Manuales de estilo, artículos en revistas y diarios, folletos institucionales
tratan de mejorar los conocimientos lingüísticos y las prácticas
de comunicación escrita de sus lectores. Excelente (al fin
y al cabo, eso he venido haciendo yo desde hace casi veinte
años). Pero, por favor, cuando indiquemos errores e incorrecciones,
tratemos de explicar por qué y estar muy seguros de lo que
recomendamos. No hagamos correcciones sin razón ni fundamento
porque nos pueden aplicar el adagio latino: Medice,
cura te ipsum /médico, cúrate a ti mismo/.
Esbozo
estas reflexiones porque tengo en mis manos el boletín de
una institución estatal, publicado para su personal, en
el que, en la sección “Hablemos mejor”, se presenta una
serie de casos del “mal uso” del idioma español. Algunos
de ellos totalmente ciertos. Pero otros… Juzguen ustedes
mismos.
1. No diga: “pido
disculpas”, sino “ofrezco disculpas”.
El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define disculpa como "razón que se da o
causa que se alega para excusarse o purgarse de una culpa".
Si nos atenemos estrictamente a esta definición, no hay
duda de que lo lógico es dar, presentar, ofrecer disculpas y no
pedir, rogar, solicitar disculpas. En
efecto, si disculpa
es el motivo con que un supuesto culpable pretende justificar
o explicar su falta o error, es obvio que ese aparente culpable
tiene que dar,
y no pedir, disculpas.
Sin embargo, de la segunda
acepción del propio DRAE en el verbo disculpar
se infiere que, al menos en lenguaje familiar, disculpa es también el perdón o absolución de las faltas u omisiones
que otro comete. Por consiguiente, en este contexto, se
pueden pedir, rogar o solicitar disculpas.
Tal vez entre ambas expresiones
–dar disculpas
y pedir disculpas– existe un cierto matiz
diferencial. En dar
disculpas se quiere decir que hay motivos (aunque no
se expresen) que justifican, o al menos explican, el error
cometido o la molestia causada. En pedir disculpas se está solicitando la benevolencia de alguien para
exonerar de culpa o perdonar a quien cometió el error o
causó la molestia.
La reciente (1992) vigésima
primera edición del DRAE registra, como novedad, la frase
pedir disculpas, que hace equivalente a disculparse, pedir indulgencia.
Roma locuta, causa finita.
No hay nada más
que discutir. Las dos modalidades son ya oficialmente correctas.
2. No es “mirarse
al espejo”, sino “mirarse en el espejo”.
Un gran número de verbos y
nombres exigen determinadas preposiciones (de acuerdo con
el llamado régimen prepositivo) en la construcción oracional.
Frecuentemente, sin embargo, no se utiliza la preposición
apropiada y se incurre así en incorrección gramatical. Por
citar unos cuantos ejemplos: Alguien se
enfrenta con y no se
enfrenta a; algo es
diferente de y no diferente a; se informa de algo y no se informa
algo...
Los textos de lenguaje y los
manuales de redacción y estilo suelen dedicar una buena
parte de su contenido a este importante tema del uso preposicional.
La Gramática de la Academia, por ejemplo, ofrece en el capítulo XVIII
(26 páginas) una "lista de palabras que se construyen
con preposición".
Su utilidad es manifiesta, y lamentamos que el Esbozo
(obra considerada como la versión moderna y actualizada
de la gramática oficial) haya prescindido de esa lista.
Pero ¡ojo! No todo lo que figura
en los libros y manuales resulta acertado. Así, la mexicana
Hilda Basulto en su Curso
de redacción dinámica (obra, por los demás, de gran
prestigio y utilizada como texto en algunas universidades)
presenta como incorrecta la expresión mirarse al espejo que, según ella, debe ser mirarse en el espejo.
Aun aceptando la propiedad
de mirarse en el espejo
(el DRAE registra diversos casos en el artículo espejo),
es necesario advertir que mirarse
al espejo es, asimismo, expresión absolutamente correcta,
utilizada profusamente en niveles tanto populares como cultos
y recogida en la Gramática de la Academia, en el Diccionario de uso de María Moliner y en
el Diccionario de
dudas del académico Manuel Seco.
Pese a la opinión de doña Hilda Basulto, podemos seguir mirándonos al espejo.
3. No debe decirse:
un problema “a resolver”, sino “por resolver”
El uso de la preposición a
entre sustantivo e infinitivo
(una casa a
reparar, medidas a tomar...) ha sido tildado de galicismo
y anglicismo, simultáneamente –premeditación y alevosía–,
(une maison à réparer, actions to be taken...)
Debo confesar, a fuer de sincero, que la construcción en comentario dista
mucho de poder conciliarse con el genio del idioma castellano,
pero también hay que reconocer que está calando muy hondo
en la prosa moderna, particularmente la periodística. El
académico Manuel Seco (Diccionario de dudas) cita a nada menos que a nueve autores de prestigio
(entre ellos Camba, Azorín, Díaz-Plaja, Zunzunegui y Pemán)
que han utilizado la expresión de marras (asunto
a ventilar, problema a resolver, figura a señalar, punto
a examinar, pruebas a corregir...)
La Academia (esbozo, 3.11.5)
decide "censurar [dichas construcciones] como exóticas
y recomendar que se las combata en la enseñanza"; pero
parece, a la vez, mostrarse tolerante con las frases bancarias
total a pagar, efectos
a cobrar,cantidades a deducir... ¿Cómo era aquello de
que la salsa que es buena para el ganso, debe serlo también
para la gansa?
El maestro Seco (quien, por otra parte, opina que no tardará en ser acogida
por todos esta fórmula, no solo como consecuencia de su
creciente auge, sino de la relativa necesidad que nuestra
lengua siente de tal construcción) recomienda "...utilizar
los giros españoles siempre que sea posible, sin rechazar
el extraño cuando la comodidad y la rapidez lo pidan y el
buen gusto no se resienta por ello".
De acuerdo. Y espero que el problema
a resolver se convierta pronto en un problema
resuelto.
4. No diga : escoja “entre estas alternativas”, sino “entre estas opciones”.
Por su etimología y por su
uso, alternativa
fue siempre, en el idioma
español, una opción entre dos cosas. Su étimo latino es, en última instancia, el vocablo alter (el otro, entre dos), diferente de alius (otro, entre varios).
El cognado ingles alternative tiene, sensu stricto, este mismo significado:
opción o posibilidad entre dos cosas solamente. Sin embargo,
sensu lato, se utiliza, y abundantemente,
como opción o
posibilidad en general, es decir, entre
varias cosas. Sin
duda la influencia del inglés generalizó en castellano el
uso de alternativa en este sentido amplio de opción o posibilidad en
general, aun cuando en manuales y textos gramaticales siempre
se hizo hincapié en la diferencia entre
alternativa y opción, y se recomendaba el buen empleo
de ambos vocablos.
Pero, finalmente, la Academia
cedió una vez más. En
la vigésima edición de su diccionario (1984) se modifica
la tercera acepción de alternativa (hasta entonces había sido
"opción entre dos cosas")
mediante el procedimiento de agregar dos breves palabras:
o más.
La definición quedó así: "Alternativa.
Opción entre dos o más cosas." Y en su última aparición,
el DRAE (1992) apuntala esta posición académica cuando hace
avanzar al primer lugar del artículo alternativa
esa comentada tercera acepción.
Pese a todo, el académico Manuel
Seco (Diccionario
de dudas) recomienda seguir haciendo la distinción clásica
opción-alternativa en "beneficio
de la claridad". Me parece razonable la sugerencia.
Aunque –conste– ya la Academia habló e identificó oficialmente
los dos conceptos. ¡No hay alternativa!
El uso del idioma español –por
suerte– no siempre acepta la posición maniqueísta: esto
es blanco; aquello, negro. Existen casos y circunstancias
en que la norma gramatical o léxica se hace flexible, adaptable,
multifacética. Por eso, no vale simplemente decir: “no diga
esto, diga lo otro”. Como en todas las cosas de la vida,
también en el idioma es necesario dar razones.