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El último capítulo

En 1992, cuando parecía que United Press International (UPI) iba a cerrar sus operaciones en todo el mundo, Alberto J. Schazin, quien fue vicepresidente para América Latina de UPI, escribió el siguiente artículo para Pulso del Periodismo. En aquel momento no utilizamos su nota porque un grupo de Arabia Saudita compró UPI. Ahora UPI está cerrando sus operaciones en América Latina, donde en una época sirvió a más medios de información que cualquier otra agencia de noticias. Siete años después, estamos publicando el artículo. Usted está invitado a utilizarlo en las páginas de su publicación, si así lo desea. Sólo debe darle crédito a Pulso del Periodismo y notificarnos al respecto.

Por Alberto J. Schazin

Cuatro gerentes de la UPI en Brasil reunidos junto al stand de la UPI en una asamblea de la Asociación Interamericana de Prensa, en 1981. De izquierda a derecha: Luiz Menezes, John Virtue, Alberto J. Schazin, autor de este artículo, y Claude Hippeau.

La desaparición del servicio en español de la United Press International significa el fin de un capítulo de la historia del periodismo en América Latina, área clave en el desarrollo de lo que fue una vital, innovadora y gran agencia noticiosa independiente.

Hace tiempo había sido invitado por John Virtue a escribir un artículo en Pulso del Periodismo sobre el cierre de la UPI, cuando ello ocurriese. Esa invitación fue hecha hace más de dos años, y en mi pensamiento siempre tenía una resistencia negativa a visualizarme redactándolo. La información sobre el cierre de la organización periodística donde dediqué 37 años de continuada vida desde mi juventud, dictando palabra por palabra despachos por teléfono a diarios provinciales de la Argentina, hasta ser vicepresidente para América Latina.

Mi razonamiento objetivo me indicaba que el fin del servicio debería ocurrir. Pero me lo negaba. Como me negaba a la posibilidad de abandonar la gran hermandad de la UPI, lo que si ocurrió en abril de este año, cuando en una decisión personal muy difícil, renuncié y me incorporé al centenario diario La Nación de Buenos Aires.

Como Pulso es una revista de periodistas para periodistas, la idea es poder transmitirles algunas conclusiones acerca de mi experiencia en esa tarea que, muy ricamente, me ha llevado a conocer todos los países de América Latina, trabajar en muchos de ellos, y entablar relaciones con dueños, directores y periodistas de todos los medios de comunicación del área en las últimas cuatro décadas.

Es bueno recordar los orígenes de la UPI, o la UP, como fue llamada.

Quedó fundada el día 21 de junio de 1907 por Edward W. Scripps, uno de los gigantes del periodismo norteamericano y cuyos descendientes la regalaron, poniendo dinero encima, a una pareja desconocida de jóvenes empresarios el día 2 de junio de 1982, cansados de cubrir los déficits operacionales e incomprensiblemente sin haber logrado que la poderosa industria periodística norteamericana los apoyara en sus esfuerzos de venta. Una década después, tras dos sucesivos dueños que agravaron los problemas, la ahora UPI está agonizante.

La United Press fue creada por Scripps fundamentalmente para luchar contra el monopolio que tenía la más antigua y fuerte Associated Press (AP) en los Estados Unidos. Scripps quiso que existiera una organización proveedora de noticias en forma independiente a quien lo pidiera, sin restricciones y con declarados fines de hacer ganancias. Los dos primeros objetivos se cumplieron siempre, pero el lucro fue desvaneciéndose hacia la década del 50. La AP, organización creada como cooperativa de diarios norteamericanos, aunque bien administrada, no tenía entonces objetivos pujantes de mercado. Por el contrario, protegían monopólicamente a sus dueños originales de la aparición de nuevos diarios matutinos, y especialmente los vespertinos, negándose a darle sus servicios de noticias. Scripps hizo UP para que todos tuvieran acceso a las noticias. La palabra internacional fue agregada a United Press, para crearse la sigla UPI, cuando la organización absorbió a la International News Service (INS) en 1958, una agencia norteamericana menor.

La filosofía de Scripps de romper con los monopolios no solo se concretó a la parte doméstica de los Estados Unidos, sino –y ahí viene la importante conexión latinoamericana– también al resto del mundo.

En tiempos de la I Guerra Mundial, las grandes agencias noticiosas de la época, controladas por sus respectivos gobiernos directa o indirectamente, se habían repartido el mundo en áreas de influencia, que casi siempre coincidían con sus metas geopolíticas, económicas o simplemente colonialistas, situación que era una realidad en ese momento.

