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Correcciones razonadas
Por Fernando Díez Losada

Manuales de estilo, artículos en revistas y diarios, folletos institucionales tratan de mejorar los conocimientos lingüísticos y las prácticas de comunicación escrita de sus lectores. Excelente (al fin y al cabo, eso he venido haciendo yo desde hace casi veinte años). Pero, por favor, cuando indiquemos errores e incorrecciones, tratemos de explicar por qué y estar muy seguros de lo que recomendamos. No hagamos correcciones sin razón ni fundamento porque nos pueden aplicar el adagio latino: Medice, cura te ipsum /médico, cúrate a ti mismo/.

Esbozo estas reflexiones porque tengo en mis manos el boletín de una institución estatal, publicado para su personal, en el que, en la sección “Hablemos mejor”, se presenta una serie de casos del “mal uso” del idioma español. Algunos de ellos totalmente ciertos. Pero otros… Juzguen ustedes mismos.

1.  No diga: “pido disculpas”, sino “ofrezco disculpas”.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define disculpa como "razón que se da o causa que se alega para excusarse o purgarse de una culpa". Si nos atenemos estrictamente a esta definición, no hay duda de que lo lógico es dar, presentar, ofrecer disculpas y no pedir, rogar, solicitar disculpas. En efecto, si disculpa es el motivo con que un supuesto culpable pretende justificar o explicar su falta o error, es obvio que ese aparente culpable tiene que dar, y no pedir, disculpas.

Sin embargo, de la segunda acepción del propio DRAE en el verbo disculpar se infiere que, al menos en lenguaje familiar, disculpa es también el perdón o absolución de las faltas u omisiones que otro comete. Por consiguiente, en este contexto, se pueden pedir, rogar o solicitar disculpas.

Tal vez entre ambas expresiones –dar disculpas y pedir disculpas– existe un cierto matiz diferencial. En dar disculpas se quiere decir que hay motivos (aunque no se expresen) que justifican, o al menos explican, el error cometido o la molestia causada. En pedir disculpas se está solicitando la benevolencia de alguien para exonerar de culpa o perdonar a quien cometió el error o causó la molestia.

La reciente (1992) vigésima primera edición del DRAE registra, como novedad, la frase pedir disculpas, que hace equivalente a disculparse, pedir indulgencia.

Roma locuta, causa finita. No hay nada más que discutir. Las dos modalidades son ya oficialmente correctas.

2.   No es “mirarse al espejo”, sino “mirarse en el espejo”.

Un gran número de verbos y nombres exigen determinadas preposiciones (de acuerdo con el llamado régimen prepositivo) en la construcción oracional. Frecuentemente, sin embargo, no se utiliza la preposición apropiada y se incurre así en incorrección gramatical. Por citar unos cuantos ejemplos: Alguien se enfrenta con y no se enfrenta a; algo es diferente de y no diferente a; se informa de algo y no se informa algo...

Los textos de lenguaje y los manuales de redacción y estilo suelen dedicar una buena parte de su contenido a este importante tema del uso preposicional. La Gramática de la Academia, por ejemplo, ofrece en el capítulo XVIII (26 páginas) una "lista de palabras que se construyen con preposición".  Su utilidad es manifiesta, y lamentamos que el Esbozo (obra considerada como la versión moderna y actualizada de la gramática oficial) haya prescindido de esa lista.

Pero ¡ojo! No todo lo que figura en los libros y manuales resulta acertado. Así, la mexicana Hilda Basulto en su Curso de redacción dinámica (obra, por los demás, de gran prestigio y utilizada como texto en algunas universidades) presenta como incorrecta la expresión mirarse al espejo que, según ella, debe ser mirarse en el espejo.

Aun aceptando la propiedad de mirarse en el espejo (el DRAE registra diversos casos en el artículo espejo), es necesario advertir que mirarse al espejo es, asimismo, expresión absolutamente correcta, utilizada profusamente en niveles tanto populares como cultos y recogida en la Gramática de la Academia, en el Diccionario de uso de María Moliner y en el Diccionario de dudas del académico Manuel Seco.

