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Algo
más que la venta de un diario
La
experiencia de América Latina demuestra que los conglomerados
de medios de prensa son básicamente una herramienta
de poder y no una fórmula para servir mejor al público.
La reciente adquisición del diario estadounidense Los
Angeles Times por The Chicago Tribune inquieta a quienes se
preocupan por proteger la calidad del producto periodístico.
Por Benjamín
Fernández
La adquisición
del diario norteamericano Los
Angeles Times por The
Chicago Tribune sacudió de nuevo a los que
creían haber visto de todo en el negocio de la prensa.
Los 6.500 millones de dólares pagados resultan un asunto
secundario; la cuestión es cómo las compañías
editoras que controlan otros medios como Internet, la televisión
o la radio, tratan de consolidar sus posiciones para disminuir
costos y aumentar sus utilidades.
Ya no hablamos
de grandes cadenas que compran otros diarios, sino de empresas
como el Chicago
Tribune que tiene 11 diarios, 4 emisoras de radio,
32 canales de televisión y un porcentaje importante
de las acciones de America Online. La gran pregunta que se
impone es si la calidad de estos medios se verá afectada
o si el periodismo saldrá fortalecido como resultado
de estos super acuerdos.
La prensa ante
una nueva realidad
Y la cuestión
no es tan sencilla. Hace unos años, The
New York Times compró al venerable The Boston
Globe en un acuerdo que ha demostrado ser un buen negocio
y que no ha afectado seriamente la calidad del Globe.
Donde sí se notará el impacto de la compra de
Los
Angeles Times es en la administración, pues
la experiencia del Chicago
Tribune muestra una marcada tendencia a reducir los
costos para aumentar las ganancias. Esto, sin dudas, podría
perjudicar la calidad del producto periodístico.
En la edición
del miércoles 15 de marzo del
New York Times (página A21) hay una prueba
de ese llamado "nuevo periodismo" que traen muchos
de estos acuerdos. Un periodista debe presentar las noticias
en la emisora de radio del Chicago
Tribune, escribir unas líneas en el periódico,
y, al mismo tiempo, hacer comentarios para el canal de televisión
del grupo. El futuro periodista, según el laboratorio
del Chicago
Tribune, tendrá que ser capaz de trabajar en
medios distintos al mismo tiempo, lo que tal vez signifique
una disminución en la calidad.
Ciertamente este
laboratorio se asienta en el concepto del lucro, y algunos
ven en el mismo una redefinición peligrosa del papel
del periodista. Los administradores del Chicago
Tribune refutan dichas afirmaciones diciendo que la
calidad del producto no se resentirá y que sólo
desean aprovechar la sinergia que se produce en el proceso
de acopiar información y darla a conocer de la manera
más rápida posible. Para algunos periodistas
la idea sigue siendo extraña y difícil de digerir,
especialmente cuando por este trabajo diversificado no cobran
nada extra y están obligados a compartir la información
con los otros medios del grupo.
Lo cierto es que
para subsistir en un mercado competitivo, los medios están
viéndose obligados a reducir sus costos, a apoyarse
en otros medios y a buscar que el periodista deje a un lado
la especialización en un solo medio para convertirse
en alguien capaz de comunicar ideas por varios canales de
información.
Hasta el momento,
poco o nada se habla del consumidor final, la verdadera razón
de la existencia de cualquier medio. Y esto resulta peligroso.
Los propietarios de medios han demostrado que su interés
económico es más fuerte que su compromiso con
quienes los sustentan.
Es cierto que los
tiempos han cambiado, pero una cuestión invariable
es que la calidad del contenido de los medios es lo único
que les permite ganar la lealtad del público. Si todos
estos acuerdos están determinados por los números
y los saldos anuales y no por elevar la calidad del periodismo,
habremos sido testigos de un lamentable descenso en la calidad
de los medios.
Con la experiencia
del Chicago
Tribune se verá si estamos frente a una nueva
forma de administrar el contenido de un medio prestigioso
como Los
Angeles Times, o si, por el contrario, no pasa de
ser un elemento más que permite subir el precio de
las acciones del conglomerado que lo acoge y del que podrían
deshacerse tan pronto como encuentren un buen comprador.
Una herramienta
política
En América
Latina estos acuerdos no han elevado la calidad del producto.
En casi todos los países del subcontinente los conglomerados
han sido utilizados, en muchos casos, como armas políticas
al servicio de los administradores de los medios. La Argentina
es un caso patético: un banquero logró controlar
a un grupo de medios importantes con los cuales apoyaba al
gobierno, mientras operaba financieramente sin ningún
tipo de control del estado. Estos conglomerados constituyen
no solo una fuerza económica sino también una
poderosa herramienta política. Es mayor el temor que
infunde un medio cuando alguien se presenta para recabar información
en nombre de un holding que maneja radio, televisión
y diarios, que si el periodista viene sólo en representación
de uno de ellos. También en América Latina hemos
visto los mismos problemas que se presentan e Estados Unidos.
Administradores sin experiencias especificas en los medios,
conglomerados unidos por intereses políticos o económicos
y dispuestos a defenderlos incluso contra el interés
del publico al que sirven y una multiplicidad de tareas para
el periodista no son mas que muestras de un fenómeno
comercial que amenaza seriamente la integridad y la calidad
de la información.
Por eso más
que la venta de un simple diario hay una serie de preguntas
que solo el tiempo podrá contestar. De momento la referencia
de América Latina nos muestra que los conglomerados
son básicamente una herramienta de poder y no un servicio
al público como originariamente habían sido
diseñados. Si esta es la tendencia en otros países,
estamos frente al deterioro del sentido del periodismo y una
peligrosa sustitución de su papel por una concepción
económica y política contraria al bien común
que lo debería sostener.
Benjamín
Fernández Bogado es periodista
paraguayo. Estudia en la Universidad de Harvard, en los Estados
Unidos, como becario Nieman.
(24
de abril del 2000)
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