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¿Libertad
de prensa en Venezuela?
Por
Omar Estacio
He sido escogido
para encabezar el equipo de abogados que defiende a Pablo
López Ulacio, editor de La Razón, que
se edita en Caracas. Desde su fundación, el periódico
ha sido un órgano plural, abierto al debate, pero con
una línea editorial dura, combativa frente a los actos
de corrupción en perjuicio del patrimonio público.
La petición de cárcel que ahora enfrenta López
Ulacio es el precio que se le pretende cobrar por haber asumido
tal postura de principio.
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Como
medida represiva contra el semanario La Razón,
el Presidente Hugo Chávez ordenó la supresión
de la publicidad oficial en ese periódico.
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La primera medida
de revancha del gobierno del presidente Chávez fue
la supresión de toda publicidad oficial en el periódico.
Ni un sólo aviso para La Razón, fue la
orden emanada desde el alto gobierno, de modo que todos los
organismos del Estado que pautaban normalmente en el semanario,
acataron de inmediato la suspensión acordada por sus
superiores. A las pocas semanas, los anunciantes no gubernamentales
también se retiraron del periódico. Se ha logrado
recopilar información de las advertencias de funcionarios
del Gobierno a las agencias de publicidad, sobre lo "inconveniente"
de pautar sus avisos en un periódico hostil a la administración
de Chávez. Es de destacar que este último, en
su época de opositor, cuando muy pocos medios le ofrecían
tribuna, fue acogido por dos años como columnista fijo
del semanario.
Chávez,
hoy Presidente, se reveló contra el bipartidismo que
gobernó al país en forma ineficaz y muchas veces
corrupta en los últimos 40 años. Aunque su victoria
del 6 de diciembre de 1998 fue inobjetable, una vez instalado
en la presidencia, implementó un mecanismo electoral
que le permitió obtener el 90 por ciento de las bancas
de la Asamblea Nacional, pese a que sus partidarios sumaron
sólo el 60 por ciento de los votantes para estas elecciones
parlamentarias.
Con tal mayoría,
Chávez colocó a gente vinculada con su partido
en el Tribunal Supremo, la Fiscalía General, la Contraloría,
el Consejo Electoral, y en una comisión de justicia
que controla en forma absoluta el ingreso y las destituciones
de jueces del sistema de tribunales. Por si fuera poco, el
Presidente en persona ha atacado en forma verbal a los dueños
de medios, cada vez que publican alguna información
que no es de su agrado. Durante el año pasado, el señor
Petkoff, director de El Mundo, denunció que
el Seniat, organismo encargado del cobro de impuestos y que
depende directamente del Presidente, multó a los propietarios
del vespertino con 30 millones de dólares, por presunta
evasión fiscal, como un mecanismo para presionar al
vespertino a abandonar su línea de crítica al
Gobierno. Finalmente Petkoff se vio obligado a renunciar a
la dirección del periódico.
La Razón
publicó una serie de reportajes en los que informó
el otorgamiento de ventajas comerciales al señor Carrero,
viejo amigo y financista del presidente Chávez. Esas
denuncias, que hoy sirven de base a la solicitud de cárcel
contra López Ulacio, se pueden resumir de la siguiente
manera:
El semanario dio
a conocer que la empresa Multinacional de Seguros, C.A., propiedad
de Carrero, obtuvo contratos con entes oficiales, pese a que
en algunos casos no ofreció las condiciones más
ventajosas y pese a que se niega a pagar una cuantiosa deuda
que mantiene pendiente con un organismo del Estado.
Por otra parte,
a mediados del año pasado, el gobierno de Chávez
subastó un lote de empresas de radio. Los favorecidos
en la subasta resultaron ser los señores Pérez
Quero y González Contreras, quienes pagaron cerca de
18 millones de dólares para convertirse en nuevos propietarios
de las radioemisoras. Después de una laboriosa investigación
de semanario, se comprobó que Pérez Quero y
González Contreras eran dos modestos empleados cuyos
sueldos apenas sobrepasaban los 1.000 dólares por mes.
