Los
"diablos" de la prensa peruana
Por Jorge
Salazar Cussiánovich
Cuando en abril de
1992 el presidente Fujimori dio el autogolpe, se inició
un proceso de intervención y copamiento de las instituciones
del Estado. Inicialmente, el sector más afectado fue el
de Justicia. Entonces, se nombró una Comisión Ejecutiva
del poder judicial (presidida por un alto oficial de la Marina
de Guerra del Perú), y otra del Ministerio Público.
Dichas comisiones subsisten en la actualidad y poseen amplias
facultades que les permiten nombrar y destituir jueces y fiscales.
Así, en los años siguientes, la sustitución
de funcionarios de justicia independientes por otros nombrados
provisionalmente, pagando favores y sometidos a la incondicionalidad
gubernamental, terminaron con la independencia del poder judicial.
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Baruch
Ivcher, accionista mayoritario de Canal 2, de Perú,
se vio obligado a salir al exilio.
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Este proceso, que entre
1995 y 1996 logró su consolidación, trajo como consecuencia
la pérdida de credibilidad de la ciudadanía en la
justicia. El sentimiento de inseguridad jurídica se generalizó
en la población. La libertad con la que hasta entonces
pudo desenvolverse medianamente la prensa, hizo que los periodistas
pasaran a cumplir el papel fiscalizador que las instituciones
del estado no cumplían y, a la vez, convertirse en los
canalizadores de muchas de las quejas y denuncias de la ciudadanía.
Sicológicamente se buscaba compensar la falta de justicia
o la poca esperanza en ésta, con la denuncia. Adicionalmente,
la corrupción y el accionar siniestro del Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN), –que incluyeron espionaje telefónico contra
políticos y periodistas, atentados y asesinatos incluso
dentro de las propias filas del SIN a aquellos agentes identificados
como fuentes de la prensa–, fueron materia de documentadas investigaciones
periodísticas que minaron las relaciones entre el gobierno
y la prensa. En 1997, según informe del Instituto Prensa
y Sociedad (IPYS), se llegó al peor momento de estas relaciones,
siendo su expresión más saltante, el retiro de la
nacionalidad del empresario Baruch Ivcher y el despojo del manejo
de su canal de televisión poco después de destapar
el escándalo del espionaje telefónico por parte
del SIN. Entonces, corría julio de 1997.
En abril de 1992, cuando
el autogolpe, hubo un primer "campanazo" de alerta respecto
de lo que ocurriría con la prensa independiente y los medios.
El mismo día del golpe, todos los medios fueron ocupados
por efectivos militares que controlaron las informaciones que
aparecerían al día siguiente. El periodista Gustavo
Gorriti, fue secuestrado en su domicilio por efectivos militares
y trasladado a un cuartel militar, en el que permaneció
en calidad de desaparecido al no reconocerse su captura. Fue gracias
a la actuación enérgica y decidida de una embajada
extranjera que Gorriti no pasó a engrosar la larga lista
de detenidos desaparecidos en el Perú, y hoy reside en
Panamá.
Desde entonces, el
gobierno empezó a tratar de presionar a los medios de comunicación
a través de las empresas anunciantes con la amenaza de
ser "visitados" por funcionarios de la temida Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (SUNAT). Ya en 1997,
la presión era más directa mediante comunicaciones
del asesor presidencial Vladimiro Montesinos a los propietarios
de medios, así como del asesor publicitario gubernamental,
Daniel Borobio. Al respecto, el destacado periodista César
Hildebrandt, en su programa político televisivo difundió
grabaciones de ambos personajes dando la pauta de noticieros y
programas políticos al propietario de uno de los más
importantes canales de televisión.
Si bien la televisión
es un buen ejemplo de las presiones ejercidas por el gobierno
hacia los medios (en octubre de 1998 habían cinco programas
políticos; en septiembre de 1999 quedan dos, uno de los
cuales es abiertamente progobiernista y otro cuyo contenido fue
ostensiblemente transformado), la prensa escrita también
ha sido víctima de esta campaña.
La proliferación
de diarios sensacionalistas se acrecentó en los últimos
años. Existe un diario de circulación nacional claramente
opositor: La República. El diario El Comercio
(decano del periodismo en el Perú), ha mantenido una línea
identificada por muchos como conservadora. Sin embargo, en los
últimos años ha ido asumiendo una posición
de independencia y distancia del gobierno, con la publicación
de reveladores reportajes sobre corrupción en altas esferas
gubernamentales y en las Fuerzas Armadas. Esto ha hecho que ambas
publicaciones se conviertan en blanco de ataques de diversa índole
por parte del gobierno.
El Ministerio de la
Presidencia está considerado por la Supervisión
de Medios y Publicidad S.A.C., como el principal cliente publicitario
de los medios. Recientemente la revista Caretas publicó
un cuadro de dicha asociación en el que aparecía
al estado como principal anunciador con 16 millones de dólares
entre enero y mayo de 1999, seguido –en segundo lugar–, por una
conocida empresa fabricante de cervezas, con seis millones. Parte
de esa publicidad es la que sustenta en buena medida a la prensa
sensacionalista que hoy ataca diariamente a políticos opositores
y periodistas independientes.
