Desenmascarando
los rostros de la censura
Por John
Virtue 
El mes pasado, Santiago A. Cantón,
un abogado argentino de 36 años de edad, hizo su primer informe
sobre Libertad de Expresión, como el primer relator de la Organización
de Estados Americanos. En octubre de 1997, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos, órgano principal de la OEA, decidió crear
la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, como un
órgano de la Comisión con carácter permanente, independencia
funcional y estructura operativa propia. Esta iniciativa de
la Comisión encontró pleno respaldo durante la Segunda Cumbre
de Jefes de Estados y Gobiernos de las Américas, que tuvo lugar
en Santiago, de Chile a mediados de abril de 1998. A través
de la Declaración de Santiago, y de su Plan de Acción, los dignatarios
expresaron su voluntad de apoyar la creación de la Relatoría
para la Libertad de Expresión. Cantón asumió el puesto en noviembre
pasado. Antes de su nombramiento, fue director de Información
Publica de la OEA. Entre 1994 y 1998 fue director para América
Latina y el Caribe del National Institute for International
Affairs en Washington.
Pulso del Periodismo: ¿En qué se diferencian las amenazas actuales
contra la libertad de prensa en América Latina de las de hace
25 años?
Santiago Cantón: Desde mi
punto de vista, la principal diferencia entre las amenazas a
la libertad de expresión que ocurren hoy en día, y aquellas
que sucedían en décadas pasadas, está dada básicamente por los
diferentes escenarios políticos en donde se desarrollan estas
amenazas.
Hace dos
décadas muchos estados del hemisferio tenían gobiernos dictatoriales,
los cuales por sí son una negación de la libertad de expresión
e inhiben el desarrollo de ésta. Hoy en día, con gobiernos elegidos
democráticamente en todo el continente –con la única excepción
de Cuba– existe un terreno más fértil para el desarrollo y protección
de la libertad de expresión.
P.: Algunos editores de
periódicos latinoamericanos afirman que el enemigo número uno
de la libertad de prensa en América Latina ya no son los dictadores,
sino los políticos. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
S.C:
No es posible generalizar y decir que los políticos son el enemigo
número uno de la libertad de expresión. El enemigo número uno
de la libertad de prensa es el autoritarismo que, a pesar del
retorno de la democracia, continúa existiendo en algunos países
de la región.
P.: Usted
ha dicho que los principales problemas que enfrenta la prensa son las amenazas institucionales
y no institucionales. ¿Puede decirnos a qué se refiere en cada
caso?
S.C.:
La Relatoría esta preocupada por cualquier tipo de problema
que dañe a la libertad de expresión, desde los asesinatos y
las amenazas a los periodistas, hasta aquellos casos en los
que se utilizan otras formas que también constituyen un grave
atentado contra la libertad de expresión, como son las leyes
restrictivas o las sentencias de tribunales de justicia.
P.: Durante los últimos años se han reportado varias
demandas judiciales contra periodistas, ¿considera usted que
esto representa una nueva táctica para inhibir y controlar a
la prensa?
S.C.:
Las demandas judiciales contra periodistas es una herramienta
frecuentemente utilizada hoy en día por funcionarios públicos,
con el objetivo de acallar las críticas en su contra. La Comisión
Interamericana de Derechos Humanos elaboró un estudio sobre
las llamadas “leyes de desacato” y concluyó que estas eran incompatibles
con la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y restringían
el debate, fundamental en toda sociedad democrática.
P.:
Teniendo en cuenta la debilidad del poder legislativo y del poder judicial en muchos países, ¿tiene
la prensa en América Latina un papel aún más importante como
vigilante de las democracias latinoamericanas, que el que les
corresponde a los medios de prensa de los Estados Unidos, Canadá
o Europa Occidental?
S.C.:
No quisiera hacer una comparación entre el papel de la prensa
latinoamericana y la prensa de los Estados Unidos, Canadá y
Europa Occidental como vigilantes de las democracias. Para desarrollar
un análisis serio y completo sobre el particular deberíamos
tomar en cuenta muchos elementos y circunstancias históricas.
En lo que
se refiere a las democracias latinoamericanas, en muchas de
estas existe hoy en día una debilidad en sus instituciones públicas
encargadas del control de las autoridades y de los ciudadanos.
Por ejemplo, el poder judicial en muchos casos es ineficiente
a la hora de investigar los hechos que llegan a su conocimiento
y sancionar a los responsables. Por otra parte, la corrupción
y el narcotráfico han erosionado en numerosos casos las instituciones
públicas. Precisamente en esas circunstancias la prensa se ha
transformado en el principal instrumento de vigilancia y control
de las autoridades y de los ciudadanos, trayendo al debate público
aquellos hechos ilegales o abusivos que han evadido los mecanismos
de control propios de un estado de derecho, o han encontrado
en éstos un aliado o cómplice. Es dentro de este contexto que
en muchas ocasiones la prensa se ha transformado en el instrumento
más efectivo de control y freno a aquellos actos ilegales o
abusivos cometidos por las autoridades o particulares en democracia.
P.: ¿Tiene la prensa latinoamericana la independencia, el profesionalismo
y los recursos financieros necesarios para llevar a cabo su
papel de defensora de los derechos del público?
S.C.:
No es posible hacer una generalización sobre este tema, ya que
las circunstancias varían de país en país. En algunos países
existe un gran profesionalismo e independencia, mientras que
en otros el control de la prensa por parte del Estado es casi
absoluto. Tengamos presente que este es un hemisferio en donde
existen democracias fuertemente consolidadas por el paso de
varias décadas –como las de Costa Rica y Estados Unidos–; mientras
que en el otro extremo hay un país como Cuba donde no existe
democracia, y, por lo tanto, no existe libertad de expresión.
