Libertad
de expresión en Puerto Rico
Por
Luis Alberto Ferré Rangel
"Parecería obvio", dijo el Tribunal Federal de Apelaciones,
"que el uso de fondos gubernamentales para castigar el discurso
político por parte de miembros de la prensa, y el intento
de forzar comentarios favorables al gobierno, estarían
en conflicto con
la
Primera Enmienda".
Obvio, quizás.
Pero para el diario que edito, El Nuevo Día, fueron
necesarios 25 meses, una campaña de litigio masiva y una
amarga confrontación con el Gobernador de Puerto Rico para
probar que los principios de la Primera Enmienda [de la Constitución
de los Estados Unidos que garantiza libertad de expresión]
pueden sobrevivir una violenta embestida por parte de los oficiales
electos. La semana pasada resolvimos la demanda en contra del
Gobernador Pedro Roselló y seis de sus asociados. Las condiciones
fueron claras: el cese instantáneo a la guerra económica
contra El Nuevo Día; el reconocimiento del derecho
a publicar sin riesgo de represalias económicas; y la abstención
del uso del presupuesto publicitario gubernamental para influenciar
reportajes noticiosos.
Esta es una victoria
para la libertad de prensa y para el acceso público a una
cobertura periodística impoluta por la interferencia política.
Pero el conflicto también nos recuerda cuán frágiles
pueden ser estos derechos. A fines de 1996, nuestro diario emprendió
una vigorosa cobertura de la situación política.
Publicamos artículos analíticos y de investigación
describiendo el mal uso de fondos aportados por los contribuyentes
en operaciones gubernamentales.
En abril de 1997, publicamos
una evaluación de los primeros 100 días del segundo
período en funciones del gobernador. Esto aparentemente
precipitó una ofensiva general por su parte. Al día
siguiente de aparecer el artículo, 18 agencias gubernamentales
cancelaron compromisos publicitarios que alcanzaban los 6 millones
de dólares. Siguieron otras represalias, incluyendo negativas
a suministrar información generalmente disponible.
Una de las tácticas
fue verdaderamente asombrosa. Sin siquiera aparentar acato al
debido procedimiento de ley, reguladores gubernamentales comenzaron
a sancionar a la Compañía de Cemento de Puerto Rico,
una corporación pública en la cual mi familia tiene
intereses económicos. Permisos existentes para dos proyectos
de construcción fueron abruptamente retirados. Inocentes
circunstantes resultaron perjudicados, incluyendo los accionistas
y empleados de la compañía de cemento. A través
de intermediarios, recibimos mensajes de que si hacíamos
nuestra cobertura más favorable al gobernador, se aliviarían
las presiones económicas sobre el diario y la compañía
de cemento. Nos rehusamos. Al cabo de ocho meses de tensión
–y pérdidas financieras significativas– demandamos en la
corte federal.
"Flagrantes" abusos
El Tribunal de Apelaciones
de Distrito del Primer Circuito, en un importante precedente,
dictaminó el pasado Noviembre que la compañía
de cemento también está en posición de demandar
basándose en la Primera Enmienda, aún cuando el
punto focal original haya sido el derecho a la libre expresión
del diario. El tribunal rechazó la petición del
gobernador de "inmunidad condicional" de la demanda. En enero,
el tribunal calificó los abusos como "flagrantes".
La defensa del gobernador
comenzó a agrietarse. El juez sugirió una componenda,
la cual concluyó finalmente en un acuerdo. Este pleito
tuvo altos costos y numerosas víctimas. Entre ellas: los
contribuyentes puertorriqueños, quienes están pagando
varios millones de dólares por las cuentas legales de la
parte demandada; los trabajadores, cuyas tareas se detuvieron
a raíz de la cancelación de los proyectos de la
compañía de cemento; y cientos de personas de bajos
ingresos, para quienes la construcción de nuevas viviendas
ha sufrido una demora de dos años.
No podíamos
ignorar la gran importancia de los principios implicados. Pero
el hecho de que hubo que librar una batalla, y de que otros podrían
enfrentar batallas similares, debería ser motivo de preocupación
para todos nosotros.
(Luis Alberto Ferré
Rangel es director de El Nuevo Día
de San Juan.)
(16
de mayo de 1999)