La popularidad de
la prensa latinoamericana
Por John Virtue
Los recientes tropezones
de la prensa estadounidense han puesto en evidencia dos cosas:
la impopularidad de los medios de prensa escritos y electrónicos
de los Estados Unidos, y, como contraste, el gran prestigio del
que disfrutan sus contrapartes en América Latina.
Gustavo Gorriti, periodista
peruano, subdirector La Prensa, de Panamá, escribió recientemente
un artículo en las páginas editoriales del New York Times,
donde llamó la atención sobre el hecho de que según encuestas,
el público siente respeto hacia los medios de prensa en América
Latina.
"Y esto es aún
más extraordinario, si se tiene en cuenta que la mayoría de los
países latinoamericanos están carentes de una prensa que siga
patrones comunes de búsqueda independiente de la información,
verificación de los hechos, redacción y edición, como los que
abrazan la mayoría de los medios de prensa estadounidenses",
escribió.
Este respeto por los
medios noticiosos fue rápidamente reconocido por el Centro de
Prensa Internacional, de la Universidad Internacional de la Florida,
cuando hace ya una década comenzó a involucrarse en la capacitación
de periodistas latinoamericanos. Algunas encuestas, incluso, mostraban
que en América Latina tres sectores de la sociedad disfrutaban
del mismo respaldo público: la Iglesia, la Prensa y las Fuerzas
Armadas. El hecho de que los militares estén incluidos en esta
lista es un reflejo de cuán tenues son las raíces de la democracia
en algunos países de la región.
Mientras que los medios
de prensa disfrutan de apoyo público, a través de varios estudios
descubrimos que no se puede decir lo mismo de los periodistas.
Esa fue una de las quejas principales que escuchamos durante una
serie de entrevistas que realizamos en los cinco países del Pacto
Andino, a lo largo de cinco meses. El informe final, de 235 páginas,
publicado en 1995 bajo el título de "Los periodistas en los
países andinos", decía al respecto:
"Algunos periodistas
de los países andinos, excepto de Ecuador, consideran que la falta
de una actitud de respeto hacia ellos por parte de los dueños
de los medios, de las personas sobre las que hablan en sus notas
periodísticas, y del público en general, es un gran problema.
"'El problema
más serio que enfrentamos es la falta de respeto hacia nuestro
trabajo por parte de parte de políticos y dueños, dijo un
reportero de 32 años, que trabaja en un diario de Bolivia. Nos
tratan como a peones.
"Otros periodistas
en Colombia relacionan esa actitud de falta de respeto hacia ellos
con la imagen que han creado algunos colegas veteranos de la profesión,
que sí aceptan sobornos.
"Tenemos
que luchar para superar esa mala impresión que han dejado los
periodistas de la vieja guardia", afirmó un joven de 27 años,
editor de la página social de un medio de prensa de Bogotá.
"Los periodistas
no son respetados por la sociedad, dijo una reportera de
23 años, que trabaja para una revista de Lima, Perú.
"'Creo que el
mayor problema es la poca consideración que se tiene hacia los
periodistas, a pesar de la importancia de nuestro papel como informadores,
opinó un periodista deportivo de 44 años, que escribe para un
periódico de Caracas, Venezuela. Muchas veces somos víctimas
de abusos por parte distintos sectores de la sociedad."
Varios estudios realizados
en Centroamérica pusieron a la luz quejas similares en cuanto
a la falta de un sentimiento de respeto hacia los periodistas.
¿Cómo
puede entenderse entonces que el público apoye a los medios de
prensa, si no respeta a los periodistas?
Creemos que los periodistas
colombianos tocaron un punto clave: el soborno. El público respeta
a la prensa como un todo, pero al mismo tiempo está convencido
de que hay periodistas corruptos.
Que los políticos muestren
poco respeto hacia los periodistas, no sorprende a nadie. Nuestras
investigaciones han demostrado que los gobiernos y los políticos
son los mayores corruptores de los periodistas. Y quien ofrece
un soborno no puede dejar de sentir desprecio por el que lo acepta.
Gorriti mencionó el
hecho de que la prensa latinoamericana no realiza tanto periodismo
investigativo como la estadounidense. El equipo que él dirige
en La Prensa es, por cierto, uno de los mejores en América
Latina.
La mayor parte de las
críticas hacia la prensa en los Estados Unidos tienen que ver
con reportajes investigativos y con la competencia por ser los
primeros en dar una noticia. Eso fue lo que ocurrió con un informe
publicado recientemente en la revista CCN-Time sobre el
uso del mortal gas sarín contra desertores norteamericanos de
la guerra de Vietnam, lo cual no fue probado. The Cincinnati
Enquirer, por su parte, tuvo que llegar a un acuerdo multimillonario
con la empresa Chiquita, después de que la compañía bananera declaró
que el periodista investigativo había interceptado ilegalmente
mensajes telefónicos internos.
El papel fiscalizador
de la prensa en una democracia requiere de periodismo investigativo.
Esa necesidad es mayor en Latinoamérica que en los Estados Unidos,
Canadá o en países de Europa del Este. La razón es que en estos
últimos existen comités del congresionales de fiscalización y
organizaciones no gubernamentales que están al tanto de los casos
de corrupción. En aquellos lugares donde existen esas entidades
en América Latina, usualmente no disfrutan de la necesaria independencia,
por lo que el papel de la prensa es aún más importante.
La prensa latinoamericana
comenzará a perder su popularidad una vez que los reportajes investigativos
se hagan más frecuentes y, cuando las personas investigadas empiecen
a quejarse. En la mayoría de los países de la región hay reporteros
que pertenecen a Investigative Reporters and Editors (IRE), un
grupo con sede en los Estados Unidos, que tiene un centro de capacitación
en México.
Los periodistas que
fundaron la organización escogieron ese nombre porque su abreviatura:
IRE, significa "ira" en español. Ese es el sentimiento
que provocan muchos reporteros investigativos cuando destapan
la corrupción. Y ese es también el sentimiento que pueden despertar
entre los lectores, televidentes o radioescuchas.
Aún la prensa latinoamericana
no disfruta de protección legal para sus investigaciones, como
ocurre en los países de Occidente. Por el contrario: en todos
los países de la región existen leyes de prensa, y en algunos,
existen incluso propuestas de leyes que, de aprobarse, podrían
ponerle aún más trabas a la libertad de prensa.
Los métodos de mano
dura, utilizados por los dictadores, han sido reemplazados por
formas más sutiles de coerción, como auditorías abusivas de las
declaraciones de impuestos, negación de permisos de importación,
amenazas de no renovar las licencias de transmisión, así como
el uso de la propaganda oficial para premiar o castigar a los
medios.
Los factores anteriores,
incluyendo todos los detalles desconocidos por los lectores, los
radioescuchas y los televidentes, pueden afectar la percepción
pública sobre los medios de prensa, cuando se realiza una encuesta.
La popularidad de los
medios, por lo tanto, puede ser engañosa.
(John
Virtue, editor de Pulso. Durante 17 años
trabajó con United Press International (UPI) en Latinoamérica.
En 1982 asumió la dirección de el diario El Mundo,
de San Juan, Puerto Rico.)