Las
verdades de María Teresa Herrán
Por Oscar
Domínguez G.
Hace poco, al terminar su gestión, un diplomático
alemán decía el día de su despedida: "Hace cuatro años
llegué a Colombia y no entendía nada de lo que sucedía en este
país. Ahora entiendo menos..."
No sólo los extranjeros viven en un extraño
mundo de Subuso a la hora de tratar de penetrar en los entretelones
de una guerra que va para largo.
Al margen de esa guerra, en Colombia se libra
otra confrontación incruenta desde las redacciones de los medios
de comunicación que se interesan y se cuestionan sobre la forma
más adecuada para informar al público sobre lo que acontece.
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En
las redacciones de los medios de prensa, al igual que
en la calle, los colombianos están buscando la
mejor manera de ganarle la batalla a una guerra que desangra
al país desde hace varios años.
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Es más: por sugerencia de las Farc,
directores de medios visitaron a los comandantes guerrilleros
en sus cambuches en la llamada zona de distensión, para sacarse
los trapos al sol. Hubo recriminaciones de lado y lado. La conclusión
por obvia, no fue menos importante: los medios también tienen
velas en el proceso y deben prepararse para informar adecuadamente,
sin apasionamientos, evitando manipulaciones por parte de los
actores del conflicto.
Los medios se ven obligados a publicar tanta
noticia sobre violencia que algunos sectores ciudadanos han
protestado. Una asociación planteó en una ocasión a través de
Internet una especie de boicot contra la prensa.
El tema de la información
en tiempos de guerra ha interesado a los más diversos sectores
de opinión. Por ejemplo, hace poco la Corporación Medios para
la Paz publicó un "diccionario de términos del conflicto
y de la paz" que es una especie de vademécum para llamar
las cosas por su nombre, sin incurrir en violencias verbales
que puedan distanciar todavía más las partes en conflicto. Dentro
de esta pedagogía para la paz se ha creado un premio nacional,
especie de Nobel criollo de la paz, para sensibilizar más a
la opinión sobre un tema que, como la violencia, entró a formar
parte de la canasta familiar de los colombianos. Dicho premio
será adjudicado en breve por primera vez.
La Universidad colombiana no ha sido ajena al
tratamiento del tema. Hay centros de estudios donde se imparte
educación para la paz.
Y la Universidad Javeriana propició hace poco
un conversatorio sobre violencia y medios. Al frente de ese
seminario estuvo la periodista María Teresa Herrán, directora
de la Maestría en Comunicación de la Facultad de Comunicación
y Lenguaje de dicha Universidad.
La señora Herrán ha sido una estudiosa de los
medios, en especial de la televisión, además de profesora de
ética durante 20 años, destacada columnista, escritora de varios
libros sobre el tema, expresidenta del Círculo de Periodistas
de Bogotá, CPB, directora de noticieros de televisión y de otros
medios de prensa.
La periodista, que por razones de ética abandona
su columna cuando su esposo, el presidenciable Juan Camilo Restrepo,
ocupa cargos importantes (es el actual ministro de Hacienda),
respondió a inquietudes para Pulso del Periodismo:
Pulso:
De pronto aparecen –inclusive en Internet– llamados de la sociedad
civil para que se boicoteen los medios como protesta por publicar
tanta violencia. ¿Es válido ese llamado?
M.T.H.: Primero que todo yo replantearía el término
de "sociedad civil". En realidad, lo que hay son manifestaciones
individuales que me parecen muy válidas, pero que a la vez tienen
limitaciones y no representan a la sociedad civil. Sin embargo,
representan ciertas quejas que tienen los usuarios y los receptores
de los medios de comunicación.
P.:
¿Cómo definir esa "sociedad civil"?
M.T.H.: La sociedad civil tal como está planteada en
Colombia es un mito muy peligroso creado por los medios y que
lleva a que algunos directivos de gremios terminen representándonos
a todos. Por ejemplo, cuando dicen: habla la sociedad civil
en boca de Sabas Pretelt (presidente de la Federación Nacional
de Comerciantes), no creo que sea la sociedad civil la que habla.
Es el gremio de los comerciantes. Entonces esa "unidimensionalización"
ha llevado a considerar que la sociedad civil es una, compacta,
cuando en realidad lo que sucede es que la sociedad civil, aquí
y en Cafarnaún, es muy conflictiva, muy contradictoria, tiene
una cantidad de ingredientes opuestos...
