Pulso del Periodismo

ARCHIVO

Pulso Picture

Perú: sombras y desafíos de los
medios de comunicación en período electoral

Por Rosa Zeta de Pozo

El presidente peruano, Alberto Fujimori

La situación de los medios de comunicación en el Perú durante el período electoral ha cobrado interés internacional y no especialmente porque sea digna de parangón, sino, lamentablemente, por una serie de denuncias en torno a presiones, amenazas y coacciones gubernamentales que impiden el normal desenvolvimiento del ejercicio profesional del periodismo. Veamos el tema en un entorno que nos permita enjuiciarlo desde el ámbito comunicativo que es el que nos compete y preocupa.

El tema es complejo. Se puede hablar de una libertad de prensa legal, garantizada en la Carta Magna y en los códigos civil y penal, a la que siempre hace referencia el Presidente cuando se le pregunta al respecto; pero no se puede hablar de una prensa independiente política y económicamente, al servicio de quienes tenemos derecho a información de calidad, y no sólo en períodos electorales. Se puede decir que existe una declaración de principios y normas legales que avalan la libertad de expresión, pero, paralelamente, existen situaciones puntuales de mediación estatal que van en desmedro de la libertad.

El retiro de la nacionalidad peruana a Baruch Ivcher, el accionista mayoritario de Frecuencia Latina (TV), medio con el que antes el Gobierno tenía cordiales relaciones; la interceptación de teléfonos a periodistas; el proyecto de ley acerca del secreto profesional de fuentes, a punto ser observado; las declaraciones presidenciales y la publicidad como privilegios de algunos medios; el intento de inserción de publicidad estatal en medios independientes, etc., fueron temas que en los años finiseculares empañaron esa libertad garantizada en nuestra Constitución.

En los últimos meses, como informó el vicepresidente para el Perú de la Comisión de Información y Libertad de Prensa de la SIP, se han denunciado métodos sutiles, que inducen a creer que hay acciones atentatorias contra la libertad de prensa, por la vía de la manipulación de medios de comunicación y de campañas de desinformación y agravios impunes.

Nuestros medios parecen estar divididos en dos grandes grupos: un grupo pro Gobierno (aparentemente independientes), y los independientes que generalmente son calificados por contraste como los de la oposición, y que en algunos casos se han alineado en esa categoría. Existe una denuncia sobre la vinculación económica y de contenido editorial de numerosos periódicos tabloides de tipo sensacionalista, según sus propios periodistas, con los servicios de inteligencia del Estado al servicio del Gobierno; con el propósito de realizar campañas de desprestigio, difamación y agravios tanto contra políticos opositores al régimen del Presidente, como contra periodistas independientes. Estas tendencias aparecen en un estudio de transparencia que refleja una imagen negativa dada a los candidatos a la presidencia en las portadas de los diarios que cuestan menos de 0,30 centavos de dólar.

Otro caso similar es el de Faisal Francalosi, de Aprodev; quien a pesar de haber sido procesado por dedicarse a agraviar a políticos opositores y periodistas independientes desde una página en Internet de amplia difusión y de inexplicado financiamiento; prosigue reproduciendo las publicaciones que hacen los periódicos sensacionalistas.

Otros problemas están relacionados con la relativa independencia de los medios, esencialmente de la prensa y la televisión, para realizar un periodismo de investigación profundo en el que se tenga acceso a todas las fuentes de la administración pública; en el que se respete el secreto profesional a las fuentes, y sin temor a las consecuencias funestas en caso de ser investigaciones que revelen situaciones poco favorables al gobierno de turno.

Lamentablemente este tipo de investigaciones siempre han estado relacionadas con situaciones poco claras para las empresas periodísticas y los periodistas involucrados en ellas. Aunque el Presidente siempre refiere que los problemas son de índole interno, a nivel de empresas y que no hay ningún interés gubernamental de por medio, siempre queda la duda cuando las dificultades de las empresas informativas surgen inmediatamente después de alguna denuncia que deja mal parado al entorno presidencial. Al caso de interceptación telefónica se suman las declaraciones de Baruch Ivcher afirmando que investigaciones sobre qué y cómo se gastaba el dinero que entraba al Perú y sobre la forma de reparto de la publicidad estatal (que representa más de 30 por ciento de la inversión publicitaria en el país) preocuparon a muchos personajes del Gobierno y después sucedió lo que ya es de dominio público. De esta misma índole es la inquietud presentada por Alejandro Miró Quesada Cisneros, director de El Comercio, ante la SIP sobre la posibilidad de un plan que se estaría gestando en el Poder Judicial, con miras a que una minoría de accionistas afines al Gobierno pretendan tomar el control del diario. Esta situación se generó después de que su unidad de investigación denunció recientemente la falsificación masiva de firmas para inscribir a uno de los movimientos que postulan la re-reelección del Presidente. Por otra parte, la situación de embargo de los equipos de Radio 1160, de Genaro Delgado Parker, se agravó por ser posterior a una declaración del propietario en torno a que "En la televisión no se permite la difusión de opiniones favorables a candidatos que no sean los oficiales".

