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La nueva regla del periodismo latinoamericano
Por Toni André Scharlau Vieira

Probablemente pocos hombres de negocio o políticos hayan viajado tanto entre 1996 y 1998 como Jayme Sirotsky, brasileño, periodista y defensor apasionado de la libertad de prensa.

En los últimos dos años, mientras ocupaba el cargo de presidente de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), Sirotsky realizó 100 viajes de trabajo para reunirse con líderes mundiales, representantes de organizaciones internacionales, directores y editores de periódicos de 51 países del mundo.

A lo largo de toda su vida profesional Sirotsky ha sido un abanderado de las batallas por la libertad de expresión y un promotor insomne del periodismo ético y responsable.

Hoy en día, como embajador de WAN y presidente del Consejo de Administración de Rede Brasil Sul (RBS), un grupo integrado por 17 canales de televisión, 20 sistemas de televisión por cable, 18 emisoras de radio, cuatro diarios y una empresa productora de anuncios comerciales, Sirotsky reconoce que su labor de "misionero" de una prensa libre y profesional le ha ocupado muchas horas lejos de su familia y de sus negocios. Pero aun así, dice, no se arrepiente de haberlo hecho.

Pulso del Periodismo: El expresidente estadounidense Tomas Jefferson dijo que era mejor una sociedad con periódicos y sin gobierno que con gobierno y sin periódicos. De cierta forma esta máxima es cada vez más actual pues, con el acentuado proceso de globalización y la consolidación de una cultura mundial, las sociedades y los ciudadanos muchas veces solo tienen en los medios de comunicación un canal de dos vías. Dentro de este cuadro, ¿cómo se colocan las empresas de comunicación en un momento en que varios países latinoamericanos están consolidando sus sistemas democráticos y cada vez más el público toma conciencia del poder de los ciudadanos?

Jayme Sirotsky: Las sociedades democráticas no pueden prescindir de medios de comunicación democráticos y éticamente dirigidos. No hay dudas de que esa famosa declaración del presidente Jefferson da la dimensión de la importancia que la circulación de informaciones tiene para las sociedades democráticas. En ellas los medios de comunicación libres y dirigidos con ética y responsabilidad son imprescindibles. También es indiscutible que los procesos de intercambio mundial propiciados por la globalización son al mismo tiempo causa y consecuencia de la creciente valorización de las informaciones confiables y libres.

En nuestro continente la prensa representó, como regla, una trinchera de resistencia contra la arbitrariedad, y muchas veces fue la primera de sus víctimas. Con la democratización del continente, el aumento de la conciencia democrática exige que los medios de comunicación refuercen cada vez más su profesionalismo, tengan un mayor sentido de responsabilidad y ofrezcan informaciones más confiables. De manera general, las empresas de comunicación están respondiendo a ese desafío con más profesionalismo, modernidad tecnológica y nuevas plataformas éticas. Esa calificación, sin embargo, está todavía lejos de haber alcanzado el nivel que se exige, mostrando un panorama distinto de acuerdo con cada país o región. Aun en los países democráticos la prensa sufre restricciones.

P.: ¿Es posible hacer una comparación –al menos desde el punto de vista de la libertad de expresión– entre el momento en el que se está desarrollando actualmente el periodismo y el que vivíamos hace unos 10 o 15 años? ¿Es posible decir cuál era mejor y cuál peor?

J.S.: En la medida en que se amplían las fuentes de información de la sociedad, aumentan las demandas de los ciudadanos y las estructuras en general. En el caso brasileño y el latinoamericano, en general, hubo avances. Aumentó considerablemente la participación de los medios de comunicación y de los periodistas en denuncias, en investigaciones y en las relaciones de los ciudadanos con los gobiernos.

Desde el punto de vista de la libertad de expresión, la comparación entre la situación de hoy y la de los años setentas y ochentas, revela el avance que obtuvimos en esa área. El mapa político latinoamericano de aquellas dos décadas estaba ensombrecido por regímenes dictatoriales que dejaban apenas algunos puntos luminosos. La libertad política y de expresión eran excepciones. Hoy son la regla. En este sentido el momento actual del periodismo es absolutamente diferente y mejor que el de hace 10 o 15 años. En algunos de nuestros países, entre ellos Brasil, nunca se vivió un período de tanta libertad de prensa, ni tampoco durante tanto tiempo. Del lado negativo puede decirse que el límite ético es hoy en día más tenue, sobre todo en lo que tiene que ver con la privacidad.

P.: Uno de los dos pilares principales de la libertad de expresión es la existencia de canales para que los ciudadanos puedan expresarse. ¿El hecho de que ahora se utilicen titulares más breves y que se dedique más espacio a servicios (como las cartas de los lectores, las reclamaciones respondidas directamente por las empresas y por el Estado por intermedio de los medios) pueden facilitar el acceso de las personas a un mayor volumen de información y, como consecuencia, despejarles el camino para que intervengan en asuntos cotidianos, tanto en la preservación y conquista de derechos, como también en relación con la convivencia sociocultural?

J.S.: Estos mecanismos están modificando también la manera en que las personas tienen acceso a la información. Este es un punto que debe ser más ampliamente discutido por la sociedad: cómo facilitar este acceso para que cada vez sea más amplio y democrático. Una obra ejemplar para quienes se interesan por este tema es el libro titulado "La ética de los medios y los sistemas de responsabilidad", de Claude-Jean Bertrand, profesor del Instituto de Prensa de la Universidad de París. El texto contempla de manera didáctica e innovadora esa visión de la prensa como herramienta de bienestar social.

P.: La principal crítica que los partidos, intelectuales de izquierda y sindicalistas le hacen a los grandes medios de comunicación tiene que ver con las relaciones que las empresas tenían con los conglomerados financieros y grupos políticos "conservadores". ¿ Cree usted que este tipo de crítica no tiene sentido o que aún existen "relaciones peligrosas" entre los medios masivos de comunicación y algunos gobiernos, ya sea de izquierda o de derecha?

J.S.: Esos vínculos incestuosos son más fuertes, aunque menos visibles, en las sociedades no democráticas. En los países libres los conglomerados surgen como un factor nuevo que se necesita adecuar a la realidad para que logre convivir con la globalización. Lo cierto es que las presiones sobre la prensa van a existir en todos los regímenes, ya sea de manera clara o disfrazada. Por eso la lucha por la libertad de expresión, por la independencia económica y por la concientización profesional, debe ser permanente. La prensa solo sirve a la sociedad cuando esta vive bajo un régimen democrático, razón por la cual su misión prioritaria debe ser la conquista y la preservación de la democracia.

P.: ¿Cómo evalúa usted la influencia que pueda tener en el periodismo latinoamericanos la profundización de los problemas económicos?

J.S.: La independencia económica de los medios de comunicación continúa siendo un requisito indispensable para que estos puedan servir a la comunidad. Cuando un medio de prensa tiene problemas económicos, le es más difícil ejercer su papel. Cuando una sociedad entera enfrenta una crisis, los riesgos de retroceso democrático son mayores. Esperemos que eso no ocurra en América Latina. Siempre es bueno recordar que la información pasa a ser más valiosa en los períodos de crisis.

P.: En América Latina y particularmente en Colombia con las guerrillas, y en Paraguay con la crisis política relacionada con los derechos políticos del General Oviedo, existen amenazas al estado de derecho. ¿Qué están haciendo las empresas periodísticas para –dentro de sus límites éticos y de democracia– evitar retrocesos?

J.S.: Creo que los medios de prensa responsables están cumpliendo su papel al denunciar, al enfrentarse firmemente contra golpes militares y estados absolutistas. En América Latina, con excepción de Cuba, todos los países viven en un clima de libertad. Colombia y Paraguay son casos aislados, mas confío en que la normalidad institucional prevalecerá por encima de los grupos radicales. La mayoría de la población quiere la democracia.

P.: En el caso específico del panorama brasileño, ¿considera usted que una nueva ley de imprenta podrá afectar el funcionamiento de las empresas y traer de nuevo una especie de censura no explícita? ¿Cree usted que se necesita una ley específica para los medios de comunicación?

J.S.: En principio estoy en contra de una ley específica para la prensa. Las leyes generales son suficientes para regular la relación de los medios de comunicación con la sociedad. Sin embargo, si la sociedad brasileña optara por una ley exclusiva, lucharemos para que regule solo un mínimo indispensable, sin que aplique restricciones que lleven a la autocensura.

P.: Si a usted le concedieran el derecho de hacer un pedido (solamente en el campo del periodismo), ¿qué pediría y para quién?

J.S.: Pediría que en todas las sociedades los medios de comunicación pudiesen trabajar abierta y democráticamente, con profesionales que respeten los principios éticos. ¿Para quién? Para el individuo, porque solamente la concientización individual lleva al bienestar colectivo.

P.: ¿Es posible decir que tendremos más libertad de expresión en América –o en el universo iberoamericano– en el próximo siglo? ¿Cuál es su evaluación?

J.S.: El desarrollo tecnológico de la información y la comunicación solo puede determinar una mejoría en el tema de la libertad. Resulta más difícil censurar cuando las personas tienen más alternativas para comunicarse. Pero eso solo ocurrirá en la proporción deseada si las sociedades evolucionan también a través de la educación.

P.: ¿Qué mensaje le gustaría enviarle al público latinoamericano interesado en el tema de la libertad de expresión?

J.S.: Mi mensaje final es exactamente este: la educación sigue siendo la puerta grande para la comprensión de la humanidad. Tanto los consumidores de información como los profesionales que la administran, deben educarse permanentemente.

 



Toni André Scharlau Vieira, es periodista, investigador y profesor de Comunicación Social de la Universidad Luterana de Brasil, en Canoas, Rio Grande do Sul.

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000