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Los antidiluvianos días de marzo
Por Raúl Rivero

El gobierno cubano prohibe la publicación dentro de la isla de los artículos escritos por periodistas independientes. Una reciente ley amenaza con hasta 30 años de prisión a quienes divulguen informaciones contrarias a la línea gubernamental.   El artículo que aquí reproducimos fue distribuido en Internet por Cuba Free Press, Inc. ( http://www.cubafreepress.org), una organización con sede en los Estados Unidos que difunde los trabajos de la prensa independiente cubana.

Marzo entró este año a Cuba, como siempre, para marcar el final del leve invierno. Pero dejó en muchos cubanos que observan y viven la realidad del país la sensación, casi palpable, de que el gobierno le dio un tirón al almanaque y nos devolvió a 1997.

El singular juicio de los cuatro integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, y el arresto de un centenar de opositores pacíficos y periodistas independientes, trancó el dominó, como se dice en buen cubano.

Cerró el juego cuando prácticamente la gente ni había escogido sus fichas. Era una partida que se empezó a entrever, a presumir, unos meses antes de la visita de Juan Pablo II a Cuba, en lo que en estos días oscuros se percibe como el antidiluviano año de 1999.

Entonces y después del viaje del Papa mucha gente, de diverso color político, dentro y fuera de Cuba, pensó que se iban a abrir los espacios, que se iba a producir una flexibilidad y una distensión en la crispada sociedad de este país.

A mi modo de ver, todo esto comenzó a prepararse desde hace bastante tiempo. Sólo que los episodios de los últimos días y la aprobación (unánime, desde luego) por la Asamblea Nacional del Poder Popular de una ley que paraliza a la disidencia y ahoga el periodismo alternativo desdibuja la imagen ceremoniosa de las autoridades cubanas recibiendo empresarios y dirigentes del todo el mundo, enturbia la ofensiva diplomática que salió disparada detrás del avión del Papa y pone a la isla en la misma posición claustral que Corea del Norte, por ejemplo, pero con tabaco, mucho tabaco, ron y música para los extranjeros.

Yo tengo algo que ver con todo esto. El lunes, la policía me encerró en un calabozo porque me proponía cubrir el juicio. Fui una de esas personas que desde Cuba hablé y me ilusioné con la alternativa de democratizar gradual, civilizadamente ese sitio del mundo que más de once millones de seres humanos en La Habana y Madrid, en Venezuela y Estados Unidos, en Estocolmo y Caracusey, en Santo Domingo y Chivirico llaman, de un modo especial, la patria.

Estamos viviendo en un entorno desconcertante. Puede ser que las autoridades hallan hecho sólo relumbrar el cuchillo, pero el arma sigue en el aire y una franja de obstinados optimistas asuman el oficio de azafata cuando el avión está en emergencia y digan con gesto sosegado: "Calma, no ha pasado nada. Todo volverá a ponerse en su lugar."

Cierto. Todo debe volver a su lugar. Eso sí, casi nadie sabe cuál es ese lugar.

Yo creo que desde el primer día de marzo hemos comenzado a regresar. En un desafío al calendario gregoriano, cada hora nos vamos alejando más del siglo XXI, es decir: de la era de la comunicación, el contacto virtual, el respeto a la opinión de todos y la libertad de expresarla.

 



Raúl Rivero, periodista cubano, radicado en la isla. Es presidente de la agencia independiente Cuba Press.

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000