Estas situaciones poco claras tienen el riesgo de producir un efecto de amedrentamiento que limita la facultad de investigación propia del derecho a la información, sobre todo si se trata de empresas pequeñas. Lo que llama la atención es –como lo manifiestan periodistas y analistas peruanos– que se niegue todo sin iniciar una investigación profunda para deslindar responsabilidades e identificar a los involucrados.

Otro denuncia se relaciona con el comportamiento llamativo, de casi todos los canales de televisión abierta que hasta principios de marzo se negaron sistemáticamente a informar sobre las actividades proselitistas y partidarias de los candidatos de oposición1. Es verdad que no se puede transgredir la autonomía editorial de los medios; pero como afirma Hugo Guerra, esta actitud es inusual dado a que el Perú está en pleno proceso electoral que debe desembocar en elecciones generales el próximo 9 de abril. El tema ha mejorado luego que la denuncia fuera resaltada también por instituciones extranjeras.

La denuncia sobre este hecho apunta a presiones ejercidas desde el poder gubernamental en torno a cuestiones tributarias, procesos judiciales que comprometen a los propietarios de diversos canales y a que el Estado es el principal anunciador televisivo2 en una época de recesión aguda. Debe tenerse en cuenta que en el Perú las frecuencias televisivas son una concesión del Estado, que, eventualmente, podrían revocarse.

La relación de dependencia económica que puede crear el que un medio de comunicación sea el privilegiado con la inversión publicitaria del gobierno es negativa. Esencialmente si con ella se favorece la difusión de programas que tienen baja calidad informativa y en los que negligentemente se deja de lado la función educativa que según la Constitución debe ser cumplida no sólo por medios del Estado, sino que todos los medios "deben colaborar con el Estado en la educación y en la formación moral y cultural" (artículo 14). El que exista diversos medios y a la vez una parte de ellos estén ligados económicamente o indirectamente al Gobierno, resta esa garantía de que "los medios de comunicación social no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio o acaparamiento directa ni indirectamente por parte del Estado ni de particulares" (artículo 61).

En esta situación difícil que viven actualmente los medios peruanos, su responsabilidad adquiere un peso mayor y les plantea lo que podríamos denominar desafíos informativos en época de crisis.

Los organismos internacionales como la SIP, Reporteros sin Fronteras, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), la OEA, la Misión Carter, sirven de apoyo y respaldo en situaciones poco transparentes como la actual; pero son las instituciones peruanas, como el Consejo de Prensa, la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social, el Consejo de Autorregulación Publicitaria, Transparencia, la Defensoría del Pueblo las que a pesar de las dificultades deben seguir trabajando por mantener en un nivel alto la labor informativa. Históricamente podemos decir que los conflictos entre la prensa y la política son añejos y que difícilmente cambiará el panorama, por lo tanto debemos ser conscientes de que la libertad de prensa en el Perú implica responsabilidades.

Los desafíos están en la línea de seguir trabajando por mantener una prensa independiente, en la que se fomente el periodismo de investigación, en la que haya coherencia entre la producción informativa y los debidos intereses del público, y en la que se reflexione sobre los temas más importantes que los ciudadanos debemos conocer para poder actuar libremente. Un buen ejemplo son las "Propuestas para una Agenda de Gobierno", que El Comercio entregó a sus lectores. Se trata de un documento que recoge los que considera los principales problemas del país, que deben ser asumidos de inmediato por el gobierno que se inicie en julio.

Otro desafío importante es el de la solvencia económica y de la claridad empresarial que permita una independencia en la labor informativa porque, como dice T. Tuleya, no tiene que existir un conflicto entre la praxis ética y el cuidado de una cuenta de resultados.

Y el desafío más importante es el relacionado directamente con la formación profesional y ética que permita actuar libremente y con criterio. Actualmente tenemos 30 facultades de comunicación en el país y en muchas de ellas al dejar de lado una formación más sólida y de bases humanísticas, los periodistas están saliendo desprotegidos de valores fundantes y, por tanto más permeables a malos juegos en el negocio, o sin conciencia clara de los fines sociales de la información.

 

1 Un estudio de transparencia, con información proporcionada por la Supervisora de Medios y Publicidad S.A.C., revela que durante los días 24, 25, 26 y 27 de marzo solamente dos candidatos tuvieron publicidad electoral en la televisión de señal abierta: Alberto Fujimori, con 280 cuñas, en 5h.14m de duración conforma el 99 por ciento. El uno por ciento restante –3m.12s. en 6 cuñas difundidas solo el 27 de marzo en el canal 11– pertenece a Alberto Andrade.

2 Con 18 millones de dólares, la publicidad gubernamental duplica la inversión de la segunda empresa más importante del mercado, siendo la televisión de señal abierta el medio más beneficiado. Cfr. Rosa Zeta . Marisa Aguirre. Los Medios de Comunicación en el Perú . V Encuentro Internacional de graduados Latinoamericanos . "Un proyecto para América Latina" Pamplona (España). Universidad de Navarra, 24-26 de febrero de 2000.

 


Rosa Zeta de Pozo es periodista peruana.

(7 de abril del 2000)

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI