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¡Fuera! de La República
Por Any Pérez

Hacía semanas que la tensión entre ellos amenazaba con electrocutar, pero ese miércoles, Día de Reyes, comieron bien y hasta sonrieron. La distensión no la produjo el menú de carnes de El Chicote, al oeste de la ciudad de San José, sino la conclusión de ese almuerzo: el director del diario La República, de Costa Rica, trabajaría hasta el 15 de enero y el presidente de la junta directiva le pagaría sus garantías sociales y $5,000 más.

Así resolvieron sus diferencias el veterano periodista y exembajador, Julio Suñol, y Frederick Blaser, presidente de la junta directiva de La República y representante del Grupo Hollinger en Costa Rica. Este haría un viaje por Centroamérica al día siguiente y el lunes 11de enero se volverían a reunir para finalizar el acuerdo.

Por la mañana, Suñol conversó con Florcita, su secretaria, y Blaser tomó su avión hacia Honduras. Esa tarde, como siempre, el exembajador coordinaría asuntos periodísticos con Ivonne Jiménez, su editora de nacionales.

Veinticuatro horas después, Ivonne Jiménez dirigía La República; Blaser desconocía el pacto de El Chicote, y el jefe de seguridad, Ezequiel Montenegro, le impedía el ingreso a Suñol al parqueo.

Ahora la justicia laboral tiene el caso en sus manos, pero la política lo sigue teniendo en bocas y oídos.

Hasta aquí la historia. Ahora los hechos narrados por los protagonistas y sus altoparlantes: los medios.

Pasión catalana y aventura tropical

Días después de la prohibición, Suñol recibiría la caja en la cual Florcita le empacó sus libros y pertenencias. Seguía vigente la prohibición.

Ahora que han pasado algunas semanas, sus respuestas son menos apasionadas, pero más calculadas.

Suñol y Blaser se enfrascan en la disputa legal de si fue despido o renuncia y cada personaje esgrime sus propias razones para la ruptura.

Aunque la primera reacción de Blaser fue negar haber dado la orden de impedimento de entrada –la cual comunicó su esposa, Rosemarie F. Engels, secretaria de la junta directiva–, el 11 de enero reconoció al matutino La Prensa Libre haberlo ordenado.

Blaser insiste en que Suñol fue desleal al adelantar su separación, antes de que fuera oficial, al programa Esta Mañana, de Canal 6.

¨Sí, hablé con los colegas del 6, pero también lo había hecho con La Nación y La Prensa Libre, reconociendo que estaba gestionando mi salida. Pero Fred no se había quejado por eso", se defiende el periodista. "Al reconocer haber dado la orden, reconoce haberme despedido."

¿Qué enojó a Blaser? Lo dice claro: "Habló a Canal 6 sobre supuestas presiones políticas y eso perjudicaba al periódico. No sólo no era cierto, si no que provenía del director en ejercicio. Por eso tomamos la decisión de suspenderlo. El domingo 11 de enero volvió a insistir en una entrevista y tomó posición diciendo que había renunciado. Técnicamente eso fue lo que sucedió."

Estas son reacciones al caso legal pero, ¿qué había motivado el pacto de El Chicote?

La relación de Suñol con La Repúbica se inició en marzo de1995 como columnista; en octubre entró a la junta directiva y asumió como secretario, y por último fue nombrado director del diario, en enero de 1996.

"Primero me pidieron medio tiempo y terminé trabajando 14 horas diarias y al final me pagaban un promedio de ¢550 mil mensuales, el equivalente a $1,900 dólares. Cuando nos reunimos, el 6 de enero, le dije a Fred que estaba cansado de tener que andar tras la administración para que le pagaran los aguinaldos al de la sección de humor y al corrector de estilo; cansado de luchar para que hubiera rollos de película y carros. A la misma Ivonne la habían contratado por 4 horas y conseguí que le dieran dos más. La verdad Fred –le dije– me voy a sentir liberado al irme. El me miró y me dijo: 'Yo también me sentiría liberado, pero esta es mi aventura tropical'".

Suñol ha presentado una demanda laboral por ¢8 millones ($29,000 dólares), por concepto de prestaciones, y ¢25 millones ($90.500) por daño moral y profesional.

Blaser deberá evitar que la brasa le caiga encima. Hollinger –una corporación canadiense de $2,000 millones, con 800 publicaciones en el mundo–, sólo entiende de números en negro y La República nunca los ha tenido. En 1995, este canadiense se hizo cargo de la conducción de un periódico casi quebrado, con 30,000 ejemplares, moroso hasta en las cuotas patronales con el Seguro Social y señalado como vocero del liberacionismo. Durante su estadía costarricense, él y su esposa se han granjeado las críticas de colegas por su estrictísima administración.

El ha asegurado que las cifras van mejorando y anuncia renovaciones. Una de ellas dio origen a la separación de Suñol. Según Blaser, esta se enmarcaba "en la necesidad de cumplir o cerrar un ciclo, pero con el interés explícito de que no se fuera, sino que se quedara como director emérito a cargo de la sección de Opinión. Cuando se lo comenté me dijo: 'No te acepto, porque soy muy catalán y para mí es todo o nada'. Por eso quedamos en negociar la salida y fue lo que hicimos el 6 de enero".

 

¿Zapote represor?

Las ásperas relaciones entre prensa y poder entre nuestros medios y gobiernos se convierten en personaje omniscientes de esta historia.

En sus por tantos ante el juez laboral, Suñol argumenta que "ya a finales del año pasado en conversación con el señor Fred Blaser me enteré que algo estaba cambiando en las armoniosas relaciones entre don Fred y el suscrito, atribuibles a 'influencias externas' que resentían la 'falta de colaboración' del director del periódico para crear una corriente de opinión favorable a la privatización de las instituciones públicas en forma precipitada".

Blaser no negó la conversación, pero sí el móvil. "Nunca tuvimos diferencias. Pensamos muy parecido en cuando a líneas ideológicas y la necesidad de que La República estuviera en el centro. Hablé con él sobre privatizaciones, pero no en contra suya, si no con el espíritu de que hubiera equilibrio en las informaciones y opiniones generales y no sólo oposición".

En la reunión del Día de Reyes, Suñol confiesa haberle preguntado a su jefe si había tenido presiones. "'Mirá –me dijo Fred–, el asunto es más complejo de lo que vos crees'. ¿La verdad? Me dio base para suponer muchas cosas, entre ellas alianzas o compra de acciones", comentó Suñol.

Suñol infiere en su respuesta, que Blaser y la empresa Hollinger habían llegado a algún tipo de acuerdo con los socialcristianos, pero no ofrece pruebas.

Para él, el encuentro clave se produjo a finales de año, entre el presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez y David Radler, presidente de Hollinger , en la Casa Presidencial.

Según el exencargado de prensa de la Casa Presidencial, Agustín Castro, –La Nación ,12 de enero– la reunión tuvo como tema la posibilidad de que esa firma editara un suplemento turístico sobre Costa Rica que circulara en todos los medios de la transnacional.

El exdirector casi se exaspera en su respuesta: "¿Quién ha visto eso? ¡El presidente de un país y el de una transnacional rebajados a meros editores turísticos! No, para mí resultó claro que en dicha reunión el gobierno costarricense le exigió al señor Radler mi destitución como director", considera Suñol.

Blaser lo refuta con vehemencia. "No, no, no es cierto que hubo presiones políticas para que don Julio abandonara la dirección. ¿Por qué entonces le habríamos ofrecido quedarse escribiendo editoriales?".

En el ámbito político se secundan estas versiones y se agrega una supuesta compra de acciones por parte del Presidente de Costa Rica, de la vicepresidenta Astrid Fishel y otros dirigentes socialcristianos.

"Ninguno de ellos... en ningún momento, por lo menos desde 1994 que estoy aquí. Menos en campaña electoral", se defendió Blaser.

Una línea señala al expresidente socialcristiano y actual diputado Abel Pacheco como virtual intermediario en la compra. "¡Qué va, ni he comprado, ni me han pedido comprar! Más bien recuerde que renuncié a mi puesto después de lo del caso Hank, porque a ellos les disgustó que no los aplaudiera por lo que hicieron. No, no, lo que sucedió fue que en campaña, Astrid me invitó a una reunión junto con Fred Blaser para decirme que no había ninguna firma socialcristiana en el periódico y que por qué no aceptaba escribir. Les dije que sí y así salieron mis Comentarios, hasta que renuncié a la presidencia del PUSC por lo de Hank, en 1997", afirmó Pacheco.

¿Qué hacían juntos una figura política y el directivo de un medio de prensa? Blaser lo explica de la siguiente manera: "Uno de nuestros propósitos –de don Julio y mío– era que el periódico empezara a reflejar las diversas tendencias, porque tenía la liberacionista. Yo conocía a doña Astrid y ella a don Abel y quise conocerlo y hacerle el ofrecimiento que Julio conocía. Se arregló por medio de Astrid, pero igual lo pudo haber hecho Julio. No veo nada malo en eso."

El caso periodístico quedará abierto para reflexionar una y otra vez sobre la difícil tarea de un trabajo diario basado casi exclusivamente en credibilidades y confianzas.

Las sonrisas que les sacó el Día de Reyes se esfumaron. El caso legal tiene visos de larga duración. Suñol pretenderá probar su despido y las presiones; Blaser la renuncia y su asepsia.

 



Any Pérez ha escrito en la revista Rumbo, la Revista Domincal de La Nación y el noticiero Noticias Repretel. Ha recibido los premios nacionales Pío Víquez y Angela Acuña Brown.

CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI - 2000