Pese a la opinión de doña Hilda Basulto, podemos seguir mirándonos al espejo.

3.  No debe decirse: un problema “a resolver”, sino “por resolver”

El uso de la preposición a entre sustantivo e infinitivo  (una casa  a reparar, medidas a tomar...) ha sido tildado de galicismo y anglicismo, simultáneamente –premeditación y alevosía–, (une maison à réparer, actions to be taken...)

Debo confesar, a fuer de sincero, que la construcción en comentario dista mucho de poder conciliarse con el genio del idioma castellano, pero también hay que reconocer que está calando muy hondo en la prosa moderna, particularmente la periodística. El académico Manuel Seco (Diccionario de dudas) cita a nada menos que a nueve autores de prestigio (entre ellos Camba, Azorín, Díaz-Plaja, Zunzunegui y Pemán) que han utilizado la expresión de marras (asunto a ventilar, problema a resolver, figura a señalar, punto a examinar, pruebas a corregir...)

La Academia (esbozo, 3.11.5) decide "censurar [dichas construcciones] como exóticas y recomendar que se las combata en la enseñanza"; pero parece, a la vez, mostrarse tolerante con las frases bancarias total a pagar, efectos a cobrar,cantidades a deducir... ¿Cómo era aquello de que la salsa que es buena para el ganso, debe serlo también para la gansa?

El maestro Seco (quien, por otra parte, opina que no tardará en ser acogida por todos esta fórmula, no solo como consecuencia de su creciente auge, sino de la relativa necesidad que nuestra lengua siente de tal construcción) recomienda "...utilizar los giros españoles siempre que sea posible, sin rechazar el extraño cuando la comodidad y la rapidez lo pidan y el buen gusto no se resienta por ello".

De acuerdo. Y espero que el problema a resolver se convierta pronto en un problema resuelto.

4.  No diga : escoja “entre estas alternativas”, sino “entre estas opciones”.

Por su etimología y por su uso, alternativa fue siempre, en el idioma  español, una opción entre dos cosas.  Su étimo latino es, en última instancia, el vocablo alter (el otro, entre dos), diferente de alius (otro, entre varios).

El cognado ingles alternative tiene, sensu stricto, este mismo significado: opción o posibilidad entre dos cosas solamente. Sin embargo, sensu lato, se utiliza, y abundantemente, como opción o posibilidad en general, es decir, entre varias cosas.  Sin duda la influencia del inglés generalizó en castellano el uso de alternativa en este sentido amplio de opción o posibilidad en general, aun cuando en manuales y textos gramaticales siempre se hizo hincapié en la diferencia entre alternativa y opción, y se recomendaba el buen empleo de ambos vocablos.

Pero, finalmente, la Academia cedió una vez más.  En la vigésima edición de su diccionario (1984) se modifica la tercera acepción de alternativa (hasta entonces había sido "opción entre dos cosas")  mediante el procedimiento de agregar dos breves palabras: o más.  La definición quedó así: "Alternativa. Opción entre dos o más cosas." Y en su última aparición, el DRAE (1992) apuntala esta posición académica cuando hace avanzar al primer lugar del artículo alternativa esa comentada tercera acepción.

Pese a todo, el académico Manuel Seco (Diccionario de dudas) recomienda seguir haciendo la distinción clásica opción-alternativa  en "beneficio de la claridad". Me parece razonable la sugerencia. Aunque –conste– ya la Academia habló e identificó oficialmente los dos conceptos.  ¡No hay alternativa!

El uso del idioma español –por suerte– no siempre acepta la posición maniqueísta: esto es blanco; aquello, negro. Existen casos y circunstancias en que la norma gramatical o léxica se hace flexible, adaptable, multifacética. Por eso, no vale simplemente decir: “no diga esto, diga lo otro”. Como en todas las cosas de la vida, también en el idioma es necesario dar razones.


 

Fernando Díez Losada, coordinador de los servicios de corrección del diario La Nación, de San José, Costa Rica.

(13 de junio de 1999)

 

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI