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La prensa: una amenaza a la libre expresión en el Paraguay
Por José Luis Simón G.

Diez años después de iniciada la "transición a la democracia" en el Paraguay, la libertad de prensa corre peligro. Paradójicamente, las principales amenazas provienen... ¡de sectores de la misma prensa!

Es algo coherente con la tradición autoritaria –política y culturalmente– que predomina en la historia paraguaya, y que a su vez explica la debilidad de la sociedad civil, incluso ahora, cuando hay señales de recuperación en esta esfera de la realidad. Por ende, es de muy reciente aparición el fenómeno de la opinión pública, bastante débil, todavía.

Con ese trasfondo histórico, influyentes medios de prensa actuales están convirtiéndose en expresiones de un auténtico "poder fáctico" en formación. Se trata de empresas periodísticas vinculadas a intereses económicos y políticos que hunden sus raíces en el reciente pasado autoritario.

El camino paraguayo a la democracia, entonces, se enfrenta a los peligros adicionales de una prensa que, en los hechos, no demuestra genuina vocación democrática. Aunque a diario pregone en sus editoriales un supuesto compromiso con el ideal de la sociedad abierta.

Durante la mayor parte de los casi dos siglos de vida independiente que tiene el Paraguay los ciudadanos padecimos diversos regímenes antidemocráticos, durante los cuales nos vimos privados de gozar de las civilizadas ventajas de las libertades, entre ellas la de prensa. Por ello, no es de extrañar que un modelo autoritario contemporáneo, el del general Alfredo Stroessner (1954-1989), nos oprimiera durante casi 35 años, impidiéndonos ejercer la libertad de expresión.

"Democracia sin comunismo" y Guerra Fría

Las largas y terribles décadas de la dictadura stroessnerista coincidieron casi cronológicamente con el contexto internacional, maniqueísta y polarizador, de la Guerra Fría (1947-1989). En esa coyuntura mundial, la superpotencia norteamericana, obsesionada con sus anticomunistas políticas de "seguridad nacional", le brindó al Palacio de López (sede del ejecutivo nacional) el mayor respaldo (económico-técnico, diplomático, militar y de seguridad) que, desde el exterior, conociera mandatario alguno del Paraguay. Todo justificado en la alianza entre Washington y la "democracia sin comunismo" de Stroessner.

Desde la administración del presidente Jimmy Carter (1967-81), esa "securitización" de la política exterior norteamericana empezó a ser matizada. Así se recuperaron valores olvidados internacionalmente por Washington, como democracia y derechos humanos, algo que mantuvo incluso el muy conservador Ronald Reagan, en sus dos administraciones. Pero Stroessner mantuvo petrificado su régimen opresivo, y, en la década de los ochenta, una de las características de ese anacrónico modelo autoritario, con no pocos condimentos totalitarios, fue su tenaz y sistemática persecución a todo lo que tuviera algo que ver con las libertades de expresión y de prensa, cualidades fundamentales de las sociedades abiertas, cuya forma jurídico-política es el Estado de Derecho. Tales libertades son el mejor instrumento para medir el grado de libertad existente en cualquier sociedad.

Una peculiar apertura política

La "transición" se inició en 1989 gracias a un golpe de estado aperturista, liderado por sectores más flexibles y disidentes, de la etapa final del autoritarismo de Stroessner, disconformes con el inmovilismo de un régimen esclerosado que ponía en peligro los propios intereses de supervivencia de tan poderosos grupos. Ponemos el término transición entre comillas, porque en el Paraguay de 1989 no se trató, ni se trata ahora de ello, de regresar a la democracia perdida durante el último modelo dictatorial, sino nada menos que de establecer, por vez primera, un sistema democrático, por ejemplo del tipo de la "poliarquía" teorizada por el economista estadounidense Robert A. Dahl.

Iniciada contradictoriamente, esta transición, pese a todo tiene también sus virtudes, y entre ellas está lejos de ser la menor la de haber inaugurado la apertura política que significó un gran avance en materia de respeto a los derechos humanos. En esta etapa histórica experimentamos la más amplia libertad de prensa vivida en el Paraguay desde el nacimiento de la República en 1811.

Sociedad autoritaria y prensa

Al momento del golpe liberalizador de 1989, la sociedad civil, lógicamente, estaba muy debilitada, y sufría de manifestaciones negativas como: ausencia de opinión pública; grave crisis educativa en todos los niveles (primario, secundario, universitario), con preocupantes secuelas para la formación de periodistas, y la inexistencia en los medios de prensa de una preocupación sistemática por el mejoramiento (técnico-profesional y ético) de sus recursos humanos.

Esto se explica porque, en una cultura tan autoritaria, el "patrón" (es decir, la empresa, que en el Paraguay son generalmente propiedad de familias, incluyendo las más grandes) siempre tiene la razón. El tipo de empleado que se busca, por lo común, no es el más capaz, sino el más "servicial", para no decir el más servil.

La apertura democrática, que nos permite disfrutar todavía las libertades irrestrictas de expresión y de prensa, ocurrió en una sociedad adormecida y no muy exigente en materia de calidad informativa, y con profesionales de la prensa que no encontraban, ni en los medios de comunicación ni en las universidades y centros de capacitación, estímulos para la formación continua y para seguir avanzando en la calidad profesional. Además, las empresas periodísticas, por lo general, se interesan apenas en el lucro, a cualquier precio, muchas veces, o bien casi exclusivamente en la modernización tecnológica de sus equipos.

Profesionalismo, ética, capacitación de los recursos humanos, que recordemos, nunca fueron políticas empresariales consistentes en los medios de prensa locales. Y hasta la principal y combativa organización gremial de los comunicadores paraguayos (el Sindicato de Periodistas del Paraguay, SPP, que acaba de cumplir dos décadas de intensa existencia), tardó en darse cuenta de que el profesionalismo, la ética y la formación permanente son obligaciones fundamentales de cualquier periodista que se precie de serlo.

¿Prensa o agencias de propaganda?

Lo más grave del caso es que, salvo contadas excepciones, que no agotan los dedos de una mano, la mayoría de las actuales empresas periodísticas del Paraguay, incluyendo a las exitosos desde el punto de vista comercial, no son negocios de comunicaciones "químicamente puros", sino expresiones de poderosos intereses económicos y políticos.

Esto conspira en contra de la calidad informativa y noticiosa de los medios, y contra la pluralidad de los contenidos, porque su verdadero "negocio" no es buscar y difundir la verdad, sino defender, no pocas veces deshonestamente, los intereses sectoriales que representan. En tiempos de crisis, como los que acabamos de vivir, y volvemos a transitar nuevamente en el Paraguay, eso se vuelve muy peligroso para la transparencia periodística.

Bajo ningún punto de vista se pretende insinuar aquí que sea ilegítimo para la prensa defender posiciones y tener posturas determinadas a partir de intereses concretos. Lo que se critica, como muy peligroso además, es que los intereses económicos y políticos que se mueven detrás de las empresas periodísticas no son reconocidos abiertamente, pues los medios los esconden detrás de una supuesta "objetividad" periodística.

La prensa: ¿nuevo "poder fáctico"?

Esta prensa distorsionada y distorsionadora, pues opta por el camino del "cuarto poder", cuando debiera decidirse por el papel de auténtico "contrapoder" transparentador, incluso llega a algo peor: a transformarse en un auténtico, y cada vez más ilimitado y peligroso "poder fáctico", similar en sus efectos antidemocráticos al que antes ejercían (inconstitucionalmente) los grupos militaristas de las Fuerzas Armadas en América Latina (y ni qué decir en el Paraguay), y los que hoy incluso desempeñan (particularmente aquí) los poderosos grupos económicos conformados alrededor de lo que el publicista argentino, Mariano Grondona, denomina el "estado de corrupción".

En otras palabras, hoy por hoy, en el Paraguay, más importante que ser militar militarista (es decir lo contrario a la ética del auténtico profesional castrense, el de una sociedad abierta, que por definición se subordina a la Constitución y las leyes), o que tener comandantes de tal naturaleza, amigos o "socios", es contar con la propiedad de una empresa periodística, establecida exclusivamente (eso se esconde, por lo general, detrás de "sesudos" y "filosóficos" editoriales sobre la importancia fundamental de la prensa en las sociedades abiertas) para defender al "jefe", o al sector al que pertenece, o a aquellos con quienes se ha aliado.

Esos intereses no pocas veces están vinculados con circuitos ilegales de acumulación de poder económico y político. Y se agregan a ello otros peligros. Por ejemplo, el de la tendencia a la monopolización de las redes multimedias. O bien, como resultado del fenómeno perverso de la prensa poder fáctico, las reacciones de grupos inescrupulosos de la politiquería criolla, cuyos representantes, aliados con sectores retrógrados del Poder Judicial, logran el hostigamiento de periodistas y empresas de prensa en la esfera judicial, y no precisamente para exigir, en el marco de las leyes, y si eso corresponde, las "responsabilidades ulteriores".

Cuando los elefantes se aman o pelean...

Los zwahili del suroriente de Africa tienen un proverbio, el cual dice más o menos lo siguiente: si los elefantes se pelean o se aman, es el pasto el que sufre. Cambiando lo que deba cambiarse, cuando los grandes intereses del poder fáctico (incluyendo a la propaganda disfrazada de medios de comunicación) se enfrentan en cualquier sociedad a través de "empresas periodísticas", corren grave peligro las fundamentales libertades de expresión y de prensa, y por ese camino llega a comprometerse el Estado de Derecho, que en el Paraguay actual es todavía una aspiración a ser conquistada por la ciudadanía.

 


(José Luis Simón G., exdirector del diario el Día y de Radio Uno de Asunción, Paraguay. Actualmente es conductor del programa "Desde la Vereda de Enfrente", que transmite la emisora católica Radio Cáritas.)

(15 de julio de 1999)

 

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