El 13 de octubre de
1997 el diario sensacionalista El Chino circuló
acompañado de un suplemento de ocho páginas dedicado
a difamar y atacar al periodista Manuel D´Ornellas. Este, recientemente
fallecido en el exilio, era entonces uno de los editorialistas
más respetados y críticos al régimen. En
carátula y al lado de la foto del periodista, el suplemento
anunciaba el lanzamiento de la serie "Los Camaleones de la
Política". El contenido de los artículos contra
D´Ornellas, evidenciaba la consulta de archivos sobre su trayectoria.
Cabe destacar que los diarios sensacionalistas no cuentan con
unidades de investigación ni archivos dada su aparición
reciente.
El 13 de diciembre
de 1997 circuló una nueva edición del suplemento
"Los Camaleones de la Política", el que bajo
el titular de primera página: "(César) Hildebrandt,
un chato mental" y "Cecilia (Valenzuela): una diabla",
dedicó sus páginas a insultar e injuriar a ambos
periodistas independientes que, entonces, contaban con programas
políticos diarios en televisión. La información
contenida, a pesar de burdas interpretaciones y mentiras, daba
cuenta de antecedentes políticos dignos de un archivo de
inteligencia y no periodístico.
El 27 de marzo de 1998
apareció un nuevo suplemento, también de la serie
"Los Camaleones de la Política" pero con el titular
"Los Rabiosos de la Prensa Antiperuana: Angel Paez, Fernando
Rospigliosi y José Arrieta, los tres mosqueteros de la
antipatria". Paez es jefe de la unidad de investigación
del diario La República, Rospigliosi columnista
de la revista Caretas y Arrieta fue periodista de investigación
del canal 2 hasta que se le retiró la nacionalidad a Baruch
Ivcher. Arrieta, ante la inminencia de ser acusado judicialmente
de haber fabricado el guión para un exagente del servicio
de inteligencia que denunció acciones encubiertas de esa
organización y recibir amenazas de muerte, debió
salir del país a principios de 1998 y hoy tiene estatus
de asilado político en los Estados Unidos.
Otros suplementos fueron
publicados en fecha posterior. Asimismo, diariamente se incluyeron
en las páginas del diario El Chino y El Tío,
artículos contra una larga lista de periodistas independientes
como –además de los ya citados–, Gustavo Mohme, Luis Iberico,
Baruch Ivcher, Edmundo Cruz, entre otros. Hasta el momento, se
han publicado alrededor de 50 artículos contra Angel Paez,
86 contra Gustavo Mohme y 30 contra César Hildebrandt,
por solo citar algunos casos. Entre los titulares de éstos
figuran: "Gustavo Mohme, el diablo predicador: de comunista
conspirador a falso demócrata"; Rospigliosi: "terrorista
encubierto", "golpista por encargo", "rabona
de ejércitos extranjeros"; "Judas Paez desacreditó
al Perú en el mundo"; "Paez reconoció
ser traidor", etc.
Esta situación
hizo que el IPYS organizara en junio de 1998 la visita de una
comisión internacional integrada por representantes del
Comité para la Protección de Periodistas de Nueva
York (CPJ), Reporteros Sin Fronteras (RSF), Freedom Forum y Periodistas
de Argentina. Durante una larga audiencia de la delegación
con el Presidente Fujimori, se le manifestó a éste
la preocupación de la delegación por los ataques
desde cierta prensa hacia periodistas independientes. El Presidente
tomó nota. Tres días después de la entrevista
cesaron las publicaciones, aunque algunos meses más tarde
se reiniciaron, esta vez centrando los ataques fundamentalmente
contra el director del diario La República y algunos
de sus más destacados periodistas. La campaña permanente
en el diario El Tío continuó hasta agosto
de 1999.
El 31 de mayo apareció
en los puestos de venta de diarios de Lima una nueva publicación
autodenominada Repúdica –en edición de 16
páginas a todo color–, sin dirección ni teléfono.
Copiando logo y formato del diario La República,
Repúdica incluyó entre sus titulares: "Páez
y Cruz siguen engañando al pueblo, ¡falsificadores!";
"Mohme dirige campaña contra el Perú",
e "Hildebrandt se jura paladín de la libertad de prensa".
Según la investigación preliminar realizada por
el diario La República, la casa editora de Repúdica
es la misma de los diarios sensacionalistas Mañanero
y Chuchi, ambos con presumible vinculación al Gobierno
y los servicios de inteligencia.
La República
inició dos acciones, una ante el Instituto Nacional de
Defensa del Consumidor y de la Propiedad Intelectual (INDECOPI),
e interpuso una denuncia ante la Fiscalía de la Nación.
