ¿Quién será el próximo?" Porque siempre parece haber
uno en lista.
(Javier
Darío Restrepo. Ganador del Premio PROCEPER a la Etica
Periodística, 1997. Dedicó 27 años de su vida profesional a la
televisión, 18 de los cuales trabajó como reportero del noticiero
"24 Horas", de Colombia. Es columnista de El Espectador,
de Bogotá, y El Colombiano, de Medellín. Es coautor de
un libro sobre ética periodística y frecuentemente imparte seminarios
y talleres sobre el tema.)