Se comprobó, además, que el dinero de las garantías
ofrecidas para inscribirse en la subasta, procedía
de empresas del señor Carrero. La Razón
denunció y probó igualmente que, antes de la
apertura de la recepción de ofertas, el organismo encargado
de organizar la venta había excluido en forma ilegal
a un importante número de potenciales compradores,
con el propósito de procesar solamente las ofertas
de Pérez Quero y González Contreras, quienes
al verse descubiertos por el periódico, terminaron
por hacer pública su "sociedad" con Carrero. La
Razón ha denunciado que los señores Pérez
y González, desde un principio, actuaban como testaferros
del poderoso Carrero.
La tercera denuncia
del periódico se refiere a un viaje realizado por el
presidente de la Asamblea Nacional y el ministro de Relaciones
Interiores, al Mass. General Hospital de Boston, en un avión
privado, acompañados por Carrero. Hasta ahora los mencionados
altos funcionarios se han negado a aclarar quién pagó
el alquiler de la aeronave, estimado en 100.000 dólares.
Por último,
a comienzos de este año el semanario denunció
que Impresores Micabu, una empresa en la que figuraban como
socios el mismo Carrero, el presidente de la Asamblea Constituyente,
el presidente de la ya mencionada Comisión de Justicia
y un integrante del Tribunal Supremo, había sido favorecida
por el Consejo Electoral con un contrato para imprimir ocho
millones de ejemplares de la recién sancionada Constitución
de Venezuela. De acuerdo con esa misma Constitución,
a los funcionarios públicos se les prohibe contratar
con entidades del Estado.
En Venezuela los
llamados delitos de prensa se rigen por el Código Penal
aprobado en 1926. La parte acusadora ha invocado los preceptos
de ese viejo instrumento legal para señalar que las
afirmaciones de La Razón contienen algunas imprecisiones
que harían a su editor responsable del delito de difamación.
Como defensores,
hemos alegado que todos los reportajes de La Razón
estuvieron soportados por abundante evidencia documental.
Ello revela diligencia en la obtención de la información,
por lo que la supuesta ausencia de precisión absoluta,
en un cien por ciento, no daría lugar a responsabilidad
del editor del periódico. Por otra parte, los redactores
intentaron repetidas veces entrevistar a Carrero para obtener
su versión sobre las denuncias, pero este último
se negó una y otra vez a responder las preguntas del
semanario.
La Razón
ha expresado su preocupación por las pocas posibilidades
de obtener un juicio imparcial. El tribunal que sentencie
este juicio tendrá, entre otras cosas, que dictaminar
como lo exigimos como defensores, si además del señor
Carrero, el presidente de la Asamblea, un integrante del Tribunal
Supremo, y el presidente de la Comisión de Justicia,
incurrieron en actos ilícitos. Por si fuera poco, dos
exempleados de Carrero hoy figuran también como integrantes
del citado Tribunal Supremo y, a mediados del año pasado,
circuló la información de que la designación
del Fiscal General se había decidido en las oficinas
del magnate.
¿Existirá
en Venezuela –se pregunta el periódico– algún
juez que se atreva a fallar en contra de quienes, con su sola
firma pueden removerlo del cargo o ascenderlo a responsabilidades
más importantes?
Al momento de redactar
esta crónica, no se ha abierto la etapa pública
del juicio y el Tribunal debe resolver algunas mociones previas
de anulación que formulamos por violación del
debido proceso.
Omar
Estacio, expresidente de la Federación
de Colegios de Abogados de Venezuela. Exprofesor de la Universidad
Central de Venezuela. Ha sido juez relator de la Corte Suprema
de Justicia, presidente del Banco Industrial de Venezuela
y diputado al Congreso de la República. Actualmente
es columnista exclusivo del diario El Universal, de Caracas,
y director del Escritorio Estacio, fundado en 1943.
(12
de marzo del 2000)
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