Bajo diversas argucias, la empresa editora del pasquín
se negó en junio de 1999 a responder a una resolución
de INDECOPI que los obligaba a identificar a los responsables
de dicha publicación. Por su parte, el fiscal a cargo de
la denuncia decidió archivar la misma "por haber recurrido
ya a INDECOPI", argumento que de acuerdo a juristas consultados
no tiene validez alguna por tratarse de instancias y requerimientos
de naturaleza distinta (uno sobre el derecho de propiedad intelectual
y el otro de carácter penal). Entre el 26 de julio y 3
de setiembre de 1999, han circulado por lo menos nueve ediciones
de un nuevo pasquín autodenominado Repudio, el que
evitando imitar el formato de Repúdica para evitar
problemas con INDECOPI, tiene similar contenido, tildando a los
periodistas de investigación como traidores a la patria,
"plumíferos amarillos" y "vulgares reptiles"
o "connotados periodistas comunistas que buscan el descrédito
de las Fuerzas Armadas, garantía del país ante cualquier
agresión". Aunque figura con un precio nominal de
venta, misteriosos y escurridizos personajes lo distribuyeron
en diversos puntos de la ciudad de Lima gratuitamente. La gran
pregunta es ¿quién financia esta costosa campaña
y con qué objetivos?
Diversos analistas
opinan que la campaña tiene como objetivo restar credibilidad
a los periodistas independientes que no apoyan al gobierno y que
son contrarios a la pretensión re-reeleccionista del actual
Presidente. En ese orden de ideas, la campaña contra la
prensa sería parte de la estrategia electoral: por un lado
controlar aquellos medios de comunicación que por razones
políticas y, especialmente económicas debido a la
crisis, deciden sumarse a la misma y no difundir informaciones
contrarias al régimen y, por otro, cerrar las tribunas
independientes y atacar, injuriar y difamar a aquellos pocos medios
que se oponen al gobierno. En esa línea también
se inscribirían las diarias declaraciones públicas
de altos funcionarios gubernamentales contra el prestigioso diario
El Comercio, cuyas informaciones se encargan de desmentir
tratando infructuosamente de descalificar.
Al contenido de los
cientos de artículos y pasquines contra periodistas independientes
en los últimos años, con lenguaje que para muchos
observadores evidenciaría plumas castrenses, se sumó
desde noviembre de 1998 la página web APRODEV (Asociación
Pro Defensa de la Verdad), la que dirigida por un exmilitar argentino
y hoy prófugo de la justicia de ese país, Héctor
Faisal, cumple la misma función desde el ciberespacio.
Faisal enfrenta actualmente dos procesos judiciales en el Perú
iniciados en abril de 1999 por un grupo de periodistas injuriados.
En el camino, las dos juezas que iniciaron la acción penal
con particular independencia, fueron removidas de sus puestos
al día siguiente de emitir la primera resolución.
Asimismo, la solicitud de extradición del gobierno argentino
contra Faisal, fue rechazada en tiempo récord y sin citar
a las partes por un juez provisional –tras la rápida destitución
del que recibió el expediente–, teniendo entre sus fundamentos
que no existían evidencias de que Faisal se encontrara
en el país. Ello a pesar de haber publicado éste
cartas notariales firmadas como representante legal de APRODEV,
tener domicilio y haberse probado en el proceso y públicamente,
sus estrechos vínculos con la Fuerza Armada del Perú.
Si bien existen muchos
indicios que vinculan al gobierno y a los servicios de inteligencia
con la campaña que existe hoy contra la prensa independiente
en el Perú, una de las pistas más importantes fue
proporcionada el 28 de mayo de 1998 por el diario La República:
la publicación de un facsímil remitido desde la
empresa de Augusto Bresani, asesor del Comandante del Ejército
–según su propia declaración–, en el que Bresani
de puño y letra señalaba los titulares del día
siguiente del diario El Tío. Entre las frases contenidas
en el artículo dirigido a El Tío y que fue
textualmente reproducido, figuraba "el traidor –Paez– no
logra saciar sus odios al gobierno del ingeniero Fujimori y a
las Fuerzas Armadas, alentado por unos cuantos dólares
no vacila un instante en inventar historias buscando el desequilibrio
del país". Paez, prestigioso periodista de investigación,
ha hecho varias revelaciones documentadas de negocios y corrupción
al interior de las Fuerzas Armadas con la compra de armas y equipos.
A las publicaciones
mencionadas, que forman parte de una bien estructurada campaña
contra la prensa, se suman las amenazas de muerte y las presiones
que han hecho que muchos de los más destacados periodistas
de oposición se encuentren sin empleo. El panorama en el
contexto electoral no es alentador y diversos analistas señalan
que la situación podría empeorar conforme se acerque
la fecha de las elecciones generales fijadas para abril del 2000.
La solidaridad y preocupación internacional son indispensables
para salvaguardar la libertad de prensa en el Perú y la
integridad física de los periodistas independientes que
hoy se encuentran en la mira.
(Jorge Salazar Cussiánovich,
director ejecutivo del Instituto Prensa y Sociedad.)
(12
de septiembre de 1999)