P.: Volvamos a la inquietud inicial sobre el boicot
contra la prensa...
M.T.H.: Es una reacción que podríamos llamar primaria,
emocional. Como reacción es interesante, porque tradicionalmente
no se había producido ese tipo de actitudes más allá de la satisfacción
de los medios. Lo que decía la gente es: qué horror este televisor.
Ya el hecho de que se diga: "apaguen el televisor"
es un avance, muy primario, porque obviamente que esa no es
la solución, ni lleva a nada... Yo creo que no nos podemos quedar
en ese tipo de protestas primarias como apagar el televisor,
cambiar de canal, etc., porque son eso solo son, propuestas
primarias y emocionales.
P.:
¿Lo que habría que cambiar sería la forma como los medios están
informando en relación con el proceso de paz?
M.T.H.: Se podría hacer algo diferente que es empezar
a pensar de una manera diferente en lo que son los medios masivos
de comunicación. Nosotros, tradicionalmente, hemos definido
los medios como periodistas, dueños de medios
y si acaso anunciantes. Es necesario repensar esa definición
de los medios en relación con
una situación tan complicada como la colombiana y se
debe incluir en esa definición de comunicación tanto las audiencias
y los receptores, los actores, los radioescuchas, los televidentes,
como las fuentes, porque si uno centra solamente la responsabilidad
en los periodistas y en los dueños de los propios medios, está
viendo sólo una parte del problema. El problema es también de
las fuentes que tratan de manipular. El problema está en los
receptores que tienen todavía una formación muy primaria en
cuanto a recepción de un medio.
P.:
¿Los dueños de los periódicos están determinando qué es lo que
se debe informar?
M.T.H.:
Sí, yo creo que tradicionalmente se ha considerado que es lo
mismo un periodista que un dueño de medios y que tienen las
mismas lógicas y los mismos intereses. Hay diferencias y empezar
a entender esas diferencias llevaría a proponer soluciones más
constructivas sobre responsabilidad social. Es evidente, en
el caso de los dueños, que, por lo general, la lógica que impera
es la del interés comercial. En el caso de los periodistas no
siempre. Diría que el periodista tiene cierta capacidad de distinguirse
del medio y de hecho uno ve periodistas que tienen sentido de
prioridades, de responsabilidad social, etc. Pero la lógica
comercial de los dueños de los medios, en particular de los
medios muy concentrados, oligopólicos, los lleva a considerar
simplemente que la información es una mercancía. Y esto los
lleva a una competencia como la que hemos visto en los canales
oligopólicos de la televisión, en que no se trata tanto de informar
sobre los procesos de paz sino de quién va a informar con más
morbo y más sensacionalismo. O sea, que cuando uno habla de
proceso de paz, en relación con los medios, tiene que hacer
esa diferenciación.
P.:
En Colombia, ¿el ciudadano de la llanura está correctamente
informado sobre el desarrollo del proceso de paz?
M.T.H.:
No, y yo creo que en ningún país tampoco. En ese sentido, acá
hay más o menos irresponsabilidad, pero en términos generales
las lógicas comerciales de los medios inciden en el contenido.
Uno ve, por ejemplo, el cubrimiento que se le dio a lo de Lady
Di. Todo eso es una realidad. Lo que me parece como televidente
llana, es que sí debo estar formada y preparada para entender
cuándo me están manipulando, cuándo están haciendo priorizar
el interés comercial sobre el interés de la comunidad. Me parece
que uno de los puntos básicos es la recepción crítica de medios
y eso debe empezar en la escuela, debe darse también en la familia
y en todas las instancias de socialización. El televidente no
puede seguir siendo una persona que solamente recibe, que no
está formada.
P.:
¿Cómo se daría esa formación, en la escuela, en la familia?
M.T.H.: Tenemos un gran problema aquí y en el resto
del mundo y es que la televisión no ha entrado a la escuela.
La televisión se mira como un enemigo del docente, pues dentro
de su mentalidad, la televisión deseduca. Yo creo que a televisión
y la escuela son complementarias en una sociedad audiovisual
como la contemporánea. Hay muchos procesos de adquisición de
saber. Uno de ellos es la escuela, la televisión, los padres,
etc. Un primer elemento sería introducir lo que es la enseñanza
audiovisual, el análisis crítico de medios... Eso implica un
cambio de mentalidad del docente que debe entender que los medios
son parte integrante del aprendizaje. Por el lado de la familia,
los padres deben educarse en el análisis crítico de los medios,
deben ver televisión con sus hijos, analizar qué está pasando
en la televisión, haciendo análisis de los noticieros. Decir:
mire, aquí están manipulando, esto es morboso, esto no es la
realidad, esto es una reconstrucción que hacen los medios, etc.
Allí hay una educación y el niño tendría otra percepción como
televidente.
P.:
¿Considera válida la advertencia que se hace en el sentido de
que tal programa debe verse en compañía de adultos responsables?
M.T.H.: Me parece terrible esa advertencia y es una
demostración palpable de lo formalistas que somos. Primero,
creemos que los niños van a ver televisión en compañía de un
adulto responsable, lo cual no es necesariamente cierto. Además,
creemos que los niños cuando sale el letrerito de prohibido
para ellos, no van a ver ese programa. Lo que han demostrado
las encuestas sobre audiencias es que los niños ven más televisión
para adultos que televisión infantil. Eso quiere decir que,
hoy más que nunca, los niños necesitan formación crítica en
medios desde la escuela y desde la familia. El niño no va apagar
el televisor y dejar de ver la telenovela de las 10:00 de la
anoche porque salga el letrerito.
P.:
Con anterioridad mencionaba el verbo manipular, ¿cómo se da
esa manipulación?
M.T.H.: Cuando uno ve en el proceso de paz el escenario
del espectáculo de San Vicente del Cagúan entonces uno dice:
allí hay una manipulación por parte de los actores de la guerra.
En el caso de la silla vacía (Manuel Marulanda, jefe de las
Farc no asistió al primer encuentro gobierno-guerrilla), uno
ve que se convirtió en un elemento sustancial cuando en realidad
no era tal. ¿Qué pasó allí? Realmente, hubo una manipulación
al convertir esa silla en símbolo de algo que no tenía ese contenido,
sino que era parte de un proceso. Entonces así la televisión
logra manipular, estereotipar... Lo que hay es que detectar
cómo son esas manipulaciones. Para citar otro caso, los grupos
económicos dueños de empresas manipulan la información. Por
ejemplo cuando muestran los balances favorables y les hacen
gran bombo; o cuando hay conflictos laborales en sus empresas
y no los mencionan. Hay constantes manipulaciones, entre esas,
obviamente, la manipulación del poder político. En ese sentido,
el televidente debe ser consciente de que lo están manipulando.
P.:
Los otros medios, radio y prensa, ¿tienen una responsabilidad
menor?
M.T.H.:
No, la responsabilidad es igual. Lo que pasa es que el medio
masivo de televisión, indudablemente es el vehículo cultural
más importante, con más impacto social y cultural y por lo tanto
merece mención especial. La prensa tiene esa influencia audiovisual
en la manera como pretende hacer presentaciones sensacionalistas
de los temas.
P.:
Cuando hablamos de periodismo para la paz, ¿de qué estamos hablando?
M.T.H.: No se puede hablar de paz desde una misma perspectiva...
P.:
Desde su óptica, ¿qué es la paz?
M.T.H.: Desafortunadamente, la paz es indefinible.
Se puede definir en relación con la guerra. En la medida en
que se solucionen los problemas de las violencias colombianas
se puede empezar a hablar de paz. Pero el problema es que nosotros
hablamos de paz para no tener que hablar de esos conflictos
muy graves, irresolutos, que hay en la sociedad colombiana que
tienen que ver no solo con
la subversión. Tienen que ver con la injusticia social, con
la exclusión de grandes sectores de la población, con las diferencias
sociales, con la intolerancia
en las relaciones intrafamiliares, con la violencia intrafamiliar.
A todos esos fenómenos tan disímiles no puede uno llamarlos
paz. La paz se ha reducido a un proceso de negociación con la
guerrilla. Entonces se cree que existiendo ese proceso, o llegándose
a un acuerdo con la guerrilla, se van a solucionar los problemas
colombianos y eso no es nada cierto.
P.:
Cuando se habla de periodismo para la paz, ¿qué se debe entender?
M.T.H.:
Por lo que he visto, hay dos grandes tendencias en relación
con el periodismo para la paz. Para algunos, encabezados por
Germán Castro Caicedo (periodista y escritor), el periodismo
para la paz debe limitarse simplemente a cumplir su papel de
informar. Con eso hace
paz porque la gente tiene derecho a saber y a partir de allí
se contribuye a mostrar todos los elementos de la violencia
y a tener una visión más clara sobre lo que está sucediendo
en el país. Por el otro lado, existe una visión encabezada por
Ana Mercedes Gómez Martínez (directora de El Colombiano,
de Medellín) y es el del periodismo comprometido con la paz,
un periodismo que tenga muy claro que tiene que haber prioridades
relacionadas con la consecución de la paz. El problema es que
ambas posiciones son respetables, pero cuando se llevan a los
extremos, distorsionan el papel del periodismo. No estoy diciendo
que Ana Mercedes o Germán Castro lo estén distorsionando. Estoy
diciendo que a veces hay en esas dos tendencias personas más
papistas que los Papas, lo que lleva a que, en el caso del periodismo
objetivo, que se limita a informar todo lo que sale, hay abusos,
en el sentido de que se pueden vulnerar o entorpecer las investigaciones
relacionadas con procesos pendientes, etc., por el solo prurito
de demostrar. Por el otro lado, un periodismo para la paz llevado
a sus extremos, lleva a que el periodista se sienta comprometido
con ciertos actores de la paz y entonces empiece a ser manipulado
por ellos. Los dos extremos me parece que son negativos. Puede
haber una combinación de los dos y eso se logra analizando en
las salas de redacción, constructivamente, qué impacto puede
tener el cubrimiento de cada noticia.
P.:
¿Hay manipulación cuando los medios transmiten todos los detalles
de una toma guerrillera o una liberación de rehenes? ¿Contribuye
esto a una mejor comprensión del problema, o sería más constructivo
informar sobre los planteamientos de la guerrilla, dejando de
lado la transmisión de imágenes de violencia que han provocado
llamados al boicot a los medios?
M.T.H.: Es evidente que ese tipo de morbo en las noticias
sobre violencia es totalmente negativo. Pero me parece que hay
que comenzar a explicarse porqué hay ese morbo. Las explicaciones
en términos generales son: bueno, es porque los medios son violentos.
Yo creo que ahí hay que empezar a analizar las lógicas comerciales
de los medios y, evidentemente, esas son las que predominan
y no es porque el periodista que va a cubrir la entrega de un
secuestrado sea especialmente violento. El tendrá muy claras
cuáles son sus responsabilidades en teoría. Lo que sucede es
que allí hay unas lógicas comerciales que llevan a que mientras
más morbosa sea la información, más vende. Esas lógicas vienen
de los dueños, de la concentración de medios. No vienen por
generación espontánea o porque a alguien le provoque hacer cubrimientos
sensacionalistas; corresponde a una lógica y tanto es así que
periodistas muy buenos, muy responsables, se están dejando llevar
por esa lógica.
P.:
Esa "lógica comercial" parece que se está volviendo
un poco más reflexiva en la medida en que la televisión y la
prensa se han puesto de acuerdo en difundir imágenes de violencia
pero en blanco y negro...
M.T.H.:
Son paños de agua tibia, todo son manifestaciones muy esporádicas,
propósitos muy epidérmicos, porque en el fondo el hecho de que
una noticia esté en blanco y negro no necesariamente le quita
el carácter morboso, porque yo puedo estar mostrando en primer
plano una sangre y las entrañas de una persona y, sin embargo,
ponerlas en blanco y negro. El problema no está en el color,
el problema está es en el tratamiento. Los medios son el reflejo
de lo que pasa en la sociedad colombiana, donde todo el mundo
propone soluciones inocuas en relación con las violencias, que
a lo que llevan es simplemente a creer que se soluciona el problema,
cuando realmente lo que pasa es que se está agravando. Yo no
creo que con este tipo de propuestas se solucione el problema
de la violencia en los medios.
P.:
¿Sería partidaria de hacer algo más drástico, por ejemplo, no
pasar imágenes violentas, pero transmitir todo lo que sea planteamientos
de los actores del conflicto?
M.T.H.:
Considero que no debe haber temas tabúes. Más aún, creo que
es muy importante saber cuáles son los planteamientos de la
guerrilla y de los paramilitares, porque eso permitiría que
el público analizarán esos planteamientos y viera cómo algunos
de ellos son absolutamente decimonónicos. Al no tener la posibilidad
de conocer esos planteamientos se está cercenando la capacidad
de decisión democrática sobre los problemas colombianos. Entonces
creo que nuevamente el problema no está en manifestaciones formales
sino en el tratamiento que le den los medios. No cabe duda de
que el problema está en el tratamiento periodístico que se le
da al tema y no en el tema en sí.