El cartel internacional de noticias había decidido que la agencia francesa de noticias Havas, antecesora de la ahora France Press (AFP) tenía reservada América Latina.

La UP era una agencia pequeña de los Estados Unidos hacia 1916 y su operación internacional era aún más reducida. Contaba entonces con un solo cliente fuera de la frontera de los Estados Unidos, la agencia noticiosa japonesa Nippor Dempo Tsushin Sha. Roy Howard, joven gerente de Scripps, siempre pensó en hacer una gran agencia internacional. Sumó ese mismo año un par de clientes en París e hizo un acuerdo con la agencia noticiosa australiana para llegar a diarios de ahí, Tasmania y Nueva Zelandia.

La Associated Press no quiso en esa época desafiar el reparto mundial del mercado noticioso y nunca respondió a un pedido de La Nación, de Buenos Aires, de conseguir diariamente el comunicado de guerra del alto comando alemán. Jorge Mitre, director de La Nación, consideraba que su diario (junto con La Prensa, los más importantes de ese momento en la Argentina) debería dar también la versión de los germanos, cosa que la agencia Havas se negaba a hacer porque Francia los combatía. Como la AP en 1915 ignoró el pedido, La Nación hizo la misma consulta a la UP. Ese cable fue providencial para el futuro de la UP como agencia mundial, ya que le permitió la entrada en América del Sur en 1916, y proyectarse después, gracias a los diarios de esta parte del continente, en una mundialmente poderosa agencia noticiosa. Recordemos que a los diarios norteamericanos que servía la UP poco les interesaba (menos que ahora) la cobertura periodística internacional en profundidad. Pero la demanda y el rico pago que tenían en la Argentina y otros países de América del Sur, les obligó a producir tal cobertura, que la empresa comenzó a usar no solo para esta parte del mundo, sino para los otros mercados.

Howard quedó impresionado por Buenos Aires y la pujanza económica que entonces manifestaba la Argentina, país productor de alimentos, con gran inmigración europea y alto nivel cultural.

Hizo un acuerdo con La Nación para vender conjuntamente los servicios noticiosos en América del Sur con una buena ganancia de 75.000 dólares anuales, y, a su regreso a EE.UU., se entrevistó con la AP. Relató Howard que visitó en Nueva York a los ejecutivos de la AP, para que esta agencia también entrase en el mercado de América Latina, a fin de que ambas organizaciones noticiosas independientes de gobiernos contrarrestasen la influencia de la oficial Havas. AP consideró más importante la alianza con el cartel europeo, al que la guerra había resentido pero no destruido.

El acuerdo con La Nación se debilitó en solo dos años y la UP no solo se encontró casi sin clientes en América del Sur, sino que en 1919 la AP resolvió entrar en el subcontinente, de una manera aún considerada extraña. La AP comenzó a vender sus noticias a La Nación y también a La Prensa de Buenos Aires, pero compensando en dinero a Havas por la parte del mercado que perdían los franceses.

Tras muchos esfuerzos Jim Miller, quien entonces representaba a la UP en Buenos Aires, logró convencer a Ezequiel Paz, director de La Prensa, de tomar servicios reducidos de noticias, puerta que abrió un gran acuerdo que llegó a importar ingresos anuales de $550,000 a la UPI, considerada la suma más cuantiosa que cualquier diario del mundo haya pagado a una sola organización informativa.

Estas operaciones en la Argentina muy pronto se ampliaron a Chile, Perú y otros países de la costa del Pacífico, y a Brasil, Venezuela y otras naciones más hacia el norte, gracias a los cables submarinos de telegrafía.

El pionerismo de la UP en los Estados Unidos, compitiendo, siempre con menos recursos financieros y humanos que la AP, luchando para conseguir primicias y atender de cerca las necesidades de los clientes, también se aplicó en América Latina, donde la competencia no solo se limitaba a una sola agencia, como en el caso de Norteamérica.

Jim Miller, Thomas Curran y William McCall, hasta la década del 70 fueron los vicepresidentes de la empresa que realmente la hicieron la más importante del continente. Aún ahora, dentro de la pérdida de clientes, reducción de gastos y de personal, y en un estado administrativo anarquizado en su plantel general de Washington, América Latina, junto con Asia, eran una operación prestigiosa y ligeramente rentable.

Recordar los éxitos del equipo latinoamericano de la UPI es una tarea que lastima al pensar en las omisiones involuntarias que podrían ocurrir. La memoria me trae a Carlos Villar Borda, el gran periodista y ejecutivo colombiano, cubriendo las andanzas del Che Guevara en las selvas bolivianas en 1967, hasta que el guerrillero fuera muerto por el ejército.

El difunto gerente en Chile, Roberto Mason, transmitiendo por teléfono a la Argentina, debajo de su escritorio, los detalles del golpe militar del general Augusto Pinochet, en 1973, mientras ráfagas de ametralladoras se incrustaban en las paredes de la oficina. La UPI fue, por cerca de 40 horas, la única agencia con un canal de comunicación abierto en el Chile bloqueado por los militares. A Pieter Van Bennekom, el discutivo presidente de la UPI en esta crítica etapa, corriendo en su auto hacia el norte en 1985, hasta alcanzar, a 210 kilómetros de la Ciudad de México, el primer teléfono que funcionaba, y dar al mundo su versión del terremoto que asoló la capital. Por horas fue la primera versión de un testigo sobre lo que había sucedido. A Luis Menezes transmitiendo telefotos desde Brasilia en 1960, con la inauguración de la futurista capital brasileña, un avance que maravilló a la prensa de ese país. A Martin Houseman, un chilenizado norteamericano expulsado por Salvador Allende de Chile sin razón alguna, solo porque el mandatario quería clausurar la UPI. A Germán Chávez, jubilado corresponsal en Asunción, con su exclusivo primer reportaje a Juan Perón después de que fuera exiliado de la Argentina en 1955, y al que escribe esto con la primicia de más de 10 horas sobre AP con el golpe militar en Lima que derrocó en 1961 al presidente Manuel Prado. También recuerdo el bochorno horroroso provocado por un novato periodista que en Bogotá, queriéndose familiarizarse con el teletipo, envió involuntariamente una información de prueba con el supuesto asesinato del presidente de Colombia, y la agencia de noticias hispana competidora copió la fantasiosa información de la UPI.

La fidelidad de los históricos clientes de la UPI ha sido maravillosa, como así fue la solidaridad de la empresa noticiosa hacia ellos cuando las inestabilidades políticas los ponían en serios aprietos. Ello permitió afianzar una relación que no he visto en ninguna otra actividad similar del mundo periodístico.

Julio Mesquita, presidente de O Estado de São Paulo (hoy en día fallecido), recordó en 1986 en una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que la UPI le adelantaba dinero para que pudiera vivir como exiliado en Buenos Aires, cuando la dictadura del presidente Getulio Vargas le cerró el diario.

Cuando La Prensa fue confiscada por Juan Perón, la UPI, perdiendo miles de dólares mensuales, se negó a servir al diario manejado por los dirigentes sindicales del gobierno peronista, y obligó a UPI a realizar drásticas reducciones de personal y gastos en toda el área; con Agustín Edward, director de El Mercurio, se mantuvo siempre una vía de comunicación abierta para ayudarlo de las amenazas durante el gobierno socialista de Salvador Allende. Los Miró Quesada de Lima recuerdan que el gerente de la UPI en Lima, Hubert Cam, logró sacar y transmitir al mundo el censurado editorial que nunca pudo publicarse al ser tomado El Comercio, junto con los otros diarios limeños por la dictadura militar del general Velazco Alvarado. Todos los diarios y periodistas perseguidos fueron ayudados por la UPI para informar de esas violaciones y sus canales de comunicación sirvieron para llamar la atención del mundo entero por esos crímenes contra la libertad de prensa, hasta que la situación fue revertida.

Dentro de los preceptos clásicos de la UPI, los bajos salarios, personal reducido, muchas horas de trabajo, son conocidos por todos, así como la defensa de la independencia informativa. La filosofía antimonopólica que creó a la United Press fue también movilizante en la década del 70, para que en la Argentina, cuando el gobierno peronista prohibió la UPI y a AP a difundir noticias nacionales a medios argentinos.

La UPI trabajó activamente con asesoramiento y equipos en una muy rápida acción de dueños de diarios del país que no querían quedar presos de la única agencia que existía y que era oficial. Así nació Noticias Argentinas y después Diarios y Noticias, las dos organizaciones privadas independientes de informaciones argentinas.

Con el sello UPI la empresa realizó en casi todos los países de América Latina un influyente y sobrio noticiero radial, que después pasa a la televisión y que aún perdura en la memoria de muchos. El Reporter Esso, de unas cuatro ediciones diarias de cinco minutos cada una, con frases cortas, redactadas para radio, de fácil entender y por sobre todas las cosas, confiables. Realizado por periodistas latinoamericanos entrenados por la UPI, abarcó lo más talentoso de esa época en materia de redactores y locutores.

Sirvió así la tradición que le mereció en 1936 ser en Estados Unidos la primera agencia de noticias en hacer un servicio especialmente escrito para radio, cuando la AP siquiera no quería atender a ese medio considerado competitivo de los diarios que eran los principales propietarios de la agencia.

La UPI fue la primera organización en incorporar el radio teletipo y las radiofotos en el continente, terminando con los lentos y costosos sistemas de cables submarinos o transmisiones telegráficas. Las pobres fotos comenzadas a recibir con precarios equipos manuales, donde muchas veces había que adivinar lo que se quería mostrar, con la ayuda de la leyenda que lo acompañaba, contrastan con las ahora telefotos de alta calidad, digitalizadas y en colores, transmitidas vía satélite. En el campo de la fotografía, la Unifax, primera máquina receptora automática de fotografías, fue una revolución y está aún en uso, a pesar de su obsolescencia. Lo mismo que el compacto 16-s transmisor portátil de fotos, compañero de fotógrafos en encuentros de fútbol internacional, terremotos, golpes de estado o visitas presidenciales a países remotos.

Antes de que comenzara su decadencia la UPI no solo suministraba noticias y fotografías, sino también artículos especiales, tiras cómicas como Tarzan, Dick Trazy o Don Fulgencio y Ramona, además de películas para televisión (UPITN).

En todo el mundo, pero en especial en América Latina, la venta del servicio internacional de fotografías de la agencia británica Reuters, por una suma reducida que solo sirvió para encauzar esos fondos en proyectos no beneficiosos para la ya decadente agencia, constituyó un golpe fatal para su operación mundial.

La UPI en el mundo se quedó sin la mitad de su oferta, solo pudiendo operar en noticias, cuando el mercado estaba saturado de otras agencias en su mayoría gubernamentales, dando coberturas mundiales a precios subvencionados y sin poder ofrecer las requeridas ilustraciones que los diarios necesitaban. No solo ello, sino que el acuerdo con Reuters le transfirió a la bien administrada empresa británica, los contratos y las llaves para abrirles las puertas a los principales medios del mundo y de la región, donde era solo una agencia secundaria. Ese acuerdo fue la piedra donde se escribió el epitafio de la UPI.

¿Por qué la UPI está agonizante? Fueron una serie de sucesos. Primero la indiferencia de la industria periodística americana a la suerte de esa empresa. Los que trabajamos en la UPI fuimos mentalizados con lo que después se demostró, creencia falsa de que nunca los medios en manos de un monopolio... La realidad es que a la prensa.... puso por primera vez en venta la UPI en 1979, l... mientras que los magnates de la gran prensa norteamericana se sacudieron de hombros, pero sí afiliaron sus críticas cuando el empresario mexicano Mario Vázquez Raña, la adquirió en 1985.

Todos esos cambios caóticos de manos, sin inversiones tecnológicas necesarias, la reducción de los presupuestos por pérdidas de ingresos, la lenta pero continuada salida de talentos, los sucios negocios de vaciamiento de empresa, realizados por inescrupulosos recién llegados, y la competencia hicieron el resto. Muchas veces he hecho paralelos históricos entre la UPI y otro gran nombre e imagen de la grandeza de los Estados Unidos en su pujanza, presencia y forma de vida: Panam, empresa aérea que no pudo soportar la competencia y se quedó varada en tierra en diciembre del año pasado. Y, como si fuera otra señal de los tiempos, La Prensa, que hizo grande internacionalmente a la UPI, en estado de quiebra, con solo 12.000 ejemplares diarios de circulación, fue vendida el mes pasado por la histórica familia propietaria del medio, a jóvenes empresarios que intentarán reflotarla.

Signo real de los tiempos del estado agónico de la UPI: le quedan pocos bienes físicos. No es ninguna coincidencia que la única propiedad inmueble en el mundo sea el piso que ocupa la UPI en Santiago de Chile. En el resto todo es tenue. Es solo la indoblable voluntad de su personal de continuar trabajando en condiciones muy adversas y la confiabilidad de su trabajo. Esas son las únicas propiedades que valen, su único activo.

 


(Alberto J. Schazin es consultor de La Nación, de Buenos Aires.)

(29 de junio de 1999)

 

 

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