La
mordaza fujimorista: el caso Ivcher-Canal 2
Por
Iván García Mayer
Domingo 13 de julio
de 1997: Por primera vez en su historia, el matutino oficial
El Peruano salía a la calle
después del mediodía, sin
ninguna explicación previa.
Desde muy temprano,
periodistas de Frecuencia Latina-Canal 2 habían recorrido
Lima buscando la edición del matutino
gubernamental. Pero fue como buscar una aguja en un pajar.
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Baruch
Ivcher, accionista mayoritario de Canal 2, de Perú,
se vio obligado a salir al exilio.
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Ese mismo día
hablé con su director de entonces, quien sólo
atinó a decir que no sabía cuál podía
ser la razón "técnica" o "mecánica"
que había provocado que a El Peruano se le pegaran
las sábanas en la imprenta.
Horas antes, el programa
dominical "Contrapunto", de Canal 2, había
vuelto a despabilar, a miles de hogares peruanos con un reportaje
de investigación de alto voltaje: una poderosa red espionaje
telefónico, atribuible a los Servicios de Inteligencia,
de cuya existencia daban cuenta cerca de 200 transcripciones
de conversaciones –cada una con su respectivo código
e identidad del equipo militar de intrusión– de periodistas,
políticos de oposición, jueces, fiscales, alcaldes,
empresarios, gerentes de bancos y ministros.
Para mayores pruebas,
la Unidad de Investigación de Canal 2, dirigida por el
periodista José Arrieta, también obtuvo grabaciones
que respaldaban la veracidad de las transcripciones. Varios
de los "pinchados", "chuponeados" o interceptados,
reconocieron haber estado presentes en esas conversaciones.
La noticia corría
como reguero de pólvora y amenazaba con ser la protagonista
de las primeras planas del día siguiente. Sin embargo,
la legañosa edición de El Peruano se adelantó.
Entre las páginas de su edición de Normas Legales
vino la Resolución Directoral a través de la cual
el gobierno de Alberto Fujimori despojó a Baruch Ivcher,
accionista mayoritario y entonces presidente del directorio
de Canal 2, de la nacionalidad peruana que adquirió en
1984.
Y es que de acuerdo
con una controvertida norma, sólo los peruanos pueden
explotar servicios de radiodifusión en televisión.
Así, 13 años después, el régimen
echaba mano de un pretexto bárbaro entresacado de sus
polainas: no existía en los archivos públicos
el expediente de nacionalización de Baruch Ivcher. Conclusión:
Ivcher no es peruano y entonces Canal 2 no puede ser dirigido
por él.
Pero si el 13 de
julio aparecía por primera vez la norma que lo despojaba
de su nacionalidad y, más tarde, de su propiedad, el
11 de julio los hermanos Mendel y Samuel Winter, socios minoritarios
de Canal 2, tenían ya listo un recurso legal por el cual
reclamaban la administración de este medio televisivo.
En el documento calificaban a Ivcher de "ciudadano israelí",
"pseudo compatriota" y "totalitario". Más
tarde cambiaron el tenor de su demanda, pero el objetivo siguió
siendo el mismo: tomar el control de Canal 2, en contubernio
con el gobierno, para silenciar la línea editorial que
le permitió a este medio desempeñar un papel descollante
en el periodismo de investigación. Dicho de otro modo,
regresar a la mordaza.
Entre el 6 de abril
y el 13 de julio de 1997, el programa "Contrapunto",
de Canal 2, había transmitido el
testimonio de la exagente del Servicio de Inteligencia del Ejército
(SIE), Leonor La Rosa, sobre las torturas a las que fue sometida
por cuatro oficiales de su institución, quienes fueron
procesados y condenados por la justicia militar; así
como el asesinato brutal –su cuerpo fue descuartizado y hasta
hoy no se conoce el paradero de sus manos ni de su cabeza– de
Mariela Barreto, también del SIE, y los ingresos caudalosos
($700,000 dólares sólo en
1995) de Vladimiro Montesinos. Para obtener el testimonio de
La Rosa, "Contrapunto" se las arregló
para introducir una cámara en el Hospital Militar, donde
ésta se recuperaba de las torturas.
Una semana después
del 13 de julio, "Contrapunto" sacó a la luz
el "Plan Emilio", un extenso operativo de espionaje
telefónico desplegado en 1995 contra el embajador Javier
Pérez de Cuéllar, exsecretario general de la ONU,
y en ese año candidato rival de Fujimori a la presidencia.
Un mes y medio antes,
el 23 de mayo, las Fuerzas Armadas emitieron un comunicado en
el que acusaban al "ciudadano nacionalizado peruano Baruch
Ivcher..." de haber montado una campaña sistemática
de desprestigio, "tergiversando situaciones", en contra
de los institutos castrenses.
Los señores
Winter, con prontitud marcial, hicieron pública una carta
en la que daban cuenta de su reunión con los altos mandos
militares, a quienes explicaron que nada tenían que ver
con la política editorial de Canal 2, pues la misma era
de exclusiva responsabilidad de Baruch Ivcher.
La revista Sí,
otrora emblemática por su investigación del caso
La Cantuta, pero que en 1997 mostró
una mansedumbre incondicional hacia el poder militar, acusó
a Ivcher de proveer armas a Ecuador. Para ello, publicó
una serie de documentos supuestamente lo inculpaban. Periodistas
de Canal 2 viajaron a Quito y entrevistaron a militares ecuatorianos,
entre ellos al general Paco Moncayo, sobre los documentos mostrados.
La respuesta fue una: son falsos. Sin embargo, en el extremo
del acoso a la libertad de prensa que practica el régimen
fujimorista, el oficialismo parlamentario aprobó una
moción legislativa lamentando que "periodistas peruanos
hayan entrevistado a militares ecuatorianos". Curiosamente,
en 1996, el director de Sí entrevistó al
general Moncayo en Quito. Más de 10 páginas de
revista fueron el fruto de ese diálogo, pero entonces
nadie se inquietó ni se rasgó las vestiduras nacionalistas.
Por último,
el semanario Gente, por arte de birlibirloque, "descubrió"
que en los archivos públicos no existía el expediente
de naturalización de Ivcher. Solicitó al Ministerio
del Interior una investigación, que se realizó
con celeridad máxima, y que concluyó
como la Resolución Directoral del 13 de julio.
El 19 de setiembre
la sede de Canal 2 fue tomada por un juez provisional (Percy
Escobar), con la ayuda de la fuerza pública, y entregada
a los socios minoritarios. En sincronizado operativo de inteligencia,
todos los teléfonos del canal así como los celulares
de los periodistas quedaron desactivados desde las primeras
horas de ese día. Más de 30 periodistas renunciaron
esa mañana de vergüenza nacional. Y ese mismo juez
fue quien desamparó a Ivcher de su derecho constitucional
a la nacionalidad, sellando así uno de los más
graves atropellos a la libertad de expresión en el hemisferio,
tal y como han calificado este caso la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP) y el Relator para la Libertad de Expresión
de la OEA, Dr. Santiago Cantón.
Sin embargo, la historia
de intolerancia y avasallamiento de la libertad de prensa no
acaba aquí.
José Arrieta,
exjefe de la Unidad de Investigación, fue implicado infundadamente
en una investigación sobre una supuesta falsa versión
dada años atrás por una fuente de Inteligencia
sobre un atentado terrorista. Arrieta vive hoy asilado en los
Estados Unidos.
En 1998, Baruch Ivcher
y varios de sus más importantes funcionarios de su empresa
de colchones Productos Paraíso, fueron involucrados,
sin pruebas reales, en una denuncia penal por evasión
tributaria y defraudación de rentas de aduanas en la
modalidad de sobrevaluación; es decir, por haber pagado
más impuestos que los que debían pagar. El juicio
oral se realizó en apenas una semana, incluyendo los
días sábado y domingo, como nunca antes había
conocido el Poder Judicial. Las condenas están escritas
–entre 12 y ocho años de prisión, según
pedido del fiscal– pero su lectura ha quedado reservada hasta
que comparezcan, pues los funcionarios de Productos Paraíso,
también tuvieron que marchar al exilio.
Por otra parte, desde
1997, Neomy Even, esposa de Ivcher, y Michal, su hija, iniciaron
una batalla legal en la vía civil para que se les reconozca
sus derechos en Canal 2. Un juez y vocales civiles les reconocieron
a ambas tales derechos: de un lado, porque la mayoría
de acciones (54 por ciento) forma parte de la sociedad conyugal
y, de otro, porque Michal Ivcher es accionista de este medio
desde 1994. Para evadir estas sentencias, la nueva administración
de Canal 2 promovió una infundada denuncia penal sobre
supuestas adulteraciones en el Libro de Registro de Acciones
de esta empresa televisiva, hechas, según afirman, para
otorgarles derechos que no les corresponden ni a la esposa ni
a la hija. Ellas han sido declaradas reas contumaces, pues ante
tan flagrante falta de garantías, tampoco han comparecido.
En el colmo del exceso hostigador, se llegó a pedir su
búsqueda y detención a Interpol. Coincidentemente,
tienen en sus manos este proceso, el mismo juez suplente, Nicolás
Trujillo, y la misma fiscal provisional, Hilda Valladares, que
acusaron y sentenciaron a los funcionarios de Productos Paraíso.
Y peor aún , hay acciones legales que han sido declaradas
procedentes en contra de los magistrados civiles que fallaron
a favor de la esposa e hija.
La persecución
por las supuestas adulteraciones en el Libro de Acciones, alcanzó
en junio de 1999 a Julio Sotelo, exgerente de Canal 2 y apoderado
legal de Ivcher, quien fue detenido arbitrariamente pese a haber
demostrado su inocencia en este caso. La orden de arresto en
su contra fue dispuesta por no haber estado presente en la primera
lectura de sentencia, aunque justificó plenamente su
ausencia por motivos de salud. Dos semanas después recuperó
su libertad gracias a una intensa campaña nacional e
internacional. Por similares imputaciones, otro exgerente de
Canal 2, Alberto Cabello, padece exilio.
Finalmente, como
consagración de los atropellos contra la libertad de
prensa y el Estado de Derecho, el gobierno ha dado el paso,
otra vez bárbaro, de anunciar el retiro del Estado peruano
de la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos. ¿Por qué y para qué? Pues, entre
otras razones, por una muy poderosa: el caso Ivcher-Canal 2
que llegó a fines de marzo de este año al tribunal
interamericano luego de que la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos, de la OEA declarara, primero, su admisibilidad
(marzo de 1998) y, luego, formulara al gobierno recomendaciones
sobre el fondo del caso, todas incumplidas.
¿Es el caso Ivcher-Canal
2 un episodio aislado, tal y como quiere hacer creer el gobierno,
dentro del panorama de la prensa peruana? De ninguna manera.
Ha sido y es, más bien, un capítulo cuyo final
aún no está escrito pero que, mientras tanto,
ha servido para que el resto de la prensa audiovisual y parte
de la escrita se contengan, autocensuren o amordazen de cara
a la segunda reelección de Alberto Fujimori y del modelo
autoritario de gobierno impuesto desde el golpe de abril de
1992.
De la prensa investigadora,
independiente, con opinión crítica, sólo
quedan escombros en la televisión. En los medios impresos
aún quedan espacios que se resisten a desaparecer, pero
están cada vez más estrangulados.