P.:
Es válida la observación que hacen directores en el sentido
de que en el corto tiempo de un noticiero de televisión (30
minutos) no se puede enseñar a la gente, contextualizar?
M.T.H.:
Uno puede ser responsable en 10 segundos o puede no serlo...
P.:
¿Qué hacer?
MTH: Hay que tratar de encontrar términos. Cuando
por el lado de la guerrilla se están utilizando adjetivos como
"traidores de la patria", el papel del periodista
debe ser el de neutralizar los apasionamientos de las partes.
Hay algunos intentos muy positivos de algunos medios para la
paz y de otras entidades que están sacando glosarios, tratando
de detectar cuáles tienen un contenido más incendiario que informativo.
Eso puede llevar a una cultura de neutralidad en la información
que es lo que garantiza que el periodismo no se vaya a dejar
manipular ni contribuya a incendiar los temas de guerra. Tanto
a los actores del conflicto como al periodismo debe llegar esta
especie de docencia para la guerra. Es de suponer que militares
y guerrilleros también deben aprender el manejo del lenguaje
adecuado. Cuando alguien utiliza un término como bandolero,
se debe aclarar que "este señor opina tal cosa", distanciarse
de ese tipo de opiniones incendiarias.
En cuanto a las fuentes, así como hay que formar
audiencias críticas, yo creo que también hay que actuar sobre
las fuentes que en Colombia tienden mucho a manipular a los
periodistas. ¿Cómo actuar sobre las fuentes? He hecho experiencias
a través seminarios para periodistas, fuentes y receptores,
en donde se empiezan a mirar de una manera diferente el uno
al otro y salen cosas interesantísimas. Las fuentes tienen unos
estereotipos muy marcados en relación con los periodistas. Por
ejemplo, piensan que el periodista es bruto y no va entender
sobre temas científicos. Entonces como el científico parte de
la base de que el periodista no va a entender y es bruto, entonces
no da pie para explicar. El error me parece que está en el encasillamiento.
Por ejemplo, dar seminarios exclusivamente para periodistas
–y yo que llevo 20 años dándolos. Uno ve que terminan por "resbalarle"
(importarle poco) a los periodistas. En cambio, que el periodista
se vea confrontado en sentido positivo con sus fuentes y sus
receptores, lleva a que el periodismo se empieza a entender
y a darse de una manera diferente.
P.:
Los periodistas ¿cómo andamos? ¿Estamos adecuadamente preparados
para entender lo que está pasando? ¿Nos hace falta más cultura?
M.T.H.: Yo no generalizaría. Hay periodistas muy conscientes
que están en el sitio del conflicto pero le cuentan a uno: "Yo
no puedo cubrir de otra manera porque desde Bogotá me están
exigiendo esto y lo otro". Entonces el problema es mucho
más complejo que decir simplemente: hay periodistas brutos o
periodistas irresponsables. Hay que profundizar mucho en estos
temas estructurales, como, por ejemplo: qué se le pide al periodista
desde Bogotá, qué presión terminan por ejercer sobre ellos los
actores del conflicto. Si no se afrontan esos problemas siempre
serán epidérmicas las soluciones.
P.:
Se ha planteado alejar los micrófonos de la mesa de negociaciones
como un aporte al proceso de paz...
M.T.H.: Evidentemente, la publicidad es negativa para
el proceso mismo y eso ha ocurrido en todos los procesos de
paz, por eso se ha llegado a acuerdos... El problema es que
hasta ahora lo que ve uno es que los acuerdos, o los posibles
acuerdos, no se cumplen. Entonces el afán de "vitrinear"
(hacer protagonismo) le gana a la responsabilidad en el proceso
de negociación. Me parece que no se debe llegar tampoco al extremo,
porque a veces los aportes en el periodismo en cuanto a señalar
contradicciones, pueden ser muy fundamentales para el proceso
de paz. Entonces, ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos
que no lo alumbre.
(Oscar Domínguez
es director de la Agencia Colombiana de Noticias, Colprensa.
Ha sido reportero de asuntos políticos en prensa, radio y televisión.
Sus columnas se publican en varios periódicos colombianos.)
24 de octubre de 1999