P.: En Brasil y Panamá todavía existen
en los libros leyes de prensa restrictivas establecidas por
gobiernos dictatoriales. En el resto de los países latinoamericanos
hay leyes de prensa. Sin embargo, las organizaciones periodísticas
afirman que la mejor ley de prensa es la que no existe. ¿Está
usted de acuerdo con esa idea?
S.C.:
No solamente en Brasil y en Panamá existen leyes que restringen
la libertad de expresión. En muchos otros países también hay
este tipo de leyes, dictadas durante gobiernos dictatoriales
o autoritarios, y que se utilizan frecuentemente hoy en día.
Por ejemplo, en Chile, leyes de la época del General Pinochet
están siendo frecuentemente utilizadas e invocadas por el poder
judicial. En la actualidad, en 17 países del hemisferio existen
leyes de desacato.
En cuanto
a si la “mejor ley de prensa” es la que no existe, no quisiera
generalizar al respecto. Yo soy partidario de que debe existir
la menor regulación posible que signifique un menoscabo o restricción
a la libertad de expresión, pero en determinados casos se necesita
una ley que regule la libertad de expresión, para hacerla acorde
con los instrumentos internacionales de derechos humanos. Esta
afirmación mía puede dar lugar a un amplio análisis, pero le
quisiera poner un ejemplo. Conforme a la Convención Americana
sobre Derechos Humanos “toda persona tiene derecho a la libertad
de pensamiento y expresión. Esto comprende la libertad de buscar,
recibir, y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin
consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito, en
forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento
de su elección”. Pero la misma Convención señala que estará
prohibida por ley toda propaganda en favor de la guerra y toda
apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan
incitaciones a la violencia en contra de personas o grupos.
Asimismo, la Convención señala, que los espectáculos públicos
pueden ser sometidos por ley a censura previa, con el exclusivo
objeto de regular el acceso a ellos, para la protección de los
menores. En las circunstancias señaladas anteriormente, se hace
necesario que en los países exista una ley especial que regule
la libertad de expresión en los aspectos señalados, para que
esté acorde con los instrumentos internacionales de derechos
humanos.
P.: En
América Latina ha sido una práctica común de los gobiernos y
del sector privado sobornar a los periodistas para recibir a
cambio una cobertura favorable o para suprimir una cobertura
desfavorable. ¿Cuán serio es este problema hoy?
S.C.:
Efectivamente, en algunos países del hemisferio existe esa práctica.
En cuanto a la magnitud global del problema, hasta ahora no
existe un estudio al respecto, pero todo hecho que signifique
el soborno de un periodista para tergiversar una información,
representa un hecho grave toda vez que lo que se busca es desinformar
y confundir a la sociedad para que no pueda percibir una realidad
y formarse su propio juicio.
P.: ¿Qué tipo de medidas punitivas puede tomar la Organización de Estados
Americanos contra los violadores de la libertad de prensa?
S.C.:
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, órgano principal
de la Organización de Estados Americanos, es la encargada de
velar por la promoción y protección de los derechos humanos
en el hemisferio. Es precisamente ésta quien puede conocer de
aquellos casos en donde los estados del hemisferio, ya sea por
acción u omisión, han cometido violaciones a la libertad de
expresión.
Una vez
que la Comisión conoce de un caso, emite un informe en el cual
hace un análisis de las circunstancias de hecho y derecho de
éste, y formula recomendaciones al estado en particular. Sesenta
días después de la remisión del informe al Estado, la Comisión
evalúa si el Estado cumplió con las recomendaciones formuladas.
Entonces se puede tomar dos decisiones: publicar un informe
o enviar el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
La Comisión recientemente le envió a la Corte dos casos sobre
libertad de expresión: uno contra el estado peruano, y otro
contra el estado chileno. Dentro de este contexto, la Relatoría
puede utilizar todos los mecanismos a disposición de la Comisión,
como también nuevos procedimientos que la Comisión crea
conveniente para garantizar una mejor protección de este derecho.
P.:
La unión de varios medios de prensa bajo un mismo propietario
–como está ocurriendo en Colombia, por ejemplo–, ¿representa
un peligro para la libertad de expresión?
S.C.:
Indudablemente, el monopolio de los medios de comunicación
afecta la libertad de expresión. Este es uno de los temas que
la Relatoría podría considerar en futuros informes.
P.: ¿Cuál cree usted que sea la influencia de Internet en las organizaciones
de prensa ya establecidas?
S.C.:
Creo que Internet desempeña un papel fundamental en el mundo
de las comunicaciones. En lo que respecta a las organizaciones
de prensa, la Internet hace posible que el flujo de información
periodística que estas producen llegue a un mayor número de
personas, y a su vez permite que los medios de prensa se informen
con más rapidez de lo que esta sucediendo en otras partes del
mundo.
P.: Finalmente, ¿cuál es la amenaza más fuerte contra la libertad de prensa
en nuestro hemisferio?
S.C.:
Entre las principales amenazas para la libertad de expresión
en nuestro hemisferio podemos mencionar el asesinato de periodistas
(en las últimas décadas más de 150 periodistas han sido asesinados),
las múltiples amenazas de que son objeto diariamente los medios
de comunicación y los periodistas en general; la voluntad política
de algunos funcionarios públicos de acallar a sus críticos a
través de diferentes formas de hostigamiento; la existencia
y la no derogación de “leyes mordaza”, contrarias a la Convención
Americana sobre Derechos Humanos y otros instrumentos internacionales;
la aplicación de la censura previa, y la existencia de organismos
de censura de la libertad de expresión.